"Actividades esenciales" en el mes más cruel
Diario de la pandemia / Día 27
ESTE año, maldita sea, más que otras veces, lo ha clavado Eliot con El entierro de los muertos, de La tierra baldía, con aquellos versos: “Abril es el mes más cruel, criando / lilas de la tierra muerta, mezclando / memoria y deseo, removiendo / turbias raíces con lluvia de primavera”.
Los meteorólogos, por su parte, lo han tenido mucho más tranquilo, demasiado tranquilo. Muy a su pesar: ni los medios ni las hermandades ni los hoteleros les hemos dado el tueste con las previsiones para esta semana, que si iba a llover el Miércoles Santo, que si iba a refrescar la madrugada del viernes. Nada de eso ha importado este año. Tampoco si este fin de semana iba a predominar tiempo de playa o de sierra.
De toros el Domingo de Resurrección ni hablamos. Con esquivar las cornadas del Covid-19 vamos servidos. Y tendremos que esperar al descabello: ojalá no esté muy lejano, lo mejor será no entusiasmarnos con las estocadas y estar preparados por si son fallidas. Con este morlaco no hay animalistas que valgan.
Así que las galas propias de estas jornadas para unos, de estas fiestas arruinadas, y la indumentaria preveraniega o de montaña para otros –según las preferencias–, se han tenido que quedar en el armario y han triunfado el empijamiento y el chandalismo. Y la bata se ha impuesto a la mantilla. También destroza el coronavirus los estrenos previstos.
El “muy a su pesar” de los meteorólogos quedó manifestado días atrás por algunos de los más mediáticos. Solidario con sus espectadores –ya cada español tiene un hombre o una mujer del tiempo estrella, antaño éramos todos de Mariano Medina–, vino a decir que ojalá lo hubiéramos crujido a él y a sus compañeros a preguntas con las previsiones. Visto el percal, con el país inmovilizado, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) decidió no hacer su predicción especial de Semana Santa, un “producto muy esperado”, en palabras de su portavoz, Rubén del Campo. ¿Para qué? No tenía ningún sentido. Con el Quédate en casa –y si no te quedas te va a echar para atrás la Guardia Civil o la Policía Nacional en cuanto pongas las ruedas en la carretera– ya podía caer el diluvio. Así que el gremio ha pasado en este 2020 uno de los períodos del año más estresantes y complicados con una “desafortunada relajación”. Tal vez casi aburridos. Es lo que tiene este virus, que además de traer enfermedad y muerte lo paraliza todo.
¿Todo? No, un momento. Hay quien sigue a lo suyo como si tal cosa. No sé si los demás se han dado cuenta. En este periódico hay una página de la que no hemos podido prescindir, el coronavirus no ha podido con ella. Es la que informa de esas “actividades esenciales” para algunos: la de sucesos. Sus principales protagonistas, los quinquis, discrepan de Eliot: abril es un mes tan bueno como cualquier otro para lo suyo. Con mascarilla y con guantes. O a pelo.
No hay comentarios