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La cadena autonómica en la picota

Este apagón de Canal Sur enciende

  • Los sindicatos llevan al clima de politización extrema una crisis que sólo conducirá a mayores enfrentamientos internos y desprestigio externo en la corporación pública

  • El segundo apagón oficial, este viernes desde las 13.00 hasta las 15:00 horas

El control de continuidad de la RTVA ayer, en una foto facilitada por el sindicato CCOO El control de continuidad de la RTVA ayer, en una foto facilitada por el sindicato CCOO

El control de continuidad de la RTVA ayer, en una foto facilitada por el sindicato CCOO / CCOO

Con la pantalla en negro a la hora del informativo nocturno (y manteniendo el partido del Sevilla en la radio, qué cosas) parece que los sindicatos de la RTVA han llevado a su terreno la grave crisis que vive Canal Sur. Han hecho efectivas unas medidas expeditivas que no se tomaban tan a la ligera en los tiempos interinos, con el gobierno de Susana Díaz, con la directiva de Joaquín Durán, que es la principal contribuyente al déficit de inversiones en el apartado técnico y las carencias en una plantilla envejecida y desmotivada donde ya se acuñaron lemas de plastilina y UGT se oponía a las protestas ante el Parlamento.

Los mismos que han llevado al precipicio a la RTVA son los que están ahora dando la matraca de la dignidad sobre una cadena de televisión que cada vez despierta más dudas sobre su utilidad pública y su destino.

Ahora el PSOE andaluz es el que azuza sobre manipulaciones, ocultaciones y precariedades tras 30 años de RTVA donde las medidas fáciles eran engordar la plantilla acumulando todo el personal afín posible, negando realidades, con esas cifras de audiencia, de desafección, que han ido en tobogán a lo largo de la década. Encargando contenidos cada vez más insulsos a determinadas productoras de ex directivos de la casa que facturaban (y facturan) a lo grande por platós muy iluminados y faltos de ideas.

La pantalla en negro enciende. Pone luz en el apuñalado cuerpo de la corporación autonómica andaluza, es el pulso de fuerza sobre una directiva nombrada por el presidente popular Moreno Bonilla, con el periodista Juande Mellado e Isabel Cabrera en la dirección adjunta de antena, que hasta ahora había brindado una actitud de buena voluntad que ha sido confundida durante todos estos meses con debilidad. Incluso desde el propio partido, y desde Madrid, donde todas las formaciones tienen un punto de vista paternalista (si a mí me preguntaran directamente yo diría que supremacista) para resolver los problemas andaluces, se ha tomado como debilidad o desdén que Canal Sur no empuñe con látigo y firmeza. De ahí la discutible decisión de llevar hasta Sevilla al periodista Álvaro Zancajo que aún tendrá que demostrar qué méritos, además de recomendaciones interesadas, tiene para suscitar tanta fe en torno a su labor. En Antena 3 y en RTVE están por saber si realmente es tan valioso como se promociona. Con Zancajo ha existido un problema de oportunidad y de comunicación que se ha convertido en la excusa perfecta para escenificar la gota que colma el vaso de la paciencia sindicalista.

Antes de la derrota electoral de Susana Díaz las huelgas en Canal Sur eran más bonitas, como la del personal de Andalucía Directo: la productora participada por la propia RTVA, ADM, grabó piezas para que siguiera el programa con los profesionales de brazos caídos y sin aludir en ningún momento la existencia de la huelga.

Por entonces era traición a Andalucía hacer huelga. E incluso es de malos andaluces criticar a Canal Sur, donde el ostracismo es la moneda ante cualquier disensión. Tenemos que seguir poniéndonos la peineta y divertir al señorito y rendir pleitesía a los delegados provinciales y figuras tan importantes. Al menos así le gustaba al PSOE tener un Canal Sur que en el 2008 veía entre los dos canales la cuarta parte de la audiencia de Andalucía, más de un 25% de cuota, y en cuyo último año de Susana Díaz fue del 8,7% y un 0,4% para Andalucía TV, tras cargarse la marca de Canal Sur 2.

El equipo de Joaquín Durán además confeccionaba una programación al gusto personal de la presidenta de Andalucía, con los niños que animan el cortijo de Menuda noche, con Juan y Medio, que se permite todas las arrogancias, y los palmeros de Yo soy del Sur.

Los programas del prime time ya no tienen folclore, la programación de estos meses es más digna, pero también corre el riesgo de tener menos audiencia. Y tiene menos audiencia. Y va para abajo. Canal Sur ronda en estos momentos el 7% de cuota, ha perdido 1 punto, 1 punto más, por desafecto. Determinados dirigentes del PP pensarán que ya que no se ve, al menos que Canal Sur sirva de auto-propaganda, como ya hicieron en Telemadrid (a la que aplicó un ERE de más de 800 trabajadores) y en Valencia, Canal 9 (que se desmanteló por las bravas cuando la deuda del juguete se hizo insuperable).

Eso es lo que parecen desear unos y otros. La decisión fácil: un ERE que permita a las formaciones de la derecha justificar la imposibilidad de gestionar con eficacia una corporación sobredimensionada y de utilidad discutible; y desde los sindicatos esgrimir victimismo, autojustificación, y plantar batalla con el PSOE en la cómoda posición de criticar sin la obligación de asumir responsabilidades de haber empujado, hace ya muchos años, esta bola de nieve.

El PP echó a perder unos valiosos meses de transición dejando a sus anchas a Joaquín Durán en la primera mitad de 2019, cuando se llegaron a acuerdos de todas las subidas anheladas por las fuerzas sociales que ponían ya difícil mantener el presupuesto (91 millones de euros cuesta la plantilla) de 157 millones en total. Con la dotación técnica obsoleta, necesitada de inversión extra, para hacer contenidos la casa cuenta con 27 millones, poco más de 2 millones de euros por mes, lo que se gasta TVE en Operación Triunfo. Hay margen para hacer contenidos (que se lo digan a Carlos Herrera) pero en la situación actual, a lo que se añaden los fundidos en negro, el público andaluz cada vez siente que Canal Sur es menos su cadena y eso tiene difícil solución.

Lo que no se podría tomar es el camino más sencillo y expeditivo de cerrar el quebradero de cabeza, que fue la primera petición de Vox tras su primer subidón electoral. Pero los sindicatos, el PSOE y Unidas Podemos tienen el problema en el punto de conflicto y protesta que necesitaban. Al final la sensación es que pocos realmente quieren a Canal Sur con el reflejo de que Andalucía, en realidad, importa poco y les importa aún menos.

Con los ex directivos coleando por dentro de la casa, y con las quejas y desganas de tantos profesionales posicionados sin reservas con el PSOE y que han acabado en la web o en quehaceres y programas recónditos, la situación interna es muy crispada y la tentación fácil es crear redacciones paralelas, como sucedió en TVE y donde es la tónica en otras autonómicas.

Canal Sur es una cadena pública con menos público. Sí, hay nuevos programas que han fallado con todos los merecimientos, Escala Sur, Mi gran noche y el debate 5.C, pero al menos habrá que reconocer que fue por la intención de hacer ese otro Canal Sur, esa otra RTVA,  que se pedía y que merecería el público. Pero los que antes jaleaban la copla tienen ahora la paciencia bastante limitada. La corporación andaluza tiene dinero, tiene plantilla y también tiene apagones. Si existiera buena voluntad entre los pirómanos que encienden Canal Sur, la cadena andaluza nos daría una sorpresa.

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