TV-Comunicación

La fraternidad de peluche

  • Espinete y su cooperativa cumplen 30 años y dejaron la Primera Cadena hace un cuarto de siglo, en la franja horaria en la que ahora reina 'Sálvame'

"Brochazo hacia arriba, brochazo hacia abajo, nubes con barriga… bonito trabajo". No, no son versos de Lope de Vega. Casi. La rima ripiosa delata que es uno de esos simpáticos canturreos con el que se acompasaban, bocadillo de chopped en mano, millones de niños de españoles nacidos a finales de los 70 que se citaban con la televisión antes de salir a la calle y apurar la tarde jugando al fútbol entre coches aparcados y peatones de estorbo. Eran canciones colegiales, de esas que ya no existen en la TDT, que compartían en una cooperativa del entretenimiento los sonrientes y optimistas amigos de Espinete, currelantes y con una bondad de celofán. Mensajeros de la solidaridad, la vecindad, la hermandad.

Libertad, igualdad y fraternidad de purpurina. Valores inculcados a la generación que un rato después se marchó de botellón. Barrio Sésamo era un improbable rincón de España sin desempleo ni desahucios donde Chema el panadero, Antonio el del bar y Julián el quiosquero de las caretas compartían vivencias con un erizo imponente de color rosa, un niño hocicudo incapaz de mover los ojos y el brazo izquierdo y que vivía en una chabola. Y de carabina, un ser granjero antropomorfo con aire de búho y voz de persona mayor, viajado y con amigos influyentes como el maharajá de Kapurtala.

Esta barriada obrera vista a través del cristal de casa se convirtió en la vida pararela para los menudos espectadores durante cinco años. Bocetos de ciudadanos que crecieron al lado de esos habitantes y de la pandilla llegada de Estados Unidos. Hace treinta años que Espinete y Don Pimpón causaban impacto entre los pequeños ochenteros que ya veían la tele a color, enmendando la plana a la gallina Caponata y al caracol Perezgil de un par de años antes.

En abril de 1983 los niños que sólo podían ver los dos canales de TVE aguardaban la eterna carta de ajuste para encontrarse, sobre las seis y media de la tarde, con la sintonía de July Murillo y esta nueva versión de la franquicia de la Children's Television Workshop (CTW), productora de la cadena pública nortemaericana, PBS. Jim Henson, el amo de las marionetas, creó en 1969 un audaz programa que con el apoyo de sus muñecos (con su querido Gustavo-Kermit) y fragmentos de animación y reportajes iba a divulgar los conocimientos básicos entre los tiernos espectadores yanquis. Apareció la parada de los monstruos de trapo: peludos hippies o los protagonistas de la telecomedia más vanguardista, Epi y Blas, Leonard y Sheldon de peluche. Aquellos programas tan innovadores, que enseñaban a contar y a leer sin pegar a los niños en la cabeza, llegaron a España con Franco moribundo, en el otoño de 1975, y algo empezaba a moverse dentro del televisor. Se dice ahora que Abrete Sésamo (así se tituló aquí en principio) fue un fracaso: al contrario, escoció bastante a los directivos fachas. Lo más progresista de TVE estaba 'escondido' en los infantiles. Y Espinete llegó medio año después de la primera victoria de Felipe González. Un contenedor preescolar a la medida de los futuros alumnos de la Logse.

En Wikipedia se dice que el erizo fue un emigrante involuntario. A la productora americana se le pidió un águila imperial y respondieron a desgana con un bicho rosa que en principio se diseñó para la televisión israelí. Cualquiera sabe de dónde demonios salió Don Pimpón. La voz nasal infantil de Chelo Vivares, popular entonces por un anuncio de caramelos balsámicos, fue la ideal para el querido erizo. También se metió dentro de Curro, el de la Expo 92. La voz de Chelo se puede percibir en cualquier serie de Disney Channel y la oímos como Ralph Wiggum o los hijos de Flanders en Los Simpson.

José Enrique Camacho, Antonio el de las horchatas (y que torturaba a Imanol Arias en El Lute, toda una impresión porque aún salía en la tele infantil), falleció en 1991. Esa muerte imprimió un injusto halo maldito a esta etapa de Barrio Sésamo y a lo perrito Ricky se hablaba en la calle de la muerte de Chelo Vivares o la de su marido, José Ramón Sánchez, Chema, que tras pasar por un grupo de pop, Red de San Luis, acabó en este barrio y después tuvo una prolongada vida de actor antes de fallecer, sí, pero en 2008. La jovial Ana, la tutora-amiga del protagonista, la encarnaba la ahora guionista Isabel Castro. Ruth Gabriel, de San Fernando, era una de las niñas que brincaban en torno a los peluches antes de conseguir notoriedad en el cine, ya adulta, claro.

El músico Fernando Luna Vicente fue el principal compositor de todas esas canciones que exclamaban los alborozados habitantes. Una aportación valiosa para excitar el carácter de naif comprometido de las historias escritas por Carlos Puerto como El cohete de Espinete, Espinete Superstar o Espinete quiere ser camarero (oliéndose tal vez la crisis). Los asesores norteamericanos, por el contrario, pedían "menos ritmo" a los segmentos españoles para que pudieran lucirse más los momentos de Supercoco, Pepe Sonrisas o el estrábico engollipador Triqui.

Estos espacios fueron los primeros contenidos que TVE repuso sin contemplaciones. Espinete, siempre desnudo menos para dormir y hacer deporte, quejica pero incapaz de tener un mal gesto con nadie, se pasó cinco años a la caída de la tarde y por eso está en un pedestal de la memoria colectiva. En abril de 1987 dejaba la Primera Cadena sin dejar rastro. Alfonso Vallejo ya había abandonado a Don Pimpón para convertirse en Astrako para Los mundos de Yupi, otro cosmos de piruleta que se llevó cuatro años reinando en el trono de hierro de Jorge Javier Vázquez.

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