La ciencia de la felicidad

psicología

Aunque existen contradicciones, cada vez más estudios parecen demostrar que la percepción de la propia vida afecta a la longevidad

Los determinantes de la salud van mucho más allá de los genético y dependen de factores económicos, sociales y educativos.
Los determinantes de la salud van mucho más allá de los genético y dependen de factores económicos, sociales y educativos. / Denise Husted / Pixabay
Ramiro Navarro

30 de septiembre 2017 - 02:35

"Se nota en la cara, en la actitud; cuando uno está feliz, se le enciende la luz", reza el rapero sevillano Shotta en uno de sus temas más conocidos. Las tesis sobre el impacto de la salud psíquica o emocional en el bienestar físico está bastante desarrolladas. Aun así se producen contradicciones. Se sabe que cuando un sujeto está sometido a estrés continuo su sistema inmunológico se debilita. Que una persona se sienta realizada, amada, acompañada o en general feliz no tiene que redundar en su esperanza de vida. Por contra, el padecimiento de una enfermedad crónica sí suele redundar negativamente en la percepción de la propia felicidad. Los factores determinantes de la salud son variopintos. Existe una premisa extendida en salud pública que dice que el código postal incide en la salud más que el código genético, tratando de resumir que son los factores sociales y económicos los más determinantes.

Ahora un nuevo estudio realizado desde la Universidad Autónoma de Madrid explica que el nivel de satisfacción de las personas con su propia vida influye más sobre la salud que las emociones que experimentan en su día a día. El trabajo, apoyado por la OMS, se basó en testimonios de personas con diferentes niveles de ingresos en nueve países. Tras entrevistar a más de 50.000 personas de nueve países, investigadores del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) argumentan que la felicidad contribuye a tener un mejor estado de salud.

El nivel de satisfacción puede influir en la salud más que las emociones del día a día

El estudio evaluó dos componentes de la felicidad: la felicidad evaluada (cómo de satisfecha está una persona cuando piensa sobre su vida), y la felicidad experimentada (frecuencia e intensidad de las emociones positivas y negativas que siente una persona en su día a día). Así, los resultados mostraron que la felicidad está relacionada con la salud tras controlar el efecto de otros factores como el sexo, la edad, el nivel educativo, el nivel de ingresos, el estado civil y el lugar de residencia. El trabajo, publicado en Globalization and Health, también concluye que el nivel de satisfacción de las personas con su propia vida influye más sobre la salud que las emociones que experimentan en su día a día, y que las emociones negativas tienen un mayor peso sobre la salud que las emociones positivas.

Según los autores, una de las fortalezas del estudio es que fue realizado en países con diferentes niveles de ingresos. "La mayoría de la evidencia disponible hasta el momento provenía de países de ingresos altos, principalmente europeos y de Estados Unidos, pero nosotros hemos encontrado que esta relación también se da en países de menores ingresos de Asia, África y América Latina. Esto es importante si tenemos en cuenta que el 85% de la población mundial vive en países de ingresos medios y bajos", afirma Marta Miret, primera autora del artículo.

Según los investigadores, estos resultados ponen de manifiesto que para mejorar la salud de una población no sólo es necesario elaborar políticas sanitarias. "También es importante realizar intervenciones que ayuden a que las personas se sientan más satisfechas con sus vidas y que pasen menos tiempo realizando actividades que les hacen experimentar menores niveles de felicidad, como disminuir el tiempo que dedican los ciudadanos a los desplazamientos. Esto implicaría que el sector sanitario puede colaborar con otros sectores como el sector cultural, de infraestructuras o de planificación urbana con el fin de contribuir a una mejor salud de la población", afirma Miret.

El año pasado otro estudio realizado solamente en mujeres sugería que no existe esa relación entre la felicidad y la esperanza d vida. Según aquel estudio de la Universidad de New South Wales (Australia) publicado en la The Lancet, "la enfermedad te hace infeliz, pero la infelicidad por sí sola no te hace mal. Es decir, no se observó un efecto directo de este estado o del estrés sobre la mortalidad".

Asimismo, otro trabajo anterior de la UAM expuso que las emociones positivas que experimentamos a lo largo del día están más relacionadas con una mayor longevidad que la satisfacción general con nuestras vidas.

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