Una autopromoción de RTVE sobre sus audiencias
Una autopromoción de RTVE sobre sus audiencias / RTVE
Antonio Sempere

25 de noviembre 2025 - 08:01

La agresividad de las promociones no conoce límites. Hace tiempo los programas sucesivos se anunciaban con tímidos rótulos que se colaban por una esquina de las pantallas. Ahora la invaden sin recato, casi por completo, llegando a tapar el programa que se está emitiendo.

Otro tanto suceden con las autopromociones en las pausas publicitarias. El pudor con el que obraba TVE desde que en 1990 suprimió la publicidad de sus contenidos ha pasado a mejor vida. Ahora todos los espacios se interrumpen justamente donde más molesta, con tal de dar visibilidad a los que se van a anunciar. Cortando las películas cuando están en lo mejor (ya no hablamos de respetar los títulos de crédito finales, es una batalla perdida hace muchísimos años), irrumpiendo cuando los concursantes de Cifras y letras se acercan al bote, obligando a los tertulianos a que tomen un receso en sus argumentos cuando el debate está más acalorado. El fin justifica los medios.

Esta política agresiva está dando sus frutos. Los espectadores se sienten concernidos por lo que se anuncia. Del mismo modo que se definía un buen cartel como un grito en la pared, también las autopromociones son un medio eficaz para captar la atención del espectador, que no sólo no las rechaza, sino que se detiene a escucharlas porque le sirven de información para saber en qué momento se emitirán sus espacios preferidos. Las promociones ejercen su papel de prescriptoras de contenidos.

Solo existe el problema de la saturación. Hay que controlar hasta dónde llegan las interrupciones. Del mismo modo que hay que controlar hasta dónde se insertan rótulos en las pantallas. Porque hay veces en las que las cuatro esquinas están llenas de mensajes. Hasta el punto de que el día de la Fiesta Nacional, cuando la enseña nacional ocupaba una de ellas, hubo overbooking’ de rótulos.

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