18ª de abono de Las Ventas

Galván, de torerito a torerazo

  • El de La Isla, que suplía a Manzanares, encandiló a Las Ventas

  • Daniel Luque se fue de San Isidro tras dos tardes sin opciones

  • Víctor Hernández, muy digno en su confirmación

  • Una oreja que no nos redime

El isleño David Galván se hizo con el favor de los tendidos con detalles como este pase de pecho en que se echa por delante al muy serio ‘Catalino’.

El isleño David Galván se hizo con el favor de los tendidos con detalles como este pase de pecho en que se echa por delante al muy serio ‘Catalino’. / EFE

PASARÁ, si Dios no lo remedia, el San Isidro de este puñetero bisiesto por su riqueza en avisos. Rarísima es la tarde que nos libramos de esos complementos musicales y cuando llevamos dieciocho festejos, resulta que el toricantano de ayer escuchaba el recado número 56 del ciclo. Faenas larguísimas con un festejo, éste que analizamos, de dos horas y cuarenta minutos de duración. Problema mayúsculo éste de la duración del festejo y ayer teníamos la excusa de la devolución del toro que abrió plaza y que gracias a Florito volvió a los corrales con cierta brevedad. Así empezó la corrida que servía de confirmación de alternativa de Víctor Hernández, un novillero madrileño que llegaba con el acompañamiento de muy buenas actuaciones en Las Ventas como novillero.

Todo empezó torcido con la protestada aparición de Clarineto, que arrastraba los cuartos traseros y que el usía no acabó de ver hasta bien entrado el tercio de banderillas. Salió Esmerado, un cinqueño mulato de Juan Manuel Criado que derribó al caballo y con el que Víctor Hernández, tras brindarlo a su padre, anduvo digno y con raptos de brillantez, sobre todo en una serie de naturales ligados. Había empezado en los medios con unos ajustados estatuarios para echarse la muleta a la izquierda a las primeras de cambio, Y ahí, al natural, mostró buenas cualidades, lo mató como pudo y Madrid le premió el denuedo con una ovación. Como iba a premiarle su obra en el sexto, un castaño casi negro, muy en Núñez, cinqueño también, muy serio y muy manso, tal como demostró en los capotes y en el caballo. Brindó a la plaza la muerte de Atractivo y en los medios dio pases cambiados en cascada como presentando nuevamente las señas de identidad de torero al que el valor no le falta a lista. Y es que Víctor Hernández, natural de la Alcarria madrileña, tiró la moneda al aire y se jugó literalmente la vida, lo mató de estocada al primer envite y volvió el premio de Madrid al paisano con una fuerte ovación. Es un torero a tener en cuenta, pero es tan difícil llegar a la cumbre del circuito de las ferias...

Repetía el muy esperado Daniel Luque tras la frustrante tarde de los toros de La Ventana del Puerto y la verdad es que el poderoso espada gerenense se va de San Isidro con el gesto torcido ante la tristeza de haberse topado con cuatro toros que impedían cualquier atisbo de lucimiento. Y este jueves, más de lo mismo. En primer lugar le tocó en desgracia un colorado de El Cortijillo, precioso de lámina y que atendía por Afanosito, que salió abanto para pelearse feamente con la plaza montada. Parecía que en manos de Daniel, el toro iba a romper hacia adelante, pero que si quieres arroz... Era como un duelo al sol del tempranero verano madrileño en el que el torero intentaba abrirle caminos a su oponente en una tarea tan ardua como improductiva. Y cómo se la jugó Daniel yéndose para nada al pitón contrario con el epílogo de un gran arrimón. Saludó una ovación fuerte y se confiaba que en el cuarto viésemos al gran torero que es Daniel Luque. Otro colorado, de nombre Herrerito y a sólo tres kilos de los seiscientos. Lo intentó el torero, pero dentro no había nada, lo mató y adiós a un San Isidro muy frustrante.

Por su tarde en la de El Torero, David Galván se había ganado la sustitución de Manzanares y no sólo revalidó su cartel en Las Ventas, sino que pasó de la consideración de torerito aflamencado a torerazo en toda regla. Le tocó en suerte Rizoso, otro cinqueño colorado, quizá el de menos trapío de la tarde, y con él quiso demostrar el isleño que no sólo del adorno se basa su tauromaquia sino que en ella tiene lugar preferente el toreo fundamental, léase redondos y naturales. Su toreo llega mucho al tendido por la carga sentimental que lleva en su valija y en ese tercero de la tarde cautivó a Madrid, con lo que fue demandado para la vuelta al ruedo. En el sexto, un castaño muy serio que se llamaba Catalino, mostró su torería llena de firmeza, cómo llena la escena y qué tanda cuajó al natural. Por todo esto afirmo que David Galván, natural de San Fernando, ha pasado de torerito a torerazo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios