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Palomares quiere pasar página

El núcleo más radioactivo del país vive pendiente de la negociación con Estados Unidos para la retirada de la tierra contaminada La restauración requiere una inversión de 30 millones

Palomares quiere pasar página
Iván Gómez Almería

06 de julio 2014 - 05:04

Recepción de la Embajada de Estados Unidos en la madrileña calle Serrano. "Buenos días, soy Jesús Caicedo, tengo cita con el embajador". La recepcionista comprueba el registro de entradas y visitas y le responde: "Llega usted temprano". El alcalde del pueblo más radioactivo de España no se lo piensa y le replica: "¿Temprano? Llego casi 50 años tarde". La pedanía de Palomares espera ansiosa la decisión definitiva de la Administración Obama desde que a finales de febrero de 2011 se produjera la visita de un equipo interagencias de expertos norteamericanos a la zona cero contaminada por el impacto contra el suelo de dos proyectiles termonucleares a consecuencia de la colisión de dos aeronaves de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, un bombardero B-52 y un avión nodriza KC-135 procedente de Morón de la Frontera, durante una maniobra de repostaje en vuelo en la mañana del 17 de enero de 1966. Casi medio siglo después sus dos mil habitantes están más que hartos de que una zona que podría ser conocida por sus lechugas, sandías y paradisiacas playas sólo sea retratada en el imaginario colectivo por las estampas de las bombas que cayeron y el baño en blanco y negro que meses después se diera Manuel Fraga, el único ministro que ha visitado la zona.

Y el incombustible Caicedo, el que su amigo el periodista Carlos Herrera propusiera como el mejor relevo para Aznar, está a punto de completar su cuarta legislatura en busca de una solución definitiva para la limpieza de 41 hectáreas contaminadas por el plutonio, uranio y americio. Esta misma semana, el 3 de julio, se han cumplido quince años desde que tomara posesión como primer edil cuevano, al igual que ocurriera con su escudero, el alcalde de la pedanía, Juan José Pérez, e iniciara una persistente lucha contra los molinos de viento yanquis que habían conseguido que durante décadas, con el amparo del régimen franquista, reinara el silencio y las bombas fueran tabú dentro y fuera de la provincia. Nada más llegar se rompió la tregua y no ha habido día en el que no hayan trabajado para que el gigante americano complete los trabajos de remediación realizados en meses posteriores a la catástrofe, en los que invirtieron más de 80 millones de dólares de la época retirando casi 5.000 bidones con 1.400 toneladas de tierra y restos vegetales que transportaron al centro de Savannah River Facility en Carolina del Sur.

En la operación conocida como Flecha Rota (Broken Arrow), consistente en localizar los proyectiles perdidos y después descontaminar la zona afectada de 25.000 metros cuadrados de suelo, participaron más de 740 personas, de las que 600 pertenecían al ejército de Estados Unidos, y se emplearon casi 100 vehículos, más de 20 máquinas pesadas y 33 navíos. Sin embargo, según los estudios realizados por el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), en la pedanía de Cuevas queda aún medio kilo de plutonio radioactivo y 50.000 metros cúbicos de tierra contaminada que se tendrán que llevar lo antes posible. A pesar de la desidia de las administraciones han conseguido dar pasos importantes en los últimos años como que el Gobierno español incluyera el Plan de Rehabilitación de Palomares en la agenda de asuntos bilaterales junto a los acuerdos de cooperación militar (marines en Morón y destructores de la OTAN en Rota) y la lucha contra la piratería digital.

En la reunión mantenida a mediados de junio, la consejera de Asuntos Políticos de la Embajada, Amy Tacho, les anunció que en los próximos meses llegará la decisión última de su Gobierno, que está pendiente de un informe de varios de sus departamentos, y que posiblemente sería el embajador, James Costos, el que se lo comunicara en una próxima reunión. Es ahora o nunca porque la coyuntura política acompaña. Las elecciones presidenciales y legislativas de 2012 impidieron que se fijara un calendario de actuaciones tras el acuerdo alcanzado ese mismo año por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. Caicedo, también diputado nacional del PP al que el Ejecutivo de Rajoy ha dado carta libre para negociar y renegociar, reconoce que algunos senadores llegaron a utilizar el asunto en campaña porque en Estados Unidos temen que si se llevan la tierra contaminada les lloverían reclamaciones radioactivas desde otros países en los que sucedieron tragedias similares generando un serio problema de opinión pública. Eso sí, no han dudado en exhibir las bombas recuperadas en Almería en el Museo Atómico Nacional de Albuquerque (Nuevo México) porque fue el segundo supuesto más grave de detonación accidental, por detrás del de la base aérea Thule en 1968, por el grave riesgo de crear un conflicto nuclear en plena Guerra Fría de los Estados Unidos y la antigua URSS. Allí luce la que no sufrió daño alguno al abrirse el paracaídas y también la que cayó al mar y recuperó el minisubmarino Alvin de la US Navy a cinco millas de la costa gracias a las indicaciones de un pescador local vecino de Águilas llamado Francisco Simó, Paco el de la bomba desde entonces.

En Cuevas tienen claro, como reitera su alcalde, que "el que rompe paga y se lleva los tiestos". No aceptarán ninguna otra solución que no pase por la extracción y transporte de los residuos remanentes a Estados Unidos para su almacenamiento definitivo y la restauración ambiental (relleno de terrenos y comprobación radiológica) argumentada sobre el terreno por el director del Ciemat, Cayetano López, al equipo de la Administración Obama que visitó nuestro país hace ya tres años, encabezado por el director del Departamento de Energía Glenn Podonsky. Los trabajos implican una inversión estimada de 30 millones de euros, si bien la financiación nunca ha sido problema para Estados Unidos. Sólo han mostrado reticencias, cada vez menores, a la transferencia de la basura radioactiva. De hecho, entre las aportaciones técnicas que realizaron tras su visita a Almería está la de crear plantas para el tratamiento de la tierra en las que compactar los residuos contaminados para reducir el volumen a exportar desde 50.000 a 6.000 metros cúbicos.

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de España ha presentado recientemente el monográfico Palomares 1966-2013, en el camino de la normalización radiológica en el que deja constancia de que hasta la fecha no se ha mostrado la existencia de morbilidad inducida y no hay ninguna evidencia de patologías causadas a raíz del accidente. En este sentido, desde el Ciemat argumentan que no existe riesgo al estar la zona acotada y el acceso restringido, sobre todo tras la expropiación forzosa en 2007 de 30 hectáreas adicionales que se incorporaron a las diez iniciales de la zona cero al encontrar más plutonio, uranio y americio del esperado. No obstante, en todo momento han planteado que "existiría peligro" si se remueve la tierra porque la contaminación está en el subsuelo. De hecho, en el Congreso y Senado hay actas parlamentarias en las que se recogen indicaciones del CSN para pedir que se tomen medidas con urgencia. Los estudios epidemiológicos sobre mortalidad y morbilidad del doctor Pedro Antonio Martínez Pinilla demuestran que el riesgo relativo bruto de exposición a la radiación en Palomares de 4.15 mientras que en otra población de la provincia no sobrepasaría el 1.

Los niveles de plutonio y americio detectados en el plancton de la costa cuevana son cinco veces superiores a los encontrados en otras muestras del Mediterráneo, según un estudio comparativo realizado por la Universitat Autónoma de Barcelona, si bien siguen dentro de los márgenes de seguridad de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. En base a otros informes, los ecologistas han defendido para que la que en Palomares existe más radioactividad que en algunas zonas de Chernobil y la población no es ajena a lo que cada cierto tiempo se publica. Jesús Caicedo y su pueblo quieran terminar con una pesadilla de medio siglo, la de una historia de la que nunca han querido ser protagonistas. "No se puede estar estudiando toda la vida, en algún momento habrá que terminar la carrera", concluye. Quieren pasar página.

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