La cultura del chalequillo

La lección está bien aprendida en Andalucía: hay que estar tensionados como futbolistas en un córner

La pastoral de las redes sociales

Nosotros somos los primeros catetos, Antonio

Antonio Sanz, consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía.
Antonio Sanz, consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía. / M. G.

04 de febrero 2026 - 04:00

Nuestros militares se afanan con todo acierto en promover la cultura de defensa, aquella que enfoca el papel del Ejército como garante de la democracia y las libertades, como siempre explica el teniente general Melero en la sede de Capitanía o en todos los foros a los que acude invitado. La cultura o conciencia de defensa supone una concepción moderna del Ejército que incluye una apertura constante a la sociedad, una estrategia inteligente de puertas abiertas, una proximidad con el ciudadano a través de la intervención urgente en incendios o temporales, procesiones populares, juras de bandera para civiles, izados de la enseña nacional con cientos de escolares, cátedras que fomentan estudios históricos o una colaboración leal y productiva con otras entidades (la Junta, la Universidad, el Ateneo...). La cultura de defensa consiste en que veamos el Ejército como el seguro del hogar de toda España, como explica el teniente reservista Moeckel. Así es. Ni más, ni menos. La intervención en directo del presidente de la Junta para anunciar las medidas especiales con motivo de las inclemencias meteorológicas previstas para hoy supone la enésima confirmación de la cultura de la emergencia que, por fortuna, se ha implantado en España desde los meses de la pandemia hasta la tragedia de la DANA en Valencia. La clase política ha aprendido a estar en tensión más que nunca, con el chalequillo de emergencias en el perchero junto a las banderas oficiales, con los almuerzos terminados con el café... La cultura de la emergencia obliga a centrarse en lo importante, no en las gansadas que tantas veces comete una clase dirigente tan degradada y enfrentada entre sí que ni siquiera soportaría una comparación con los garrotazos de Goya.

La cultura de la emergencia recuerda una obviedad: hay que estar en alerta de forma responsable, preservar la seguridad, tener claro que la vida humana es lo primero. Obviedades, sí, pero necesarias de recordar porque la experiencia demuestra que se olvidan en muchas ocasiones. En alguna ocasión puede que se incurra en un exceso de proteccionismo, pero al menos en Andalucía se tiene bien aprendida la lección valenciana. La cultura de la emergencia tiene su símbolo en el chalequillo fluorescente. Consiste en ponerse a trabajar de verdad, mantener la guardia alta y la atención en lo que de verdad importa. No es poco en unos tiempos marcados por una política que desperdicia energías en inventar chisteras y conejos, ventear humo y crear problemas. En Andalucía está implantada esta cultura. Como en el Ejército la de defensa. Mejor prever el chalequillo que fabricar excusas. En los cargos hay que estar como el futbolista a la espera de que saquen el córner: en movimiento continuo para organizar una respuesta rápida. No valen argumentarios, sino un orden claro de prioridades.

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