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Sociedad

Detenido un sicario mexicano que disolvió los cadáveres de 300 personas en ácido

  • 'El Pozolero del Teo' cobraba 600 dólares a la semana por deshacerse de los cuerpos.

Al menos 300 cuerpos disueltos en ácido en un año. Este es el tremendo récord que ostenta Santiago Meza López, más conocido como El Pozolero del Teo, uno de los sicarios del narcotráfico mexicano más buscados por la policía que se deshacía de todos los cadáveres que sus jefes le hacían llegar por el módico precio de "600 dólares a la semana". Casi todas sus víctimas, señaló el propio sicario, eran deudores o enemigos del narcotraficante Teodoro Eduardo García Simental, alias El Teo, miembro del cártel de los hermanos Arellano Félix que intenta hacerse con el control de esta organización.

Este especialista en hacer desaparecer el reguero de cadáveres que dejan los capos de la droga en sus guerras tenía 45 años y estaba entre los 20 narcotraficantes más buscados por la Agencia Federal de Investigación estadounidense (FBI). El Pozolero fue arrestado en la carretera que va desde Ensenada hasta Tijuana en las inmediaciones del hotel Baja Season a unos ochenta kilómetros de la frontera con Estados Unidos. 

Las fuerzas especiales del Ejecito mexicano lo detuvieron junto con otros dos narcotraficantes que dicen ser cocineros de confianza del líder del cartel: Héctor Manuel Valenzuela Lobos, de 45 años y como Fernando López Alarcón, de 49. Con ellos también viajaba una mujer menor de edad contratada para "un evento social". 

Tras su detención, El Pozolero confesó ser el responsable de hacer desaparecer los cuerpos de al menos 300 personas, todas ellas en 2008, según la policía, o en "ocho o nueve años", según el detenido. Un trabajo "como cualquier otro", señaló el arrestado que dijo cobrar un sueldo fijo de 600 dólares a la semana por disolver en ácido todos los cadáveres que le hacían llegar hasta su lugar de 'trabajo' en un barrio de Tijuana y enterrar los pocos restos que quedaban en una fosa. Todos ellos, aseguró, eran deudores o enemigos de su jefe Teodoro Eduardo García Simental, alias El Teo. 

"Le pido perdón a las familias de esas personas", afirmó. En el momento de las detenciones, los narcos portaban cuatro armas largas, entre las que se encontraba un fusil Barret calibre 50, además dos granadas de mano, chalecos antibalas y 11 cargadores con 159 cartuchos de diversos calibres. El Teo, jefe de los detenidos, está en plena guerra con otro capo, Fernando Sánchez Arellano, alias El Ingeniero, por el control del cártel de los hermanos Arellano Félix.

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