Sociedad

Agricultura y ganadería: víctima, causa y solución para el cambio climático

  • La cuarta jornada de la COP25 analiza el papel clave del campo por las emisiones y también como actor para contrarrestarlas

Campo de espárragos. Campo de espárragos.

Campo de espárragos.

La agricultura juega un papel clave ante la crisis climática dada su triple condición como víctima de unas consecuencias que amenazan su futuro, como responsable parcial por las emisiones y, al mismo tiempo, como actor fundamental para contrarrestarla por el efecto sumidero de los cultivos. El campo fue protagonista ayer en la Cumbre del Clima en Madrid (COP25) y monopolizó presentaciones, mesas redondas, debates y seminarios en los que se analizó su rol y en los que, frente a las críticas que recibe, se defiende y destaca su apuesta por la innovación.

Pero los datos sobre su influencia en el medioambiente varían en función del organismo y el método estadístico. En el caso del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el panel internacional que asesora a la ONU, estima que el sector primario -agrícola y ganadero- es responsable de cerca de un 23% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Por encima, se sitúa el energético, con aproximadamente un 35% de las emisiones, y debajo en el ranking el18 % de la industria y el 14% del transporte.

Según la UE, por el contrario, los últimos datos oficiales de 2016 apuntan a la agricultura emite el 11,5% de estos gases, con 511 millones de toneladas de CO2 equivalente, frente a los 1.280 millones de la energía, los 931 del transporte, los 849 de la industria y los 575 de la actividad residencial y comercial.

Las cifras reflejan grandes diferencias geográficas: el peso de la actividad agraria es sensiblemente mayor en países en vías de desarrollo, pero los expertos recuerdan que, si se observan los datos a largo plazo, es el llamado mundo occidental el mayor culpable de la situación actual.

El ingeniero agrónomo José Luis Gabriel Pérez, miembro del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria, considera que es "injusto" que se apunte al campo como foco de todos los males en materia de cambio climático. "Es fácil demonizar al campo porque la mayoría de la población mundial vive en ciudades, es un blanco fácil. En el fondo, lo que son insostenibles son nuestros hábitos de consumo", opina. Su tesis es simple: si el campo produce de forma intensiva -y por tanto genera más emisiones- es porque en el ámbito urbano se consume "de todo y de forma exagerada", y en esa lógica se enmarca el uso de fertilizantes o fitosanitarios para mejorar los rendimientos, por ejemplo.

A su juicio, también se olvida la capacidad del sector para mitigar los males del cambio climático gracias al "efecto sumidero", por el que suelos y plantas fijan carbono y evitan que circule por la atmósfera.

La agricultura de conservación -centrada en hacer un uso más eficiente de los recursos naturales- es otra vía al alza, igual que la de precisión, en la que se hace un uso intensivo de la tecnología.

La ganadería es otro emisor de gases como consecuencia del estiércol y las flatulencias de los animales -que generan metano-, por lo que se trabaja en el ámbito genético y en su alimentación, ya que "hay dietas que provoca que contaminen menos". Los investigadores también apuestan por un cambio en los hábitos de consumo que permita reducir el desperdicio: se calcula que un tercio de los alimentos acaba en la basura.

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