Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Una nueva generación, un mundo nuevo
Lucha contra el coronavirus
La pandemia del coronavirus y todas sus consecuencias han impactado a la población en una profunda crisis económica y social, pero a veces nos olvidamos de las secuelas psicológicas. Y son igual o más importantes.
Especialmente si hablamos de los jóvenes, aquellos que se ven criminalizados constantemente en los medios de comunicación como principales responsables de los focos de contagio. Hay muchos estudios que muestran las devastadoras consecuencias de la pandemia en los adolescentes, y desde The Conversation han querido poner el foco de atención en su salud mental y en cómo evitar complicaciones futuras.
El artículo completo está disponible en la web de The Conversation, y ha sido desarrollado por Gabriel Rubio Valladolid -Catedrático de Psiquiatría en la UCM- y Francisco López Muñoz -Profesor Titular de Farmacología y Vicerrector de Investigación y Ciencia de la Universidad Camilo José Cela.
La principal medida para evitar el contagio de la covid-19 en todo el mundo ha sido el aislamiento y el distanciamiento social. Estas circunstancias han afectado a toda la población, pero parece que son los niños y los adolescentes (junto a los ancianos), los más vulnerables. De ahí la importante prevalencia de síntomas psicológicos (estrés, ansiedad, tristeza, adicciones) y de trastornos mentales entre la juventud.
En comparación con los adultos, las consecuencias adversas de la pandemia en la salud mental de los adolescentes pueden ser más prolongadas e intensas. Su impacto depende de varios factores: edad, situación educativa, existencia de discapacidades, antecedentes de trastornos mentales, bajo nivel social, enfermedades de los padres y grado de estructuración familiar.
Las manifestaciones psicológicas más frecuentes en los adolescentes que están acudiendo a las urgencias son las tentativas de suicidio, los problemas de la conducta alimentaria y cuadros depresivos con predominio de irritabilidad e incapacidad para disfrutar de las cosas con las que antes disfrutaban.
Las principales causas de esta crisis se deben a que la familia, la escuela y los amigos han perdido el efecto tampón que facilitaba el manejo emocional de los jóvenes.
La pérdida de las costumbres y rutinas familiares, la ausencia del entorno estructurado de la escuela, el aburrimiento, las dificultades para participar en actividades deportivas y para salir con los amigos se encuentran entre las causas relacionadas con los problemas psicológicos detectados.
Los prolongados meses de pandemia han generado, en muchos de ellos, gran incertidumbre sobre su futuro académico y laboral, y se han volcado en actividades compulsivas vinculadas a internet, con el consiguiente aislamiento de relaciones sociales positivas y una mayor exposición al acoso y al abuso.
Las estrategias desadaptativas más frecuentemente utilizadas son las centradas en el uso compulsivo de internet y redes sociales, en las conductas adictivas y el aislamiento. De prolongarse estos comportamientos, como lamentablemente está ocurriendo, se favorece el desarrollo de trastornos depresivos, tentativas de suicidio, trastornos de la conducta alimentaria y adicciones.
Los autores de este artículo han querido también reflexionar sobre cómo podríamos mitigar el deterioro de la salud mental de los jóvenes, tanto desde las familias como desde las instituciones.
Finalmente, el Ministerio de Sanidad debería considerar la puesta en marcha de un Plan de Salud Mental que sirva para prevenir las consecuencias psiquiátricas de la pandemia en los jóvenes.
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