La rotundidad de José Tomás y la torería de Aparicio, en Castellón

Los dos toreros salieron a hombros tras una corrida muy toreable de Jandilla en la que el mejor toro se fue con las orejas por el fallo a espadas de Abel Valls

Juan Miguel Núñez / Castellón

12 de marzo 2010 - 01:00

GANADERÍA: Seis toros de la ganadería de Jandilla, desiguales de presencia, los tres primeros demasiado escasos, mansos y flojos. Conjunto sin embargo muy toreable, destacando primero, cuarto, quinto y, sobre todo, el sexto toro de la suelta. TOREROS: Julio Aparicio, estocada fulminante (una oreja); y estocada (una oreja). José Tomás, pinchazo y estocada baja (silencio); y estocada caída con vómito (dos orejas). Abel Valls, estocada trasera (silencio tras leve petición); y seis pinchazos y estocada (palmas tras un aviso). INCIDENCIAS: En cuadrillas, buenos pares a cargo de Ángel Otero y David Díaz, que saludaron en el cuarto. La plaza tuvo lleno de No hay billetes en tarde despejada y muy fría.

Una faena de impecable solemnidad de José Tomás, premiada con dos orejas, y un tarde repleta de torería a cargo de Julio Aparicio, le sirvieron a ambos para salir a hombros en el quinto festejo de La Magdalena, celebrado en la tarde de ayer en la plaza de toros de Castellón.

La gente vino a ver a José Tomás y no salió defraudada. Un José Tomás que brindó rotunda faena en el quinto de la tarde. Muy plantado y seguro, mandón y valiente, arrogante también por la compostura. Cortó dos orejas de las de verdad.

Y por el mismo precio, dos trasteos asimismo presididos por la gracia sandunguera de un inspiradísimo Julio Aparicio, premiadas cada una de ellas con un trofeo.

Fue tarde redonda para todos, aunque el local que cerraba terna, el joven Abel Valls, terminaría cerrándose la Puerta Grande con la espada.

En el debe del ganadero de Jandilla, el escaso trapío de los tres primeros toros de la corrida. También hubo mansedumbre de más. Pero en el haber, la nobleza, consustancial a todo el envío. Y más: la clase y la alegría del sexto, un gran toro.

Las dos faenas de Julio Aparicio, preñadas de genialidades, de asoleradas formas. En el que abrió plaza, muy asentado en lo fundamental. El cuarto "se dejó" menos, pero volvió a tener sabor el quehacer del torero, sobre todo en los majestuosos lances de recibo a la verónica. En ambos con la espada, también fetén.

José Tomás se empeñó en un imposible con el segundo, un toro manso y huidizo, con el que no cabía si no una lidia de otros tiempos, de meterse por bajo, poderle y a otra cosa. Pero, no. Quiso darle pases como si fuese un toro normal, y casi, casi naufraga.

No hay quinto malo. Y aquí se sacó José Tomás la espina con creces. La faena fue un dechado de valor y donosura. Nada especial con el capote, pero tuvo mucha altura con la muleta, siempre a más.

El engaño por delante, enganchándolo "allí" para traérselo muy toreado hasta "allá". Oportunas pausas entre series. Muy centrado el torero en "los toques", excelente puesta en escena, por la solemnidad y trascendencia que tuvo aquello, con un José Tomás desgranando pases y pases largos, hondos y de inmaculada precisión. A todo esto, los cambios por detrás, los pases de trinchera y otros remates. Faena recia y muy torera. Cayó la espada ligeramente baja, pero nada fue óbice para el doble trofeo.

Abel Valls, por su parte, intentó aplicar suavidad frente al manso tercero, sin lograr nada destacable.

El sexto toro del encierro, ya está dicho, fue el toro de la tarde, por lo humillado que iba, largo y repetidor. Tardó en acoplarse el torero de Castellón, pero la faena terminaría yendo a más, con dos tandas a derechas de muy buen trazo y naturales sueltos también a considerar. Le faltó la espada, con la que dio lo que se dice un sainete.

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