Repostería conventual

¿Cuáles son los dulces de Navidad que hacen las monjas de Sevilla?

  • Las monjas de Sevilla elaboran viejas recetas de repostería que son verdaderas joyas gastronómicas

  • En estas fechas pueden adquirirse en los tornos de los propios cenobios o en tiendas especializadas

Una monja en el torno del Convento de Santa Inés. Una monja en el torno del Convento de Santa Inés.

Una monja en el torno del Convento de Santa Inés.

Suspiros de monja, yemas de Santa Teresa, tocinos de cielo, huesos de santo, glorias, corazones de obispo u orejas de fraile son los nombres de unos dulces que no pueden esconder su procedencia.

Los obradores de los conventos y monasterios españoles llevan siglos horneando pastelillos, hojaldres y magdalenas; espesando el almíbar y las yemas de huevo, y embadurnando de azúcar o canela alfajores y roscos de limón.

Cada congregación religiosa se ha especializado, a lo largo de años y años de dedicación, en una delicia, que es la que le distingue del resto de la repostería conventual.

El listado de dulces que elaboran las monjas es infinito, pero por sus peculiaridades hay algunos que son especialmente apreciados.

Andalucía puede presumir de contar con un centenar de conventos y monasterios famosos por su repostería. Para adquirirlos, una alternativa es asistir a las distintas muestras que se celebran en distintas ciudades de Andalucía o acudir directamente al convento donde, al saludo de “Ave María Purísima” una monja abrirá el torno y, tras nuestro “Sin pecado concebida” tomará buena nota de nuestro pedido.

En ocasiones, solo el trayecto hasta el convento o monasterio merecerá muchísimo la pena porque en su mayoría están asentados en un histórico entorno.

Los dulces conventuales de Sevilla son una auténtica mina de recetas de siempre trabajadas con amor artesano.

Un lugar estelar ocupan las yemas del convento de San Leandro, obra de arte de huevo y azúcar clarificado con unas gotas de limón que ya se elaboraba en el siglo XVI.

El torno de Santa Paula elabora una amplia variedad de mermeladas caseras exquisitas, cremas, dulces y gelatinas de frutas y flores, alfajores mozárabes de almendras y nueces…

En el Convento de San Clemente encontramos los cortadillos, piñonadas, dulzuras; el de Santa Inés es conocido por sus apreciados bollitos; el del Socorro, cortadillos de chocolate con naranja; el de Santa Ana, mantas y suspiros; el de Madre de Dios el postre de ‘gallina en leche’; y el de Santa María de Jesús, turrones y delicias de miel.

Todo un alarde de refinamiento celestial.

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