Sevilla FC

Un lustro de la Europa League ganada al Liverpool, la que levantó Reyes

Reyes muestra el trofeo junto a José Castro, con sendas camisetas de tributo a Antonio Puerta.

Reyes muestra el trofeo junto a José Castro, con sendas camisetas de tributo a Antonio Puerta. / Antonio Pizarro

Hace ya un lustro de una de las gestas memorables del Sevilla, quizá una de las que tuvo más mérito, por la gran diferencia deportiva y económica con el rival, por la necesidad de remontar en la segunda parte y por producirse en un contexto extraño, con minoría de sevillistas frente a los reds del Liverpool, que triplicaban en número en el estadio Saint Jakob Park. La crisis económica y el poderío de la hinchada rival propició ese desequilibrio, por mediación de la reventa.

Basilea, Suiza, fue el escenario de la gesta, que permitió a José Antonio Reyes levantar como capitán su primer trofeo, la quinta UEFA Europa League, la tercera consecutiva. Curiosamente, el trágicamente fallecido canterano fue la primera final que no jugó con Emery, tras ser titular en Turín 2014 y también en Varsovia 2015, donde fue decisivo.

El partido fue memorable, vibrante. Los sevillistas casi se hunden en la primera mitad, tras el golazo de Sturridge y el acoso de un Liverpool desatado. Pero los hombres de Jürgen Klopp se toparon con la capacidad de resistencia de la escuadra de Unai Emery, más experta en estas lides en aquel entonces que el equipazo red, luego campeón de Europa.

Todo cambió en la primera jugada de la segunda mitad, a la que salió el Sevilla dispuesto a darle la vuelta a la tortilla. Y vaya si se la dio, mientras la grada sevillista atronaba fortísimo y callaba a la mayoría red: 6.000 frente a 20.000. En la primera jugada, desde el saque de centro, el balón llegó a la derecha a Mariano, se fue de Alberto Moreno y dio el pase de la muerte a Gameiro, que marcó a quemarropa.

Coke celebra con rabia el primero de sus dos goles ante Mariano y otros compañeros. Coke celebra con rabia el primero de sus dos goles ante Mariano y otros compañeros.

Coke celebra con rabia el primero de sus dos goles ante Mariano y otros compañeros. / Antonio Pizarro

Poco después, Coke, el hombre del partido actuando como extremo derecho -el Coke por Mariano llegó incluso a bufandas sarcásticas y conmemorativas-, sorprendió a todos cazando un balón que conducía con extraordinaria habilidad Vitolo, para alojarlo junto a un poste, lejos del alcance de Mignolet.

Y luego marcaría el tercero, aprovechando una cesión atrás de un defensor que lo habilitó pese a estar en posición adelantada. El madrileño al principio ni sabía si cantar o no el gol. Pero el sueco Eriksson dio validez, lógicamente, al venir el balón de un contrario.

Aquello supuso una auténtica consagración, tras una remontada ante un grande de Europa, uno de los equipos más populares del mundo, el legendario Liverpool. Fue el día que el Dicen que nunca se rinde pudo con el Never walk alone.

El triunfo llegó diez años y ocho días después de la eclosión de Eindhoven y era el tercer título consecutivo. Es decir, fue la constatación palpable que el Sevilla estába en la cresta de la élite europea y que lo de una década atrás no había sido casualidad. Cuatro años después, ya con Julen Lopetegui, lo volvería a confirmar en Colonia, con otra remontada histórica y nada menos que ante el Inter, actual campeón de la Serie A italiana. 

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