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Bajo los buitres de la Sierra de Grazalema

  • La colonia de aves carroñeras y el sendero de la Garganta Verde son algunos de los atractivos del parque natural gaditano

Aunque a veces parezca que el verde en Andalucía sólo tiñe la bandera de la comunidad, hay un lugar en estos territorios del sur de España donde este color rezuma belleza y vida. En la zona del país donde se registra el mayor índice de pluviosidad, la Sierra de Grazalema, se encuentra la Garganta Verde, un paraje natural de alto valor biológico que, incluso en verano, se deja contemplar por el aventurero en su máximo apogeo. Desde los centros de visitantes de El Bosque y de Zahara de la Sierra se puede conseguir la autorización necesaria para acceder al sendero señalizado o bien contactar con empresas de turismo activo que trabajan en los alrededores.

La Garganta Verde es un cañón que se ha formado a lo largo de miles de años por la erosión del arroyo Bocaleones. Las vistas de sus parajes y su fauna son sus mayores atractivos. De hecho, uno de los principales reclamos es la colonia de buitres leonados que habita estos lugares, ya que se trata de una de las poblaciones más numerosas de Europa. Según informan en el Centro de Visitantes El Bosque, su interés es tal que hay personas del extranjero que se desplazan hasta este punto sólo para caminar bajo el vuelo circular de estas aves carroñeras.

Hasta el próximo 15 de octubre, por motivos de seguridad, sólo puede accederse hasta el primer tramo del sendero señalizado que recorre el cañón. El límite se estipula en el primer mirador, a unos 500 metros del comienzo del recorrido en el Puerto de los Acebuches, en la carretera que une Grazalema con Zahara de la Sierra. En este tramo, el visitante puede disfrutar del tupido matorral mediterráneo con retamas, acebuches, palmitos y lentiscos que cobijan a la abundante avifauna. Desde este balcón se puede visionar de forma privilegiada, además de la buitrera, la garganta.

Para los más arriesgados y aventureros, existe la posibilidad de introducirse en el centro neurálgico del cañón: la cueva de la Ermita, de origen cárstico y sita en la profundidad de la garganta. Para ello, la única opción es el barranquismo, que puede practicarse por iniciativa propia (aportando el visitante los medios necesarios) o a través de las empresas de turismo activo que operan en la zona y de las que en los centros de visitantes se facilita información.

La gruta, que se formó a partir del derrumbe del cauce habitual del arroyo Bocaleones sobre el subterráneo, recuerda las dimensiones de un templo. Entre la superficie y el cauce que hay bajo la galería, llaman la atención las paredes del cañón donde proliferan algas de sus rocas. Además del silencio, el aventurero que se atreva a descender el tajo disfruta de la visión de las estalactitas y estalagmitas que cuelgan desde el techo de la bóveda. Conforme se desciende la gruta, la temperatura se vuelve más fresca, señal de que está cerca el cauce, y las adelfas, laureles y durillos son más abundantes.

El disfrute de este enclave natural en verano es posible siempre que se respeten las medidas de seguridad establecidas, que, además de acceder con la autorización pertinente, exigen que "todo lo que entre en el paraje salga de él", en referencia sobre todo a los víveres que introducen muchos viajeros.

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