Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Inmolación
LO hemos dicho hasta la saciedad, a Rajoy le preocupa más la Alcaldía de Madrid que la mayoría de los gobiernos regionales, incluido el madrileño, así que esta semana se han puesto los focos en Ana Botella por muy distintos motivos: la festividad de San Isidro la ha obligado a una gran presencia pública, nuevas encuestas se empecinan en recoger el retroceso importante que sufre el voto municipal madrileño del PP y, tercero, el desayuno coloquio organizado en torno a la delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, que indirectamente provocó que se hablara de Botella. Cifuentes contó con María Dolores de Cospedal como presentadora y con destacados miembros del PP entre los asistentes, incluido el ministro Alberto Ruiz-Gallardón. Destacados miembros que no suelen moverse más que ante la convocatoria de los dirigentes nacionales del PP, en una ciudad en la que se celebran al menos dos desayunos de esas características todas las semanas.
Las ausencias y el madrinazgo de Cospedal indican, evidentemente, que Cristina Cifuentes es una figura en alza en el partido. Y una figura de Madrid, donde el PP debe tomar medidas si pretende mantener la mayoría absoluta que le garantizarían la permanencia en la Alcaldía y en el Gobierno regional. Se trata de una mujer que conoce como pocos políticos los problemas y la vida de Madrid, con seis legislaturas a sus espaldas en el Parlamento autonómico como diputada, presidenta o portavoz de distintas comisiones, incluida la que junto a Economía es más importante, Justicia e Interior, que sin duda le ha servido de catapulta para que Esperanza Aguirre y María Dolores de Cospedal pensaran en ella para la Delegación de Gobierno. Aguirre, con la que tuvo algún roce cuando era presidenta del Ejecutivo madrileño, acudió también al famoso desayuno en el que se visualizaron los apoyos con que contaba la delegada. Y si bien Aguirre no se encuentra en estos momentos muy cerca de Rajoy y de la dirección nacional de su partido, pues haciendo honor a su trayectoria sigue diciendo lo que piensa y no lo que conviene, sin embargo ha querido responder a la invitación de Cifuentes sabiendo que su presencia se consideraría un apoyo a Cifuentes para lo que fuera. ¿Candidata a la Alcaldía? Puede ser, es el nombre que más se menciona desde hace meses, y esta semana se puede decir que es el único que se menciona, con permiso de Ana Botella.
Una Ana Botella que, preguntada por su posible sucesión, respondió que era "el momento de trabajar" y no de pensar en otra cosa. En su entorno se cuenta que ya no habla de futuro a largo plazo, como si hubiera decidido no ser candidata o hubiera asumido que no iba a ser designada candidata. Cifuentes por su parte, muy en su papel de mantener prudencia máxima y relaciones exquisitas con todo el mundo, afirmaba estar a disposición del partido para lo que le mandaran, pero que no optaba a la Alcaldía madrileña. No podía decir otra cosa.
¿Y quién es esta mujer a la que supuestamente le esperan altas responsabilidades en el Partido Popular?
Profesora de universidad, licenciada en Derecho y con un máster en administraciones públicas y administración de empresas, conoce a fondo el partido, se expresa con claridad meridiana, es decidida y ha demostrado sobradamente que no se achanta ante nadie ni ante nada. Casada con un arquitecto y madre de dos adolescentes, ofrece una imagen moderna, atractiva. Se declara republicana por convicción pero siente un profundo respecto por la Monarquía y su relación con el Rey y con los Príncipes no sólo es exquisita sino de gran cordialidad; presume de llevar cinco pequeños tatuajes y defiende el derecho de los homosexuales a casarse, lo que no comparten todos los miembros de su partido.
Es extrovertida y le gusta la calle, donde ha sufrido más de un acoso sin que se le alterara el pulso; ha visitado de incógnito las zonas marginales más peligrosas para escuchar a delincuentes y drogadictos, se ha metido en el bolsillo a los miembros de la Policía y la Guardia Civil porque defiende a las fuerzas de seguridad con uñas y dientes ante las críticas, y se ha plantado ante hechos con los que otros dirigentes se muestran más flexibles, como el botellón o determinadas convocatorias de manifestación.
Aparece en perfecto estado de revista en los actos que exigen un nivel de vestuario por encima de lo habitual, dice que saca ropa que tiene guardada desde hace años y se nota que gran parte procede de países en los que por poco precio se compran diseños rompedores y coloristas. Y en Madrid es fácil verla en las tiendas de chinos que distribuyen sus propias marcas -Mulaya, Yaiza y otras-, aunque por razones de seguridad ya no frecuenta los mercadillos, como antes.
Pero el despegue de Cifuentes se debe a su forma de ser. La Delegación de Gobierno de Madrid no es un cargo fácil, y sin embargo ha demostrado una cualidad innata para mostrar mano dura y ser cercana a la gente al mismo tiempo. Por su despacho han pasado grupos que nunca antes habían logrado traspasar las puertas de la delegación, y su empeño en resolver problemas enquistados le ha provocado más de un desencuentro con el titular de Interior, con el que por otra parte mantiene buena relación a pesar del conocido conservadurismo de Jorge Fernández: sabe el ministro que Cifuentes cuenta con importantes apoyos en el partido y está llamada a altos designios, como sabe ella que Fernández es su jefe, al que debe obediencia.
Se habla mucho de ella estos días. Y, según apuntan algunos inquilinos de la sede de la calle Génova, más aún se va a hablar. Y será pronto: las municipales se celebran en 2015 y los candidatos, si son nuevos, deben iniciar campaña varios meses antes de que los ciudadanos acudan a las urnas.
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