Casas de Acogida de menores

Nuevo Futuro: El calor de un hogar abierto a la esperanza

  • La visita a la casa de acogida de la asociación en Camas desvela el buen hacer de esta entidad que desde el 85 procura una crianza feliz a menores en situación de desamparo

Un educador conversa con uno de los menores en una de las habitaciones del hogar de acogida. Un educador conversa con uno de los menores en una de las habitaciones del hogar de acogida.

Un educador conversa con uno de los menores en una de las habitaciones del hogar de acogida. / José Ángel García

Se abre la puerta y la normalidad reina como en cualquier casa de vecino. En cuanto se sobrepasa el umbral, distintos jóvenes salen de sus habitaciones para reconocer a quien les visita. En sus cuartos, cuatro, todo está en perfecto orden. Camas hechas, ropa guardadas y fotos de sus ídolos, familiares y amigos cuelgan de los corchos sobre sus escritorios de estudio. La vida de cualquier adolescente se refleja en este piso de Camas. Sus habitantes, sin embargo, guardan una historia personal difícil que aquí intentan superar. Le ayudan y luchan por ello los educadores de la asociación Nuevo Futuro, que conviven con estos menores privados de familia y en riesgo de exclusión social las 24 horas del día por turnos. Son sus referentes y tienen clara su misión: procurarles un porvenir, en un entorno y ambiente lo más semejante posible a una familia y con un apoyo constante para que crezcan rodeados de cariño y puedan integrarse plenamente en la sociedad.

En la actualidad, Nuevo Futuro posee cinco hogares funcionales en la provincia de Sevilla (Camas, Castilleja, Tomares y Espartinas) que dan mucho más que cobijo, dentro de su Programa de Acogimiento Residencial Básico, a 40 menores en situación de desamparo tutelados por la Junta de Andalucía.

La asociación asume su guarda legal y se esfuerza por supervisar diariamente que estos jóvenes crezcan en un entorno favorable para su desarrollo integral. Para ello, los especialistas ponen en práctica programas de autonomía personal, habilidades sociales, apoyo y refuerzo escolar o formación y orientación laboral, entre otros. En cada uno de estos hogares viven entre 6 y 8 niños, con una media de edad de 14 años (aunque el menor tiene 4 años), la mayoría de nacionalidad española.

La historia de más de 30 años y 40 menores

Salón-comedor, donde la presidenta y la directora de hogares muestran el cuadro de recompensas y tareas. Salón-comedor, donde la presidenta y la directora de hogares muestran el cuadro de recompensas y tareas.

Salón-comedor, donde la presidenta y la directora de hogares muestran el cuadro de recompensas y tareas. / José Ángel García

Mucho ha cambiado la situación de la asociación desde que se fundó en 1985 en Sevilla con un piso de acogida en la calle Feria –en el 68 lo hizo en Madrid–, gracias a la colaboración de Cayetana de Alba y un puesto del rastrillo de Madrid. "Hasta 2013, Nuevo Futuro lo que hace es crear distintos recursos y programas. A partir de la crisis, y los recortes, los hogares de la capital se trasladan a la provincia, donde sí es cierto que la crianza es más sana y segura. Mantenemos la atención y las necesidades de los menores pero los recursos no son suficientes", detalla Marián González Romero, directora de Hogares de Acogida de Nuevo Futuro Sevilla, quien reseña cómo el perfil de los menores también se ha modificado: "En los orígenes, recibíamos a niños muy pequeños, lo que nos permitía construir un camino juntos. Ahora, cada vez son más los adolescentes que llegan hasta nosotros fruto de un cese de acogimiento o desde su casa familiar, por lo que existe muy poco margen de actuación, ya que su permanencia aquí es hasta los 17 años, y la labor, en muchos casos, es más de contención que de construcción".

La actividad principal de la asociación son los hogares de acogida. "Queremos romper con la idea de los hospicios con una atención más directa en hogares más pequeños que los centros de acogida. Así, en cada casa viven entre 6 y 8 menores en amplias habitaciones compartidas por sexos".

Al equipo de cinco personas que siempre les acompañan, "y que son sus pies y sus manos", se suma un equipo técnico conformado por una trabajadora social y una psicóloga. Los educadores sociales que guían a estos chicos es una plantilla estable y son profesionales educadores y auxiliares educativos formados en Educación Social, Ciencias Sociales y de la Educación.

Mónica Gutiérrez y Marián González, presidenta y directora de hogares de Nuevo Futuro, respectivamente. Mónica Gutiérrez y Marián González, presidenta y directora de hogares de Nuevo Futuro, respectivamente.

Mónica Gutiérrez y Marián González, presidenta y directora de hogares de Nuevo Futuro, respectivamente. / José Ángel García

La clave está en formar equipos equilibrados con capacidades y habilidades compensadas. La mayoría de los menores llegan con grandes carencias de afectividad y autoestima. "Cuando consiguen adaptarse se abren emocionalmente y entonces es cuando pueden trabajarse otras cuestiones más allá de sus necesidades básicas", comenta González, quien reconoce: "Es imposible no crear vínculos porque convivimos con ellos y eso es lo que nos humaniza".

Rutina y autonomía para ser felices

El día a día se intenta que sea lo más normalizado posible, "crear un rutina fija, aunque en momento puntuales pueda saltarse, como ahora en verano con las colonias en Chipiona", detalla uno de los educadores.

Los menores se levantan, hacen sus camas, desayunan y se disponen para ir al colegio o instituto. Educados para una vida autónoma, y en función de la edad, se les asignan unas tareas domésticas concretas, como poner lavadoras, tender, fregar la vajilla... "Es fundamental que sepan defenderse porque a los 18 años tienen que estar preparados para el camino que les toca recorrer sin nosotros. En el 95% de los casos regresan con un familiar", explica la directora del hogar.

Las habitaciones son compartidas por dos menores, y repartidos por sexo. Las habitaciones son compartidas por dos menores, y repartidos por sexo.

Las habitaciones son compartidas por dos menores, y repartidos por sexo. / José Ángel García

En las habitaciones, el paso de jóvenes que ya salieron queda reflejado. En la habitación de las chicas, un mural morado de una joven que se adaptó a la perfección y que obtuvo como premio esta pintura se conserva y decora el cuarto. Un puzzle en el salón, cuyas piezas a modo de collage han sido creadas por los jóvenes, refleja sus deseos y sueños. Sólo los extintores y los carteles de salida de emergencia rompen con la calidez del hogar. "Ahora está todo muy protocolizado y estamos obligados a tener todo lo reglamentario, pero ellos lo terminan integrando, aunque al principio les choque", afirma la directora.

Este hogar de Camas, con cuatro habitaciones, salón-comedor, cocina, lavadero, despacho, tres baños, trastero y azotea es un piso más en una comunidad de vecinos que ha integrado a la perfección la vida con los menores. "Pretendemos que tengan una vida normal, pero, sobre todo, feliz. Los educadores realizan un trabajo muy vocacional y eso se nota porque son muchos los que, cuando pasan los años, nos insisten en que echan de menos ese buen ambiente", concluye la presidenta de Nuevo Futuro Sevilla, Mónica Gutiérrez.

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