Directora sin consejo de administración

La eterna provisionalidad de Rosa María Mateo

  • La administradora única de RTVE ha superado la duración de 12 directores generales de RTVE en la democracia y rebasa conflictos y escándalos como el del titular de la Princesa de Asturias

Rosa María Mateo en una de sus primeras comparecencias, anterior a la pandemia Rosa María Mateo en una de sus primeras comparecencias, anterior a la pandemia

Rosa María Mateo en una de sus primeras comparecencias, anterior a la pandemia / EFE

Una directora general que marcó época y preparó a RTVE ante la inminente llegada de las privadas, la realizadora y cineasta Pilar Miró, estuvo 819 días en el sillón principal de Prado del Rey. Su labor de dos años se vio asaltada desde el propio PSOE y con lo de los gastos de su vestuario fue cesada con el interés del sector de Alfonso Guerra para controlar el ente.

Las agitaciones políticas actuales, e incluso los titulares escandalosos contra la Princesa, sin embargo no mueven ni por asomo la balsa sobre la que está suspendida la administradora única Rosa María Mateo.

Con unas competencias superiores a las que tenían los directores durante el franquismo, a la casi octogenaria directora provisional no se le pasa por la cabeza dimitir de la responsabilidad libre de controles internos con que la nombró el presidente Pedro Sánchez. Su misión estaba prevista para un par de meses en el verano de 2018 pero sin embargo Mateo acaba de rebasar los dos años y medio de mandato, sin tener que rendir cuentas a ningún consejo de administración. El Gobierno le aumentó la dotación en los presupuestos y los caprichos de interés político marcan la programación de actualidad de La 1 mientras los canales de TVE viven su peor momento de audiencia de sus casi 65 años de emisiones.

Mateo cumplirá este jueves 927 días de mandato, 132 semanas, ajena a las críticas de la plantilla y refractaria a los comentarios de la oposición. En lo mediático está entregada al director de contenidos, el periodista catalán Enric Hernández, que amplió una programación para Cataluña que es invisible, más la incorporación de espacios de actualidad entregados a las simpatías y argumentarios del Gobierno, en especial de las tesis de Unidas Podemos, como el matinal de Mónica López, La hora de La 1, y sobre todo la tertulia Las cosas claras, de Jesús Cintora.

Son dos producciones externas que cuestan 103.000 euros al día y copan más de 6 horas de la franja y que reciben las protestas en el seno de la casa.

El nombramiento de la veterana presentadora se produjo en el contexto de interinidad que se iba a encontrar RTVE en aquel verano tras la moción de censura ante la presidencia ampliada de José Antonio Sánchez, abiertamente sesgado hacia el partido que le nombró, el PP. Pedro Sánchez buscó una figura sustituta para hacer criba en la dirección de informativos mientras se cristalizaba el concurso para elegir en las Cortes el futuro consejo de administración. La comisión por consenso saltó por los aires aunque se ha retomado el proceso con los candidatos presentados que en días atrás pasaron por comisión de valoración. No se atisba en principio voluntad entre las formaciones repartidas por el Congreso para alcanzar en breve la formación de un nuevo consejo.

Mientras, Mateo vive una apaciguada estancia frente a los continuos vaivenes que sufrieron muchos de sus antecesores. Hace 40 años, con UCD en proceso de descomposición y el PSOE felipista preparándose para la Moncloa, se produjo la sucesión de cuatro directores generales en menos de dos años. La administradora provisional ha superado en tiempo a 12 directores generales desde la instauración del primer estatuto de RTVE en democracia, y próximamente superaría a dos más: Carmen Caffarel, que nombrada por Rodríguez Zapatero estuvo casi mil días en el cargo y efectuó el voluminoso ERE para que se liquidara el multimillonario déficit de la corporación; y también rebasaría a Luis Fernández, sucesor de ésta, primer presidente de la saneada corporación RTVE, nombrado por consenso. Iba a estar 6 años pero se mantuvo por 1.044 días para dimitir por estar en contra del modelo de financiación por el que se suprimía la publicidad. Hasta el segundo mandato de José Antonio Sánchez los otros dos presidentes de la cadena pública, Alberto Oliart y Leopoldo González-Echenique, ya nombrado sin consenso en el estridente cambio de normativa asumido por el PP, tuvieron un período menor que Mateo. De toda la historia de RTVE, Mateo ya ha estado más tiempo que 18 de sus 30 homólogos.

Mateo ha durado más que algunos que buscaban un mejor sillón y tomaban la labor de RTVE como, efectivamente, algo provisional, caso de Luis Solana o Pío Cabanillas, en los años 90, uno del PSOE y otro del PP; y cuenta con una confianza mucho más mullida que otros antecesores que libraban con tiburones por doquier como Fernando Castedo, en 1981, Javier González Ferrari (dimitió tras la cobertura de la huelga de 2002) o la mencionada Pilar Miró, que estuvo sentenciada desde que no impidió el apagón de la huelga general del 88.

Mateo muestra una tenacidad a prueba de críticas y sin duda se despedirá como una mal directora, escudada en su extraña responsabilidad temporal.

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