¡Dos caños a Maradona en La Bombonera!

A Montero se le acumulan los recuerdos en una víspera de nerviosera del Dorsal de Leyenda. "He pasado un poquito de nervios, porque en El Puerto todo el mundo me pregunta por el homenaje. Vamos unos pocos para allá en autobús. Es algo muy bonito y muy importante que te hagan esto en vida", dice hilando frases entrecortadas por la emoción.

La lesión del Carranza sigue ahí. "Se llamaba Polozzi el jugador del Palmeiras, pero yo recuerdo las cosas positivas. Mis comienzos no fueron fáciles y le di la vuelta a la tortilla. Y así ganamos los dos, lo que la afición esperaba de mí y lo que yo esperaba de la afición y del Sevilla". Se le recuerda a Montero aquel gol a Urruti. "Que yo recuerde, el Barcelona nunca me ganó en el campo del Sevilla, en 11 temporadas. Entonces no se veía la diferencia que hay hoy". Sí perdió una vez Montero, en su primer partido ante el Barça, noviembre de 1976. Luego tres victorias y tres empates.

Sí recuerda nítidamente el portuense un partido en La Bombonera. "Fue un partido con la selección de la AFE en el campo del Boca, perdimos 3-2, pero aquel partido me dejó muy satisfecho. Helenio Herrera, que ya era ojeador, estaba siguiendo a Maradona para el Barcelona y habló también conmigo, le interesé. Maradona me hizo un caño, y yo le hice dos. Luego Di Stéfano, en otro partido de la AFE en Vigo, le dijo a Maradona, mira, ése es el de los caños".

En el Sevilla recuerda otro partidazo en San Mamés en 1979. "Ese partido en Bilbao es inolvidable. Ganamos 2-3. Y recuerdo que Superpaco, en el banquillo, dijo, echársela al canijo, ¿no veis que el canijo está que se sale?". Montero hizo el 1-1 de penalti. También marcaron Scotta y Gerolami.

No se le olvida tampoco aquella pitada al ser cambiado que lo hizo llorar. "Fue ante el Sporting y fallé un gol porque el barro frenó el balón y me pasó bajo las piernas. Eso me hizo bien a la larga, la gente luego me cogió cariño". Y hubo otro partido épico que no se le olvida, en 1978. "El Elche se puso 0-3 y empatamos a tres, con nueve. El público se volcó", recuerda. "A ver si puedo hablar mañana", se sincera entre nervios el hombre frío que no lo era tanto.

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