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Sin alma, no... aquí, no

  • La candidez, presa ideal para una manada de lobos en superioridad.

La pizarra del Sevilla. La pizarra del Sevilla.

La pizarra del Sevilla. / FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía

Jugar al fútbol sin alma es juntar muchas papeletas para acabar cogiéndole asco, hacerlo en el Calderón ante el brioso Atlético de Simeone es salir derrotado desde el túnel de vestuarios.

Johan Cruyff, que para nada era sospechoso de defender el fútbol de contacto y de kilómetros recorridos, decía que para dominar un partido basta con alinear un centrocampista más que el rival. El Cholo lleva eso al extremo, pues no sólo uno, sino los que hagan falta amontona el Atlético en la zona de creación, jugadores además de colmillo afilado, que se lanzaban ayer como una manada de lobos ante corderitos como N'Zonzi, Escudero, Nasri y finalmente Iborra, los sevillistas a los que Sampaoli mandó moverse por esa zona.

Defensa

El Sevilla lo pasa muy mal sin balón porque no está concebido para no tenerlo. Ahora, lleva un mes y medio o hasta dos meses pasándolo mal también con el balón, porque, sencillamente, no sabe qué hacer con él.

La superioridad numérica de los futbolistas del Atlético fuera de las dos áreas fue aplastante, una superioridad que también fue física, de actitud, de fe y de compromiso. Sampaoli, buscando ayudar a N'Zonzi en la tarea de la salida del balón se inventó la figura de Escudero por dentro, pero pronto se vería que fue unlastre más que una ayuda, puesto que el Atlético asfixió igualmente la salida del balón y, en fase defensiva, el vallisoletano llegaba siempre tarde al no conocer ni los movimientos ni la velocidad del juego en esa zona del campo (cambios como esos requieren un proceso de aprendizaje en el día a día). Ello devino en una tarjeta amarilla con la que se acabó el invento: volvió a la banda ante el riesgo de expulsión y, perdido en el campo, acabó jugando en tres posiciones distintas.

Más allá de la gestión de las marcas, por cuarta vez en los seis últimos encuentros, Sampaoli cambió de esquema en el descanso. Pero no una leve variación, sino la raíz del dibujo: de defensa de tres a defensa de cuatro. Tanto con una como con otra, la consistencia en la zona ancha fue nula, con alarmante absentismo en el repliegue (dato que puede esconder múltiples connotaciones) y un ritmo muy bajo de esfuerzo ante un rival que jugó tan cómodo que en vez del Atlético de Simeone parecía el Barça de Guardiola en algunos momentos de la segunda mitad.

Ataque

Nada nuevo, otra vez sin ritmo y con las posiciones estáticas. Sampaoli mandó a Nasri muy arriba, casi permutando con Ben Yedder, para tener que retrasarlo después.

Virtudes

Tuvo salidas con Vitolo y Sarabia y hasta tendría cierta llegada.

Talón de aquiles

La única vez que está garantizada la superioridad numérica es cuando el rival lanza una falta, pues al ejecutor no lo marca nadie. Si encima había tres para lanzar, sobraban tres defensas para estorbar al mejor cabeceador del rival, Godín. Y, al ser indirecta, lo de poner barrera es relativo...

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