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Y ‘voilà’... el gran Houdini se soltó (0-1)

  • La magia de Borja Lasso y las paradas de Caro acercan el objetivo.

Un lance del Mirandés-Sevilla Atlético Un lance del Mirandés-Sevilla Atlético

Un lance del Mirandés-Sevilla Atlético / SFC

Como el maestro austrohúngaro de la magia y el escapismo, el gran Houdini, Borja Lasso apareció de la nada para sacar su particular conejo de la chistera y dejar su sello una vez más en la que ya puede considerarse una temporada histórica del filial en la segunda máxima categoría del fútbol español. Un triunfo ante el Mirandés que prácticamente significa la permanencia virtual de los de Diego Martínez, el cuarto a domicilio y con dos nombres propios, o tres si se da su mérito también a Marc Gual. El genial mediapunta criado en Reina Mercedes se soltó de las cadenas que lo tenían atado y casi sumergido –como Houdini– en una cámara de agua para aparecer por la espalda de un rival e inventarse un caño y una asistencia al punta catalán, que no perdonó. Y por otro lado, como casi celebrando que su equipo de siempre y del que llegó al Sevilla, el Siempre Alegres, sacó un punto unas horas antes en la ciudad deportiva nervionense para permanecer un año más en la Liga Nacional juvenil, José Antonio Caro dio un recital de intervenciones con el que seguramente soñará Pablo Alfaro, el entrenador que no podrá remediar que el Mirandés (merecidamente) vuelva a Segunda División B. Un hecho ya casi matemático.

Y costó trabajo. Con un plan de secuestro y mordaza para Borja Lasso, la primera parte fue tan plana que los contendientes, salvo en la última acción del Mirandés rozando ya el descanso, querían hacerse daño sin pisar área. Y puede decirse que nadie la pisó hasta ese control soñado de Mikel Mesa ante David Carmona que no tuvo una culminación decente ante Caro, el primer gran protagonista para los de Diego Martínez al abortar cada intento de los burgaleses. Fundamentalmente una volea de Eguaras que llevaba mucho veneno. Eso sí, desde fuera del área, y ahí hay unas centésimas de segundo vitales para los porteros.

El Sevilla lo había intentado también por esa vía con disparos de Ivi, Curro y Cotán que encontraron similar respuesta en el meta local, Roberto, viéndolas venir en movimiento, pero desde lejos. La del de Olivares, por ajustada al palo y por fuerza, sí llevaba algo más de peligro.

Pero no todo iban a ser balas de fogueo y tras el paso por las casetas el filial sevillista vería empezar a llover y ya no precisamente a través de las ventanas. El meta onubense del Sevilla tendría que volver a lucirse muy pronto con un disparo fuerte y bajo de Mikel Mesa, un aviso de lo desesperados que iban a ser los segundos cuarenta y cinco minutos de los locales. Los movimientos de Sangalli, que ya antes del descanso se metía con peligro por dentro, animaron el ataque burgalés, pero a la vez estiró algo la manta y Borja Lasso empezó a verle los pies a su enemigo. Esperó el momento, se escapó y dio el golpe mágico. Marc Gual no perdonó y la victoria, vital y casi definitiva para el objetivo, no debía escaparse.

Sin embargo, los minutos finales, y con un errático Yan que en teoría debía dar aire al equipo, fueron los de más sufrimiento.

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