La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La cultura del chalequillo
EN las viejas películas de vaqueros había una escena que se desarrollaba en la cantina del pueblo, que terminaba en una gran pelea de todos contra todos, con destrozo de muebles y disparos al aire y en la que un pianista seguía tocando entre golpes y balazos. Sobre el piano aparecía un cartel con la frase: "Por favor, no disparen al pianista". El cartel nos venía a decir que era más fácil darle al pianista un mamporro que al cantinero armado de una escopeta de dos cañones.
Es la sensación que tengo hace unos años, que en el enfrentamiento político de todos con todos siempre es cómodo que haya un arquitecto por medio, al que meter en la bronca. Y por supuesto esa sensación es muy viva en Sevilla. Hace unos días la corporación municipal ha puesto en el punto de mira a Jürgen Mayer, el arquitecto del Metropol Parasol, para reclamarle daños y perjuicios. Ya veremos que resulta de ello. Lo que es cierto al día de hoy es que el edificio figura en la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York, en la colección del Staatliche Museen de Berlin, en la colección del Museo de Arquitectura Alemana en Frankfurt, y ha sido distinguido con varios premios como el Holcim 2005, el Europe Bronze for Sustainable Construction, el Reddot Award 2012 y ahora es candidato al premio de ámbito europeo Mies van der Rohe de este año.
Hace tres meses, cuando Caixabank decidió unilateralmente dejar de hacer el proyecto Caixafórum en las Atarazanas, se dejaron caer todo tipo de comentarios sobre el proyecto diseñado por el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra y sobre el mismo arquitecto. Fuera de Sevilla, hace poco se publicó un titular, que en mi opinión daba pie al equívoco, sobre Santiago Calatrava que decía que éste se había trasladado a Suiza. Basta documentarse un poco para saber que el arquitecto Calatrava se trasladó a Zurich hace décadas, precisamente para estudiar arquitectura y es donde vive. Y sus hijos son nacidos en Suiza. Pero quizás sonaba ocurrente mencionar Suiza, por aquello de las cuentas de dinero no declarado. Cuanto más lío y enredo mejor. Y para finalizar esta mínima relación, el Gobierno de España ha puesto en marcha un Anteproyecto de Ley de Servicios Profesionales, según el cual, para ejercer la arquitectura en España no hará falta ser arquitecto. No acabo de entender la necesidad de esta ley, ni si beneficia a la sociedad, que sería la única razón que entendería.
Los edificios que han suscitado más polémica en nuestra ciudad últimamente, (Caixafórum en Atarazanas, Biblioteca universitaria en el Prado, Torre de oficinas iniciada por Cajasol, Plaza de la Encarnación), han sido promovidos por distintas instituciones y entidades y la solución arquitectónica se ha seleccionado mediante concurso. Con ocasión del debate sobre la torre que ahora Caixabank edifica en Puerta Triana, se comentó que la Unesco nos iba a poner en una especie de lista negra de ciudades que no cuidábamos nuestro patrimonio. Quizás pasemos a estar en una lista negra de ciudades poco fiables para participar en un concurso de arquitectura.
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