Final de Liga Europa · Sevilla - Benfica · la crónica

El sevillismo saca pecho con orgullo (0-0)

  • El Sevilla mete su nombre entre lo más selecto al igualar en el palmarés de la UEFA a Liverpool, Juventus e Inter. Los hombres de Emery se mataron para vencer al Benfica en los penaltis en otra exhibición de casta.

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El Sevilla inscribió su nombre en un club de los más selecto. Sólo cuatro equipos han ganado la segunda competición europea en tres ocasiones y sus nombres son Juventus de Turín, Liverpool, Internazionale de Milán y Sevilla Fútbol Club. Si alguien alberga a estas alturas la más mínima duda sobre la grandeza del club radicado en el sevillano barrio de Nervión, sólo tiene que efectuar un repaso de vez en cuando a semejante palmarés. Los lanzamientos detenidos por Beto a Cardozo y Rodrigo, unidos por supuesto al pleno de aciertos de Bacca, M'Bia, Coke y Gameiro, que todo hay que decirlo, vinieron a premiar al club que más había sufrido para llegar a ese momento cumbre. La explosión de júbilo de los 10.000 afortunados fieles de la causa sevillista que estaban presentes en el Juventus Stadium estaba más que justificada. Pueden estar orgullosos de los suyos, de esos futbolistas que difícilmente podían mantenerse en pie por los calambres que sufrían y que culminaban una gesta heroica desde que la iniciaran allá por el 1 de agosto en la primera previa frente al Mladost. Entonces el presidente era José María del Nido y ahora lo es José Castro, que también tienen sus méritos.

No ha sido fácil el camino para este Sevilla ya acostumbrado a acarrear títulos a sus vitrinas del Ramón Sánchez-Pizjuán. Diecinueve partidos, nada más y nada menos, justo el 50% de un campeonato liguero, y eso ya indica que la regularidad el mérito es superlativo. Hasta se podría hablar del tópico de la regularidad, pero la verdad es que ha sido mucho más que eso, que la brillantez ha sido suprema hasta completar momentos que perdurarán para siempre en la memoria de quienes profesan semejante fe balompédica. Aquella remontada ante el Betis en el histórico euroderbi que ya sirviera para acostumbrar el cuerpo a las emociones fuertes de los lanzamientos desde el punto de penalti; la manera como volteó los cuartos de final contra el Oporto después del 1-0 en Portugal, la explosión de júbilo por el cabezazo de M'Bia en Mestalla...

El sevillista se ha acostumbrado durante este curso 2013-14 a poner a su corazón a prueba, pero aún le restaba otro examen antes de resultar apto para todo lo que le pongan por delante. Sucedió en Turín, precisamente en el feudo de uno de los cuatro que integran el grupo más selecto, y allí se aprestó a hacer una faena de las más meritorias. Enfrente estaba el Benfica, otro de los que presumen de grandeza, y a fe que el equipo portugués se iba a comportar como tal.

Porque al partido no le hizo falta siquiera que ninguno de los dos aspirantes a esta Liga Europa llegaran a marcar algún gol. Fue una lucha épica para tratar de resistir, para intentar que el depósito de combustible no reventara. Digno de ver en directo era la manera en la que un 70 o un 80 por ciento de los hombres que Emery mantenía en el campo estiraban sus musculaturas antes del minuto 90. Era la lucha contra el imposible, la unión de once futbolistas por no dejar arriado al compañero, un hermoso canto a la solidaridad. Que el Benfica llegaba hasta las proximidades de Beto, que Garay tenía una última oportunidad en la prolongación para mandar el balón al limbo, faltaría más. Pero el Sevilla, orgulloso, se resistía a torcer el brazo.

Y si eso acontecía cuando aún no había acabado el tiempo reglamentario del partido, qué se puede decir del añadido. Bacca echaba hasta la hiel por la boca y tenía que ser atendido dos veces por sus calambres; M'Bia se reventaba a correr; Carriço se olvidaba del dolor que sentían en sus maltrechos tobillos; Gameiro arriesgaba con un esguince de rodilla; Vitolo trotaba y trotaba hasta que su musculatura le dijo basta; Coke ídem de lo mismo; Fazio aprovechaba cada pequeño parón para estirar, para tirarse al suelo y recuperar; Alberto Moreno sacaba fuerzas de donde no había; Rakitic hasta se permitía cambiar de ritmo más de una vez; Beto incluso era atendido por los doctores por las molestias de tanto golpear el balón; y de Pareja, qué se puede decir del argentino; pues que estuvo colosal, que salvó a los suyos de un montón de acercamientos del Benfica. Son los nombres propios del éxito, los que estaban sobre el césped con una mención también para Marko Marin y Figueiras, pero, sobre todo, era un grupo de hombres matándose sobre un campo de fútbol.

Vídeo: J. Ollero

Y eso será lo que les podrá agradecer el sevillismo a partir de ahora, que dieran una lección de coraje, de casta, de unión, de todas esas cosas que se meten en los himnos, el antiguo y el actual, y que resulta que sí, que se llevan a cabo para provocar tantas situaciones de éxtasis entre los fieles de Nervión.

El partido se resume con un inicio notable y duraría hasta que las fuerzas se agotaron en torno al minuto 40. El resto sería un quiero y no puedo a la espera de que pudiera llegar alguna oportunidad para decantar la balanza. La tuvieron Reyes, Bacca, incluso alguno más, pero la verdad es que el Benfica estuvo más entero en el plano físico y fue el dominador del juego, incluso gozó de más ocasiones gracias a la velocidad de sus hombres de arriba. Pero unas veces era Pareja quien sacaba debajo de los palos el disparo de Rodrigo y otras eran Coke, Fazio, Carriço o todos a una quienes se arrojaban al suelo para evitar los disparos a bocajarro del cuadro lisboeta. El problema, para los portugueses, fue que enfrente estaban once fieras que llevan a gala aquello del "dicen que nunca se rinde". Y el Sevilla, el sevillismo, puede estar muy orgulloso de ellos, de esos futbolistas que han sustituido a los Kanoute, Daniel, Palop y compañía para agrandar el palmarés. Ya son tres Copa de la UEFA o Liga Europa, qué más da, a la altura de los equipos más grandes del mundo.

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