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Cuarenta años de tuna de Filosofía y Letras

  • La tradicional celebración del homenaje a Don Juan Tenorio tendrá mañana un carácter especial

Recién empezado el curso 76/77 en el patio de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, donde actualmente está el edificio anexo de Bellas Artes en la calle Gonzalo de Bilbao, un joven llamado Pepe Araújo fumaba cuando fue abordado por otro compañero llamado Manolo Díaz. La pregunta era sencilla: si quería formar parte de la tuna que estaban planeando refundar. Otro compañero, José Luis Espejo, también fue tentado para formar parte de los pioneros que consiguieron resucitar la rondalla de la facultad. Ellos junto con Pepín Fuente, José Antonio García Conde, Carlos Holgado, Fidel Cañizares, Miguel Calero, Amaro Troya Pavón y muchos que se unieron más tarde como José Carlos Janeiro y las promociones de estudiantes que han ido llevando o aún pasean la beca y la capa con el nombre de Filosofía y Letras de Sevilla. Una comisión consiguió 10.000 pesetas del decano. Con este presupuesto compraron fieltro para las capas, raso para los trajes, "la inexperiencia que teníamos nos hizo comprar ese tejido y cuando llegó el invierno nos moríamos de frío", recuerda uno de ellos.

De este fondo salieron también los primeros instrumentos, recuerda Pepe Araújo, "dos panderetas, una sonaja, un triángulo, dos bandurrias y dos laúdes". Tanta prisa tenían por rondar que la noche del 31 decidieron quedar en la Hostería del Laurel y, después fueron hasta la estatua de Don Juan Tenorio en la Plaza de los Refinadores. De este modo, quedó instituida una costumbre que se repite cada 31 de octubre por la noche.

Los comienzos de la tuna coinciden con la Transición y éstos también influían en las letras de las canciones. Se introdujeron los boleros y canciones que trataban al amor desde un punto de vista no tan idealizado. "Una institución que desde fuera se veía como conservadora, incluso tenía entre sus miembros algún militante del PCE", explica uno de los veteranos.

A partir de aquí, muchas rondas, pero también festivales benéficos, un premio en el certamen de tunas de 1980 celebrado en el Teatro Lope de Vega, e incluso un disco. Se llamó El desafino lanzado por Calé Records en el año 1995 con letras de Eduardo Maestre, otro miembro de las tunas que también hace los arreglos musicales.

De este modo, quienes se acerquen mañana a partir de las 22:00 por la Hostería del Laurel, en la Plaza de los Venerables encontrarán una divertida farsa del encuentro entre don Luis Mejías y don Juan Tenorio para después, cantar y leer sonetos en la Plaza de los Refinadores. Entre 30 y 40 tunos de diferentes promociones, unidos a las estudiantinas de otras facultades, no faltan a esta cita cada año, que esta vez será especial por la celebración del aniversario.

De esa decena primitiva que aprendió a tocar y fueron bautizados por antiguos tunos, algunos continúan con las rondas, "porque cuando uno ha sido tuno, sigue siéndolo siempre". La unión entre los veteranos y las nuevas promociones sigue porque "hay que mostrarles que es necesaria una disciplina de ensayos, unas normas y unas reglas porque aunque la imagen está ligada a fiestas y juergas, ser tuno es algo serio y tiene sus reglas".

Independientemente de las ayudas a los tunos que empiezan, los veteranos tienen tres citas fijas al año: esta del Tenorio, la Inmaculada y el certamen de tunas que se celebra en el mes de mayo. Y es que, si hay algo que cualquiera que ha pasado por una tuna tiene claro es que "es complicado colgar la capa y la beca para siempre".

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