Petro Valverde, uno de los grandes genios de la aguja andaluza

Petro Valverde, una vida enhebrando arte

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Petro Valverde, una vida enhebrando arte

El día que Petro Valverde fue a visitar la exposición que Balenciaga había abierto en Madrid tuvo claro que su futuro estaría vinculado a la alta costura. Cuando regresó a Sevilla hizo sus maletas y en sólo dos meses se encontraba buscando un hueco en los talleres de moda madrileños.

"Desgraciadamente en aquella época no había grandes talleres en Sevilla. Había un buena modista, María Repiso, pero nada comparado con el boom de moda regional que ha existido a posteriori", asegura ahora.

Aquel joven que desde pequeño había soñado con el diseño y el patronaje de ropa femenina comenzó pronto a vivir su sueño, aunque, según asegura, no fue una tarea fácil. "Al principio utilizaba a mis hermanas y primas como modelos y cosía para ellas porque, al no existir una formación específica, todo se aprendía en los talleres de costura, donde ibas labrándote un sitio en función de tus cualidades". Y Petro no lo tuvo que hacer nada mal, porque aunque cuando llegó a Madrid, en 1974, empezó como patronista, sólo tres años más tarde ya estaba trabajando como cortador y colaborador de Pedro del Hierro. Comenzaba entonces a tejer su sueño en la alta costura.

"Mis referentes siempre fueron Balenciaga y Elio Berhanyer. Balenciaga fue el que despertó en mí un sueño que había estado latente desde joven y Elio fue desde el principio el referente de modista andaluz en el que me quise mirar. Llamé muchas veces a su puerta pero no tuve suerte. Era tanta mi admiración por él que me conformaba con verlo de lejos y me pasé mucho tiempo viéndolo desayunar cada mañana en una cafetería. Con el tiempo hemos llegado a ser muy buenos amigos y nos hemos reído juntos de aquellas anécdotas", dice.

Su carácter inconformista hizo que Petro decidiera pronto dar un salto al vacío y en 1980 se animó a crear su propio taller. El mimo que pone en cada diseño lo llevó a codearse casi desde el principio con clientes VIP de la talla de la princesa Tessa de Babiera, Marisa de Borbón o la Casa Real Jordana, con los que hoy sigue manteniendo una relación de amistad y respeto.

Pero si algo sorprendió a aquel modista de provincias, como él mismo se denomina, es el día que recibió una llamada de la Casa Real para pedirle algunos bocetos para las jóvenes infantas, doña Elena y doña Cristina, que estaban empezando a realizar sus primeros actos públicos en solitario. "Me acuerdo de aquella llamada perfectamente. Llegaron a mí porque mi nombre estaba empezando a sonar en la sociedad madrileña. Cuando colgué el teléfono llamé emocionado a casa. Quería que todo el mundo supiera que la Casa Real me había elegido. Cómo sería mi estado de emoción cuando finalmente me dijeron que habían aceptado algunos bocetos y que pasarían a recogerme para hacer las primeras pruebas, que esos días tuve hasta que tomar pastillas para dormir", recuerda.

A partir de ese día Petro comenzó a entrar con frecuencia en Zarzuela y se convirtió en uno de los diseñadores de cabecera de Doña Elena, tanto es así que diez años después lo eligió para que fuera él quien diseñara el traje de su boda. "Fueron años de discreción y mucho respeto y, cuando me dijeron que me encargaría de diseñar su vestido de novia pedí a la Casa Real que por favor lo comunicaran lo más tarde posible. Quería disfrutar de aquel momento único alejado de cualquier presión mediática. Ellos lo entendieron y me ayudaron a hacer mi trabajo muy tranquilo", dice al tiempo que reconoce que para él aquella boda fue un punto de inflexión en su carrera y un auténtico trampolín para darse a conocer tanto en España como en el extranjero.

"Imagínate qué fue aquello para mí, un chico de provincias que había tenido que dejar su ciudad porque en ella no podía ejercer su gran pasión y que se vio obligado a convertirse en emigrante en su propio país y que cuando vuelve a Sevilla lo hace con el trabajo más importante de su vida, vistiendo a la novia en la primera boda real que se celebra en su ciudad en casi 100 años", dice al recordar aquella cita histórica.

Aunque asegura que Madrid le ha dado "todo lo que profesionalmente le ha pedido", a Petro le encantaría poder regresar a su tierra natal, a la que se siente muy vinculado. Por eso presume de tener en su haber la medalla de oro hispalense y confía que algún día la Junta de Andalucía reconozca su valía y le otorgue también la distinción regional. "Espero que Andalucía algún día se acuerde de mí; creo que tengo méritos más que suficientes para pedir la medalla", reclama.

La boda de Doña Elena le ayudó a reforzar su trayectoria en la alta costura, aunque a principios de 2000, cuando algunos comienzan a atisbar la crisis, decidió dar un giro a su trayectoria y se lanzó también al pret a porter de novia y fiesta. "Claro que influye la crisis en la alta costura, que me lo digan a mí, que me tuve que agarrar al pret a porter", asegura rotundo.

A pesar de que es uno de los grandes de la moda española y reconoce que los nuevos valores lo tratan con mucho respeto, Petro sigue manteniendo el mismo espíritu inconformista que en sus orígenes y cuida al extremo cada una de sus colecciones. "El día que se presenta una nueva colección paso mucho miedo pero eso me sirve para darme cuenta de que tengo los pies en la tierra. El día que no sienta cosquillas en el estómago cuando presente un desfile, tengo muy claro que recogeré mis bártulos y me dedicaré a otra cosa", recalca este sevillano al que le sigue gustando más el término de modista que el de diseñador. "Todavía me queda mucho que hacer en esta profesión que tanto quiero y, si algún día creo que he tocado techo, me daré cuenta de que realmente no he llegado a nada".

Artículo publicado por I. Brea en los diario del Grupo Joly

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