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Vida después de la suerte

  • Luis Manuel Osborne reúne una colección de cupones de la Once con 10.450 ejemplares

Hay para quien los cupones de la Once, más allá del juego y el azar, tienen otro recorrido. Conseguir los números capicúas o los correlativos con las cifras de color rojo, incluso uno diario desde el 1 de enero de 1984, siempre que termine en 13 o en 0 se convierte en un reto y en una forma de que este pequeño trozos de suerte tenga vida una vez pasado el sorteo. Una muestra de esto es Luis Manuel Osborne Tosar, que a lo largo de los años ha conseguido reunir 10.450 cupones.

Esta afición empezó como comienzan las buenas historias, por casualidad. En realidad, quien decidió coleccionar los cupones fue su hijo, también llamado Luis, que por entonces estaba estudiando Derecho. "Era poco antes de la Expo 92 y reunía aquellos que tuvieran que ver con la Exposición Universal. Como no quería que nada le distrayera de la carrera, le dije que estudiara, que yo me encargaría de la colección". Así fue como este perito industrial convirtió los cupones en un motivo de colección que hace las delicias de quienes visitan su casa y que parece tener sucesión en uno de sus nietos, que tiene 12 años.

En sus álbumes se pueden encontrar curiosidades como los 1.000 números de tres cifras y otros tantos con números capicúas. Porque, como explica Osborne Tosar, se pueden hacer muchos tipos de colecciones con los cupones: terminados en un número concreto, por tipo de cupón, según el motivo gráfico que acompaña al número, si los números son rojos o negros, etcétera. La cuestión es buscar una razón y lanzarse a la aventura. "Siempre hay algo que hacer, si el cupón que tenemos está estropeado, buscarlo en buenas condiciones, la mente siempre está activa", afirma Osborne.

Para los coleccionistas, lo mejor es conseguir la pieza ansiada. En este camino no están sólos, sino que completar la compilación, supone conocer a personas con las que comparte inquietudes. "Somos muchos los coleccionistas que nos conocemos de diferentes ciudades: Madrid, Tarragona, pero también en Sevilla, como Antonio Jiménez, que vive en Dos Hermanas y tiene los 100.000 números guardados en álbumes". Incluso se ayudan entre ellos para mantener cierto orden. "Uno de nosotros que ha realizado un catálogo donde indica los números premiados cada día y cuál es la imagen que acompaña a la cifra", explica.

Cada cupón de la amplia colección de Luis Manuel Osborne tiene su propia historia. "Normalmente los consigo, además de los que compro diariamente, a través de los amigos que saben mi afición, las peñas o los bares. Antes, en la Plaza del Cabildo estaba Manolo Romero, que traía cupones antiguos, pero desde que falleció ya no hay nadie " .

Salvo un coleccionista de Tarragona, las restantes personas que se dedican a reunir cupones no comercializan con ellos. Utilizan un sistema tan antiguo y eficaz como el del trueque. La principal condición para que el cupón sea candidato de entrar en el álbum de alguno de estos coleccionistas es que el billete no esté roto ni doblado. Es decir, el boleto debe estar como recién comprado.

Como toda colección que se precie, la de Luis Manuel Osborne también tiene sus hitos, como un cupón del 5 de septiembre de 1944, que coincide con el año de nacimiento del coleccionista. Hay que tener en cuenta que la Organización Nacional de Ciegos se fundó por un Decreto de 13 de diciembre de 1938. Con su creación, las distintas asociaciones surgidas a inicios de siglo, además de su unión en una sola organización, obtuvieron el reconocimiento y protección del Estado para el cupón pro-ciegos. Los primeros sorteos se realizaron el 8 de mayo de 1939 y durante casi 45 años se emitieron diariamente alrededor de 30 sorteos, uno por delegación provincial o comarcal. Ésta es una de las dificultades con las que se ha encontrado Luis Manuel Osborne para terminar su colección. "Uno de los más difíciles para conseguir fue el del 8 de diciembre de 1988, puesto que sólo hubo sorteo en Bilbao al ser festivo. Algo similar ocurrió con el del 19 de marzo de 1987, que sólo hubo sorteo en unas ciudades al ser entonces el día de San José no laborable".

En sus 10.450 ejemplares se pueden ver desde los 1.000 cupones de tres cifras cuando el billete de la suerte era un papel cuadrado hasta los que tienen todas las cifras en rojo, los capicúas, o los que a semejanza del juego de cartas llama full con tres y dos cifras iguales.

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