Carlos Navarro Antolín
Ese ratito diario del cura del Porvenir
Entre las avenidas de la Buhaira y San Francisco Javier, la calle Camilo José Cela y la avenida Ramón y Cajal existe un trozo de ciudad construido hace unos cincuenta años, que poco a poco, ha desarrollado vida de barrio. Además de importantes edificios de viviendas, el edificio Viapol ha centrado la actividad con los Juzgados, visibles desde la calle por el registro civil con sus bodas y también por el trajín de letrados y clientes tomando café o el aperitivo, preparando la vista judicial de turno. Muy pronto este barrio contó con facultades universitarias como Económicas y Empresariales y Psicología y Filosofía, que le dieron un perfil característico que recordaba los primeros pasos de Reina Mercedes, muy reforzado con la llegada a los edificios de la antigua Pirotecnia de la Facultad de Derecho y un poco más allá, la Facultad de Ciencias de la Educación. Copisterías y librerías, hamburgueserías y pequeños locales para bocadillos y bares y cafés para todos los gustos. Y la llegada de nuevas residencias de estudiantes que amplía el horario de vida de los locales de población universitaria.
Y paralelamente, ha ido organizándose allí unos de los nudos de transporte público más completos de la ciudad, con apeadero de Renfe y Cercanías, parada de Metro, tranvía, autobuses urbanos y metropolitanos y local de guarda de bicicletas. Y al ritmo de los tiempos, consignas de equipaje y de entrega de paquetería de compras on line y un buen hotel.
En su callejero encontramos nombres de ilustres arquitectos, como Alberto Balbontín de Orta, maestro de maestros de los arquitectos sevillanos y otros nombres de gran abolengo arquitectónico como Balbino Marrón, autor de la fachada del Ayuntamiento de Sevilla que da a la Plaza Nueva, del arreglo del Palacio de San Telmo para los duques de Montpensier y otros muchos edificios y ordenaciones urbanas. Y paralela a su calle está la dedicada a Vermondo Resta, arquitecto milanés afincado en Sevilla en la segunda mitad del siglo XVI, al que debemos la galería de grutescos y fuente del Mercurio del Alcázar, así como el desaparecido Corral de la Montería, pieza clave de la arquitectura teatral española.
Es muy probable que el traslado de los juzgados a Palmas Altas altere en parte la vida del barrio, pero creo que la actividad está muy consolidada con una serie de pequeños comercios, como frutería, tintorería, peluquería, farmacia, pequeñas boutiques, centros de belleza, etc…. Y otros que cubren las necesidades del barrio y de otros muchos sevillanos como el frecuentado Pan de Leña donde podemos encontrar lo mejor de los pueblos del entorno y la singular Quesoqueso, con un más que excelente surtido de quesos españoles y europeos de primer nivel y en su punto. Restaurantes y supermercados completan las necesidades de una población que se encuentra cómoda, muy cómoda en el barrio.
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