La música estimula el oído, la orientación y la asertividad del invidente
Las personas con una audición muy desarrollada son capaces de reconocer cada nota de una melodía musical
Teniendo en cuenta que la persona con baja visión o ciega carece de uno de los sentidos más importantes para su aprendizaje y crecimiento como es la vista, los sentidos del oído y del tacto son mucho más sensibles y susceptibles de adquirir un desarrollo superior. En consecuencia, "es importante iniciar musicalmente a estas personas desde su infancia", explica Cecilia Barrios profesora de música y musicoterapeuta.
Esta disciplina artística permite el trabajo con actividades que integran aspectos físicos, emocionales, sociales y espirituales, según el caso y las necesidades del afectado. Entre los beneficios que ofrece la música están , "que mejora la autoestima, posibilita la expresión de las emociones y es un canal que permite transformar todo tipo de sensaciones y emociones en positivo", dice Cecilia Barrios. Según la especialista, la persona con ceguera o baja visión, con el transcurso de las sesiones, tendría que sentirse más libre, aliviado de sus cargas emocionales, con un humor relativamente bueno y con más confianza en su desempeño diario. Para ello, "desde mi punto de vista, no pueden faltar el uso de instrumentos de percusión, ejercicios corporales, vocales, la improvisación y el uso del piano como elemento de comunicación entre el usuario y el terapeuta".
Por otro lado, la tarea musical estimula la orientación espacial, la movilidad y la relación con el entorno. Según Luis Ferrando, profesor de piano en la ONCE, "las personas con deficiencias visuales pueden ser sensibles a sonidos que para los videntes pasan desapercibidos, pero no porque tengan una audición superior desde el nacimiento si no porque la estimulan". Entre las actividades que este profesor realiza con niños en sus clases está el uso de fuentes sonoras para que se dirijan a ellas y vehiculen el movimiento. El docente apunta que "hay afectados que llegan a conseguir un oído total y pueden reconocer cada nota de una partitura interpretada".
El trabajo musical puede plantearse en sesiones individuales que pueden oscilar entre los 45 y 60 minutos, y su periodicidad ideal sería semanal. Y las sesiones grupales pueden tener una duración de hora y media y podrían ser semanales o quincenales, estas últimas facilitan la "sociabilidad, el trabajo común y la empatía entre los miembros integrantes", expone Luis.
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