obituario

Muere el ilustre rejoneador Ángel Peralta

  • 'El Centauro de las Marismas', máxima figura del rejoneo y ganadero, ha fallecido a los 93 años por un fallo multiorgánico

  • A su maestría como caballista, añadió clasicismo y alta escuela.

Ángel Peralta en su localidad de la Plaza de la Maestranza. Ángel Peralta en su localidad de la Plaza de la Maestranza.

Ángel Peralta en su localidad de la Plaza de la Maestranza. / victoria ramírez

El ilustre rejoneador sevillano Ángel Peralta ha fallecido este sábado a los 93 años a causa de un fallo multiorgánico, según han informado fuentes allegadas al también conocido como Centauro de las Marismas. La finca Rancho el Rocío, en la Puebla del Río, donde vivía el rejoneador, acogerá la capilla ardiente con sus restos mortales. El sepelio por su muerte se celebrará este domingo a las 16:00 horas en la Parroquia de Nuestra Señora de la Granada, en la misma localidad, dándosele posterior sepultura en el cementerio municipal.

Ángel Peralta nació el 18 de marzo de 1925 en la localidad sevillana de La Puebla del Río. En su más de medio siglo de toreo a caballo fue un referente del rejoneo, convirtiéndose en un eslabón fundamental de la tauromaquia; siendo pieza esencial de Los cuatro jinetes del Apoteosis, junto con su hermano Rafael, Álvaro Domecq Romero y el portugués Lupi, marcando una etapa artística y económica muy brillante para el arte de Marialba. También fue artífice de las colleras -participación de dos rejoneadores en la lidia de un toro- y promotor de la matinal de rejones de la Feria de Abril, que durante años se celebró en la Maestranza.

El Centauro de las Marismas se presentó en público en La Pañoleta el 19 de febrero de 1943, con 17 años, a lomos de Favorito, lidiando una vaca de Daniel Salas, cortando una oreja. Y debutó en la Maestranza sevillana el 23 de mayo de ese año.

A lo largo de su dilatada trayectoria pulverizó todas las marcas estadísticas hasta entonces en el rejoneo español y abrió las puertas grandes de todas las plazas donde actuó, con éxitos memorables en Sevilla, donde ganaría hasta en cinco ediciones el trofeo al mejor rejoneador de la Feria de Abril que concede la Maestranza, y en la plaza de Las Ventas. Ángel Peralta salió en varias ocasiones a hombros por la Puerta del Príncipe de Sevilla y por la Puerta Grande de Madrid.

Artífice de las colleras, la matinal en la Feria de Abril y de suertes, como la de la rosa

El 24 de abril de 1971 cortó el primer rabo concedido a un rejoneador hasta entonces en la plaza de Sevilla, a un toro de Urquijo. Ese año sumó un total de 127 paseíllos y batió la marca de actuaciones que hasta entonces ostentaba Manuel Benítez El Cordobés.

En 1993, con motivo del cincuentenario de su presentación en la Maestranza se celebró una corrida de rejones por colleras en homenaje suyo, participando en la lidia de todos los toros y saliendo a hombros por la Puerta del Príncipe, aun sin haber cortado orejas.

Su fama de excelente jinete traspasó las fronteras y así, en 1962, recibió en Wembley (Londres) las Espuelas de Oro a lomos de Ruiseñor frente a los mejores jinetes del mundo; rechazando una oferta millonaria por ese caballo.

Esencial en 'Los cuatro jinetes del Apoteosis', con su hermano Rafael, Domecq Romero y Lupi

Además del triunfo, también vivió la otra cara de la Fiesta, con varios percances de consideración, entre ellos una cornada en el muslo derecho, que sufrió en 1977 en la plaza de Gálvez (Toledo) o el gravísimo de La Zubia (Granada) en 1990, que estuvo a punto de costarle la vida. Tras resbalar su caballo Corinto y caerle encima le provocó traumatismo torácico con rotura de cinco costillas, una de las cuales le afectó al pulmón y luxación de la rodilla izquierda, con rotura de todos los ligamentos.

Tras su dilatada y fructífera carrera llegó a preparar y apoderó a la amazona francesa Lea Vicens, dándole la alternativa simbólicamente, a sus 88 años, en Nimes.

Su toreo

Logró dar una vuelta de tuerca al rejoneo en España. A su maestría como caballista y en la doma y a su capacidad campera en el manejo de los caballos, añadió más depuración y pureza en las suertes, dentro de una línea clásica, con aportación de aires de alta escuela (piafé, passage, paso español, la levade, lanzada y vertical, entre otros). Todo ello, envuelto con una pasión excelsa, con esa misma pasión con la que acariciaba la vida en una simple charla privada o se entregaba al galope delante de miles de ojos en el ruedo.

En una actuación histórica en 1971 cortó cuatro orejas y un rabo en La Maestranza

Fue creador de algunas suertes, como la de la rosa, que nació en la plaza de Sevilla y que en el libro La historia insólita del toreo a caballo describe de ésta singular manera:

"En una corrida de Sevilla, una mujer muy bella, que se asustó cuando el toro estuvo a punto de cogerme, arrojó una flor para hacerme el quite. Era una rosa que cayó a la arena, entre el toro y yo. Una rosa que llevaba en el pecho. Entonces yo me tiré del caballo, até la flor a una banderilla corta y le brindé la suerte: -¡Para que no se asusten/ en la plaza las hermosas,/ a los toros las heridas/ se las cubriré de rosas".

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