Sociedad

La hiperactividad influye en el consumo del cannabis

  • El hospital Vall de Hebron descubre que las personas con TDAH son ocho veces más propensas a fumar porros

Un consumidor de cannabis, con una piedra de hachís y una bolsa de marihuana. Un consumidor de cannabis, con una piedra de hachís y una bolsa de marihuana.

Un consumidor de cannabis, con una piedra de hachís y una bolsa de marihuana. / Juan Carlos Cárdenas / Efe

Las personas con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) son 7,9 veces más propensas a consumir cannabis a lo largo de su vida, según un estudio realizado a 85.000 personas y liderado por el equipo de Psiquiatría, Salud Mental y Adicciones del Hospital Vall de Hebron de Barcelona.

El trabajo, que publica la revista Molecular Psychiatry, se ha hecho con la colaboración de varios grupos de investigación europeos y americanos en el marco del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Cibersam), y ha sido premiado en el Congreso Anual de la European Network of Hyperactivity Disorder sobre TDAH.

El investigador principal, Josep Antoni Ramos-Quiroga, explica que "sólo teniendo en cuenta los factores genéticos, un paciente con TDAH es 8 veces más propenso al consumo de marihuana, por lo que un buen tratamiento de la patología reduce el riesgo de adicción a las drogas y de criminalidad asociado al TDAH".

Una de las investigadoras, Marta Ribasés, ha manifestado que los resultados de la investigación "pueden ayudar a la detección precoz del TDAH, que es fundamental para prevenir posteriormente el consumo de marihuana, además de abrir nuevas vías de estudio para el tratamiento de varios trastornos psiquiátricos".

La prevención es básica para los jóvenes

La doctora Vanesa Richarte ha considerado que el diagnóstico del TDAH en la infancia es esencial, "porque al tratar los síntomas hay menos probabilidad que consuma drogas en la adolescencia, ya que los que padecen déficit de atención comienzan el consumo de drogas a los 12 años, mucho antes que la población general".

Además, Ramos-Quiroga ha destacado el papel de la educación, ya que "en adolescentes el consumo de alcohol, tabaco y cannabis está normalizado" y los jóvenes "no son conscientes de los efectos nocivos que tienen, que además empeoran los síntomas del TDAH como la inestabilidad emocional, la atención o la impulsividad".

Los doctores recalcan la importancia de la prevención, empezando desde la infancia con diferentes estrategias: desde la psicología, explicando a los padres y a los niños su condición, incluyendo la adaptación por parte de los colegios y ,según la severidad de la enfermedad, recetando medicación.

Denís, un paciente que participó en el estudio, narra que comenzó a consumir drogas a los 13 años pero no fue hasta los 21 cuando se le diagnosticó TDAH.

"Ello supuso tranquilidad para mí y mi familia porque vimos que había una explicación a todos los problemas personales, educativos y sociales que he tenido en mi vida", afirma.

El TDAH aparece en la infancia, pero aún así hay adultos que no saben que padecen esta enfermedad, por lo que este descubrimiento facilitará su diagnóstico, según Ramos-Quiroga.

El investigador principal ha explicado que "cuando alguien vaya a un centro de desintoxicación o clínica toxicómana por una adicción a las drogas, los doctores deberán tener en cuenta que genéticamente ya tiene más probabilidad de tener TDAH".

La investigación, además de la correlación entre el consumo de marihuana y el trastorno de déficit de atención, también ha relacionado la patología con el riesgo de abusos y dependencia de estupefacientes en adolescentes y adultos, independientemente de que tengan alguna otra enfermedad mental.

"Nosotros ya veíamos que el 40% de los pacientes de TDAH tienen una adicción al cannabis, lo que está muy por encima de la media de la población general que está en un 13%, pero hasta ahora no sabíamos cuál era la relación genética y el consumo de drogas", ha dicho Ramos-Quiroga.

El siguiente estudio tendrá como objetivo "identificar la relación entre el TDAH y otras sustancias de abuso, en especial la cocaína, porque creemos que esta predisposición genética también influye en ellas", zanja Ribasés.

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