La aldaba
Carlos Navarro Antolín
El paseo neoyorquino
Dicen en alguna tertulia capitalina que la presidenta Ayuso, diosa de la Cibeles, ha ido a Nueva York para entrevistarse con el alcalde de Sevilla, nuestro Oseluí, cuando las dos ciudades están a dos horas y media de AVE. ¡Qué dispendio! ¡Qué gasto superfluo! Ni que fueran como los políticos de los años ochenta que asaltaban los restaurantes al grito de guerra: “¡Sirva lubina mismo!”. Oiga, hay que ver la mala leche que encierra la alusión a esas dos horas y media de viaje. Ojalá. Eso era antes del despropósito de gestión perpetrada en los casi ocho años ya del sanchismo. Parece que todo vale para arrearle a la presidenta que es una suerte de pararrayos que recoge los impactos de todas las descargas. Ir a su lado es como beneficiarse del efecto de los parasoles que usaban los antiguos cardenales, que nunca se quemaban por el sol. Pues eso: protección total. Quien sea se coloca junto a Ayuso, al estilo de un San Juan, y todos los improperios son para ella.
En las fotos aparece de exquisito negro de Jueves Santo por la ciudad de los rascacielos, que parece que el alcalde la invita a admirar los pasos en el Salvador. Algunos no tienen sentido del humor, lubricante de la existencia. Nada como una apuesta desubicadora, que dirían los cursis, para ganar en complicidad. ¿No se presentan los fichajes del fútbol en lugares que a priori tienen poco que ver con el balompié ¿No se hacen los equipos las fotos oficiales en edificios como el Museo, el Alcázar o el Parque de María Luisa? Pues a hablar de flamenco en Nueva York, que el avión no deja retrasos y es más seguro. La curva es la distancia más corta en Semana Santa. Y el vuelo a territorios de ultramar es la forma más eficaz de asegurar la entrevista, que si se suben a un AVE pueden quedar atrapados en un punto perdido de Ciudad Real. Que le pregunten a la cantante María del Monte o al político Rafael Belmonte, que podrían escribir una guía de sitios insospechados donde pasaron horas de su vida encerrados en un vagón. ¿Y lo felices que están los políticos en sitios alejados de su ámbito de gestión, libres de la legión de agradaores siempre dispuestos a acudir en su auxilio mientras manejen el presupuesto?En la capital del reino no tienen sensibilidad. Cualquier pretexto es bueno para arrearle a la bestia negra del sanchismo que, además, tiene frenado a Vox en la comunidad autónoma que, a priori, sería sociológicamente más proclive a los muchachos de Abascal. Y el alcalde Sanz, por cierto, mantiene relaciones fluidas con ellos, lo que le ha servido para aprobar dos presupuestos y, quién sabe, si le puede venir mejor aún en un futuro. Nueva York bien vale un paseo.
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