Filtros fotográficos
Filtros fotográficos
D. S.

31 de mayo 2022 - 16:44

Los filtros de Instagram están en el centro del debate de usuarios y detractores de las redes sociales. Millones de personas usan esta aplicación a diario para compartir sus fotos y experiencias, para mostrar una realidad que en ocasiones no es tal como parece, que genera una especie de esclavitud para ofrecer una perfección que no existe y que puede generar a la larga problemas de salud mental.

Las redes sociales aumentan la presión estética pero también juegan un papel fundamental a la hora de prevenir los trastornos de salud mental. La vida está repleta de altibajos, de días en los que tenemos la mirada brillante y la piel iluminada y días en los que las ojeras nos acompañan y los cabellos se pelean por ver cuál elige el camino más equivocado. Negar o bloquear las emociones negativas y fingir una alegría y actitud positiva autoimpuesta puede llevarnos a desarrollar trastornos psicológicos y sociales mucho peores.

Detrás de los innumerables filtros existentes se esconde una idea inalcanzable de belleza. Ese belleza impostada que Instagram puede llegar a ofrecerle a tu otro yo y que te sitúa frente un espejo que te permite aumentarte los labios, blanquearte la sonrisa o retocarte la nariz sin pasar por el quirófano. Así afectan los filtros de Instagram a tu salud mental.

Mayor inestabilidad emocional

Pensar continuamente en lo que los demás van a pensar de las cosas que publicas y adaptar esas publicaciones a sus gustos, incluso modificando la realidad con los famosos filtros de Instagram, provocando reacciones extremas en ti las reacciones que estos usuarios tengan respecto a las mismas no es más que un claro ejemplo de la inestabilidad emocional que encierran poco a poco tu personalidad virtual. El claro riesgo es que la personalidad virtual termine comiéndose a la personalidad de la vida real y que al retirarte ese filtro de Instagram te sientas peor de lo que realmente eres.

Fomento de las inseguridades

Somos estupendas pero crecemos esclavas de las leyes de la publicidad y el marketing. De ídolos a los que adorar y de cánones de belleza establecidos y casi dictatoriales de los que si te distancias en algún momento puedes no sentirte partícipe del grupo y por ende rechazada en cualquier momento. Este hecho fomenta las inseguridades y nos incita a echar mano de esos filtros de Instagram que nos acercan a la belleza que otros quieren consumir para aceptarnos. Craso error.

No aceptarnos tal y como somos

Esta inseguridad incipiente se sustenta en un principio de no aceptarnos tal y como somos. El primer paso para evitar cualquier tipo de problema de salud mental es ser conscientes de nuestras virtudes y de nuestros defectos. Asumirlos e intentar mejorar en la medida de nuestras posibilidades, siempre siendo consciente de que cada uno de nosotros tenemos manías y peculiaridades que nos hacen especiales y no por ello mejores ni peores que el resto de personas. Nada que se pueda solucionar con un filtro de Instagram.

Una constante necesidad de aprobación

En la vida hay que tener valores propios y saber tomar decisiones en muchos aspectos. También en lo que queremos mostrar al Mundo. Sólo importa lo que tú pienses y lo cómodo que te sientas mostrando determinadas partes de tu cuerpo. Sin filtros. La implementación de la herramienta que atribuye me gustas y comentarios respecto a la imagen que mostramos es el primer indicio de que con esa acción se busca la aprobación del que consume nuestra imagen. Intentar gustar a todo el mundo es imposible, por lo que la constante necesidad de aprobación nos puede conducir a frustraciones y problemas mentales.

Adictos a los retoques estéticos

Muchas adolescentes experimentan sus primeros casos de rechazo en la redes sociales, donde tienen al alcance de sus manos la opción de ver estéticamente cómo les gustaría sin tener que pasar por el quirófano, aunque sea algo fugaz e irreal. Si no se es capaz de discernir la realidad de los filtros de Instagram se corre el serio riesgo de terminar pasando por el quirófano, poniendo en juego nuestra salud, y convirtiéndose en un adicto a los retoques que pierde la perspectiva y el control de sus acciones.

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