Sebastián Castella sigue dándole mecha a la Feria de Castellón

El diestro francés corta dos orejas a su primer toro tras una gran faena · Morante, tablas con un deslucido lote · Perera, volteado sin consecuencias, consigue un trofeo

El torero francés Sebastián Castella, en su salida en hombros, ayer, en Castellón.
El torero francés Sebastián Castella, en su salida en hombros, ayer, en Castellón.
J. M. Núñez (Efe) / Castellón

13 de marzo 2010 - 01:00

GANADERÍA: Toros de Vegahermosa, aceptablemente presentados, pero flojos y descastados, en general de poco juego. Sólo el segundo embistió de verdad. TOREROS: José Antonio 'Morante de la Puebla', ovación y silencio. Sebastián Castella, dos orejas y ovación. Miguel Ángel Perera, ovación tras aviso y oreja. INCIDENCIAS: Plaza de Castellón. Lleno en tarde entoldada y fría.

Una gran faena de Sebastián Castella al segundo toro de la tarde, premiada con dos orejas, le abrió la puerta grande, en el sexto festejo de la Feria de La Magdalena de Castellón, en el que también Miguel Ángel Perera consiguió un apéndice.

Sigue la feria enrachada, como no podía ser de otra forma, con las figuras. Aunque en la corrida de hoy se dan también muchas circunstancias en contra. Fundamentalmente la del ganado.

Triunfo rotundo el de Castella. Perera se llevó una oreja por la impresión que produjo una tremenda voltereta. Mientras, Morante hizo tablas con su deslucido lote.

Rompió el fuego Castella en el segundo, primero de su lote, un toro más que aparente de presencia para lo que suele ser habitual en esta plaza y feria, que resultó noble, y más que nada embistió en todas las distancias y terrenos.

El torero francés lo vio claro desde el principio, haciéndose presente con un toreo a la verónica templado y fino. Mal picado y peor banderilleado, sin embargo el de Vegahermosa no perdió ni una sola cualidad para la muleta.

Cinco estatuarios, cinco, sin enmendarse. Y cuando se echó la muleta a la derecha, primero tomando al toro de largo, surgió una tanda limpia, acompasada y con hilván. Otra más en la media distancia de igual guisa. Al natural, por venirse el toro a menos, para compensar, creció el aguante del torero. Ya definitivamente en las cercanías hubo un lío muy considerable de pases en el que destacó un pendulazo sobre la marcha, de increíble ajuste. Dos invertidos sin rectificar y una especie de para allá y para acá haciendo venir al toro en un espacio mínimo, algo sensacional. Un parón muy logrado.

Todavía cuatro manoletinas de gran empaque antes de la estocada, que a pesar de resultar algo caída dio paso a las dos orejas.

El quinto, en el aire del conjunto, fue toro moribundo. No obstante, Castella buscó afanosamente un triunfo a todas luces imposible. Otro recibo de capote lucido, aunque no pudo repetir en el quite con el toro pegándose un costalazo.

El primer pase cambiado para abrir faena, muy vistoso y emotivo, esperando en los medios al toro, que se vino galopando desde la otra punta. Hubo clamor en ése y en los tres muletazos siguientes, pasándoselo al toro muy cerca.

Pero hasta ahí. No aguantó ninguna serie más sin claudicar. Si no en el segundo, en el tercero y hasta en el primer muletazo, se fue cayendo el toro. Los pases de uno en uno y a media altura. No había contenido alguno en la faena, que, sin embargo, se siguió con expectación.

Alardes finales entre los pitones: un cambio por detrás, medio circular invertido, cosas inconclusas. Pero si lo caza a la primera, con tanto ambiente, hubiera sumado una oreja más. Al final el fallo a espadas dejó las cosas en su sitio. Ovación y punto.

Perera tuvo un primer toro que, aun moviéndose, no tuvo clase. Anduvo fácil el extremeño, muy quieto y reunido, pero sin resolver.

En el sexto, ya está dicho, el susto de salir por los aires y verlo en el suelo a merced del astado que le buscaba despiadadamente, por fortuna, sin llegar a calarle, fue determinante para meter a la gente en faena.

Maltrecho el torero, los guiños de valor y arrojo tuvieron especial consistencia, mucho más de lo que en sí representaban, dado que el toro estaba también prácticamente acabado. Estocada, oreja y todos tan contentos.

Morante apuntó sin disparar, tanto por falta de toros como por el sello de indolencia que tuvieron sus trasteos. Ni una tanda ligada en su primero. Ni querer ver al cuarto. Está todo dicho.

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