Churros con arte, la infancia de Loles León y su rastro por Barcelona

Loles León en el programa 'Lo de Évole'
Loles León en el programa 'Lo de Évole' / Atresmedia
Medina Benítez

17 de febrero 2026 - 08:49

Loles León ha regresado al lugar donde todo comenzó. En la entrega de Lo de Évole que sirvió como homenaje a sus 75 años, la actriz recorrió las calles de la Barceloneta para desgranar una biografía marcada por el "ADN fantasma", las sagas familiares y la supervivencia. Sin grandes fiestas, pero con la autenticidad que la caracteriza, Loles reivindicó sus raíces en la calle Tormenta, allí donde se forjó la mujer que hoy conocemos.

La actriz recordó con especial magnetismo la figura de su padre, un hombre carismático que regentó La Leonesa, una próspera cadena de siete churrerías en los años 50. Sin embargo, aquel imperio de masa frita se diluyó por el carácter de su progenitor: un gentleman del flamenco, elegante y seductor, que prefería el buen vivir, el traje impecable y el cante jondo al rigor del negocio. Loles confesó, entre risas, cómo las vecinas del barrio le recordaban años después los éxitos amorosos de su padre, algo que ella celebraba con su habitual naturalidad.

La infancia de Loles fue una mezcla de libertad callejera y aprendizaje precoz. Mientras sus padres trabajaban sin descanso, ella se criaba en un entorno plural donde el castellano y el catalán se mezclaban en las fiestas mayores. La actriz rememoró anécdotas sorprendentes, como aquellas dosis de Jerez quinas, copas de vino dulce a palo seco, que le daban de niña para abrirle el apetito, o la influencia de una madre libertaria que estuvo a punto de ser enviada a Rusia durante la guerra.

"No eres de tu padre ni de tu madre, eres de ti porque sobrevives tú", reflexionó la actriz sobre una crianza al aire libre donde los problemas se solucionaban en la calle y la resiliencia era el pan de cada día.

El camino hacia el éxito no fue una línea recta. Mucho antes de ser chica Almodóvar, de ser descubierta para el cine, Loles tuvo que desafiar los prejuicios de su padre, quien consideraba el mundo del espectáculo como un entorno poco respetable. Para alcanzar su sueño, pasó por todo tipo de oficios: fue secretaria, telefonista e incluso pescadera, un oficio que aprendió por amor cuando una pareja le puso un puesto en el mercado.

Finalmente el teatro amateur y las salas independientes de Barcelona fueron su lanzadera. Aunque su madre no llegó a ver su explosión cinematográfica, su padre sí presenció su ascenso, aunque siempre con la rivalidad propia de otro artista: "Esa no canta bien, yo canto mejor", decía el churrero.

Hoy, Loles León sigue siendo esa mezcla de orgullo de barrio e inspiración artística, una mujer que, 75 años después, sigue fiel a la salsa y los genes que acumuló en las calles de la Barceloneta.

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