En Madrid una terna de modestos deja pasar su gran oportunidad
Gabriel Picazo, cogido sin consecuencias, por debajo de un gran astado · Emilio de Justo escucha los tres avisos · Israel Lancho se justifica ante un mal lote
Ganadería. Cuatro toros de Los Bayones y dos -tercero y cuarto- de Pereda, muy buenos los dos primeros y el tercero. El quinto, a menos, sin embargo, también fue toreable. El sexto, con menos clase, también se movió. El que más desentonó, el peligroso tercero. TOREROS: Gabriel Picazo, casi media (ovación); y pinchazo, estocada y descabello (ovación tras aviso). Emilio de Justo, doce pinchazos y dos descabellos (tres avisos y leves pitos después de los aplausos al toro en el arrastre, pues no llegó vivo a los corrales); y pinchazo, estocada y descabello (silencio). Israel Lancho, pinchazo y metisaca (silencio); y estocada (silencio). Incidencias. La plaza se llenó en tarde espléndida. Minuto de silencio para recordar la muerte de Joselito El Gallo en Talavera.
Ni una vuelta al ruedo en una corrida, sin embargo, con toros muy propicios que dejaron en evidencia a los toreros, sobre todo a los dos primeros. Cuesta decirlo por ser modestos. Pero no valen tapujos. Los toreros se han dejado ir la oportunidad de su vida, a salvo de la crítica el más joven de la terna, con un lote mucho peor.
Y no es que Picazo haya estado lo que dice mal, no. Pues en ocasiones hasta ha pegado pases buenos. Por ejemplo, al primero. Es que ha estado insuficiente en comparación con el torrente de clase y bondad que tenía el toro. La faena, larga y con poco ritmo, también sin unidad, con muchas desigualdades y alguna que otra interrupción.
En la situación de Picazo, dado lo poco que torea, valdría decir que estuvo digno, término que disimula otras carencias básicas para aspirar a algo importante en la profesión de torero: la disposición y la capacidad de resolver.
En el cuarto, más de lo mismo. Se tragó tropecientos muletazos, prueba de sus excelentes cualidades, por buen son y nobleza, mientras no terminaba de llegarle la inspiración a Picazo. No tendrá queja, ni de los toros, ni del público.
Pero mucho peor fue lo de Emilio de Justo, que lejos de aprovechar también la excelente condición de su primero, se lo dejó vivo. El toro con más posibilidades se fue sin torear. Así como suena.
La lidia fue infame en los dos primeros tercios, y es posible que ello influyera en el ánimo del torero, que tardó mucho en verlo, sin templarse hasta la tercera o cuarta tanda. Un toro que quizás tardeaba en la primera arrancada, pero una vez que iba para adelante, repetía y repetía, por abajo y con mucha transmisión. Faltó limpieza al trasteo, y estrujar debidamente tantas y tan buenas embestidas. Luego vino el calvario de la espada.
El quinto cambió a peor, pues no fue tanto como lo que dejaba traslucir en principio, pero tuvo sus arrancadas, muchas, y la mayoría estropeadas por una sucesión de enganchones culpa de Emilio de Justo.
Lancho se salva, pues sus toros no ofrecieron tan claras posibilidades. Y es más, su primero fue un pájaro, amagando constantemente para echarle mano, volviéndose y buscándole. El torero extremeño, que al cabo de un año volvía al escenario donde estuvo a punto de perder la vida por la gravísima cornada que le propinó un toro de Palha, de la que le salvó el doctor García Padrós, tuvo la gentileza de brindarle el toro al médico. Y lagarto, lagarto, para los supersticiosos. Pues dio la impresión de estar abrazados en el brindis el médico y el torero en prevención de lo que pudiera pasar otra vez. Menos mal que no se cumplió la premonición.
Ya el sexto, tampoco le sirvió a Lancho, pues aunque tenía movilidad el animal, salía de los pases con la cara alta. Nada que hacer por parte del torero.
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