Crítica de Música

Habitar entre la luz y la sombra

Es buena idea vincular el Máster en Interpretación Orquestal de la Fundación Barenboim-Said y la UNIA a la música contemporánea, tan necesitada de proyectos de excelencia que la defiendan. Aunque, como en este caso, el concierto vinculado al máster estuviera centrado en grandes clásicos del siglo XX, la presencia de Fabián Panisello, un estreno de César Camarero y una selección de obras alejadas de la tradición tonal vinculaban la cita a la idea más extendida de la contemporaneidad en música.

Es una pena que se interprete tan poco la música de Varèse, cargada siempre de una energía, un brío y un dinamismo que no terminó de aparecer en la soberbia Ionisation (para trece percusionistas) que se estrenaba en Andalucía. Más vigorosa y de perfiles mejor pulidos pareció Octandre. La singular Invocación (para cinco percusionistas) de Manuel Castillo y la puntillista Sinfonía de Webern fueron muy bien resueltas, pero el punto álgido del recital estuvo en la presentación sucesiva de las obras de Ligeti y Camarero. La ingravidez de la música del húngaro, sus juegos texturales, sus transiciones irisadas causaron auténtica embeleso. Uno se sentía casi envuelto por una música que no parece tener ni principio ni final, una sensación que la conectaba con Camarero, cuya música está hecha para ser habitada, con su atmósfera calma, su lirismo poético y esos característicos tiempos detenidos que se contrastaron esta vez por un pasaje agitado, como si su autor identificara la sombra con la inquietud.

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