Andalucía

Pedro aguanta el primer asalto

  • Susana Díaz y los barones encuentran una dirección resistente en Ferraz dispuesta a volver a presentar a Sánchez. El PSOE andaluz intenta cambiar al secretario en un congreso antes de la posible convocatoria de las generales. Los críticos no forzarán otro comité: o no han encontrado suficientes apoyos o evitan el cuerpo a cuerpo.

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Pedro Sánchez es un líder débil, los resultados electorales no le acompañan, pero resiste y, en la medida que aguante, se consolidará como secretario general si encuentra su hueco en los decisivos meses que España afrontará hasta la primavera. Los que predecían que Sánchez no iba a dimitir como Rubalcaba acertaron: o lo echan en unas elecciones internas o no se marcha y, mientras tanto, seguirá reuniendo apoyos en su partido. Susana Díaz es una líder fuerte, los resultados electorales le acompañan, pero duda, necesita casi un clamor para dar una batalla que implica muchos riesgos. Sánchez no tiene nada que perder; Díaz, casi todo, comenzando por la Presidencia de la Junta. Pero si quiere relevar a Pedro Sánchez al frente de la Ejecutiva socialista y, posteriormente o a la vez, en la candidatura a la Moncloa, tendrá que empeñarse de modo personal y, finalmente, concurrir en unas elecciones donde participe toda la militancia. ¿Cuándo? El PSOE andaluz quiere que sea en un congreso que se celebre durante la segunda mitad de marzo, pero la Ejecutiva lo desea postergar hasta que haya quedado claro cómo se soluciona el problema de gobernabilidad en España, ya sea mediante un presidente elegido en el Congreso de los Diputados, y Pedro Sánchez va a jugar esa baza, o mediante la repetición de unas elecciones.

Al día de hoy, los barones susanistas se han relajado, siguen el ruido y la presión, pero ninguno de ellos está recogiendo firmas para forzar una nueva reunión del comité federal donde se decida la fecha del congreso. Velan armas, pero este primer asalto ya es una victoria para Pedro Sánchez. Su resistencia y las dudas de Susana Díaz son esenciales para comprender lo sucedido esta semana en la agitada casa de los socialistas. Y para atisbar lo que pueda ocurrir.

Susana Díaz y algunos barones territoriales -los de Asturias, Castilla-La Mancha y Valencia- habían preparado un comité federal, el del lunes pasado, que se iba a presentar como definitivo. Anunciaron el conflicto de modo oficioso, calentaron el ambiente e hicieron volar la amenaza de que iban a reunir las firmas necesarias para convocar un nuevo comité federal para decidir la fecha del congreso. Pero nada de esto sucedió. O no han conseguido los apoyos necesarios -eso es lo que creen los hombres de Pedro Sánchez- o no se han atrevido al cuerpo a cuerpo. Susana Díaz y los barones necesitaban el apoyo del 30% de los miembros del comité, daba la impresión de que iba a ser fácil, pero uno de los barones más fuertes, el de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, se descolgó. El extremeño no es un susanista, aunque tampoco sea un gran partidario de Sánchez. En el comité del lunes hablaron muchos, pero en su intervención Susana Díaz no pidió la celebración del congreso, dejó pasar la ocasión y sólo la solicitó el presidente de Asturias, Javier Fernández. Aquello iban a ser los Idus de Marzo radiados, on line que se diría ahora, pero la hoja del cuchillo no brilló sobre el césar.

Esto es clave. Si alguien quiere el relevo en Ferraz, tendrá que asumir la transparencia de la batalla, esta vez no habrá ni vítores ni aclamaciones. Algunos barones siguen presionando a Susana Díaz para que abra fuego, para que no deje escapar otra oportunidad. El anterior secretario de Organización José Blanco, uno de los estrategas del asalto, se encuentra entre los notables socialistas que desean que la presidenta andaluza plante cara a Sánchez, pero Díaz, como sucedió hace dos veranos, espera.

El PSOE ha escogido el peor momento para abrir una crisis interna. Los barones y Susana Díaz se han equivocado, nadie comprende cómo en una situación donde hay que resolver la gobernabilidad del país y elegir a un presidente alguien abra un proceso de sucesión para relevar a uno de los actores que en varias ocasiones será citado a Zarzuela por el Rey para formar Gobierno. Como ha declarado Fernández Vara esta semana, nadie comprendería que, mientras Rajoy está preparando su investidura, los socialistas estén dedicados a reunir avales para su propio congreso. Cuando la prioridad es el Congreso con mayúsculas, el PSOE pone el foco en un congreso con minúsculas.

Al secretario general le ha costado tiempo entender que Susana Díaz no lo quería casi desde el principio, cuando ella lo elevó a la dirección de Ferraz, pero una vez asumido, está siendo implacable. Él y, en especial, su secretario de Organización, César Luena, un cachorro orgánico que, como Susana Díaz, se ha criado en la peligrosa vida interna de las Juventudes Socialistas, una escuela de afiladores de colmillos. Por eso, la misma noche del 20-D Pedro Sánchez anunció que intentaría formar Gobierno si Rajoy fallaba en sus intentos y, por eso, por eso mismo, hizo pública al día siguiente su voluntad de volver a presentarse a la secretaría general del PSOE. Se trataba de consolidarse, de asumir el liderazgo.

Sánchez y Ferraz han dejado de consultarle estos asuntos al PSOE andaluz, y de ahí viene gran parte del enfado de Susana Díaz. No sabía que Sánchez iba a anunciar que quería repetir, ya vuela solo y no puede controlarlo. César Luena ha estado hablando durante toda la semana con los diferentes barones, pero no ha habido ninguna comunicación con Andalucía. Al menos, eso es lo que se explica desde Ferraz.

Pedro Sánchez no sólo va a presentar su candidatura al próximo congreso, sino que, además, intenta ser investido presidente del Gobierno. Sus posibilidades son escasas, muy escasas. Para ello necesitaría el apoyo de Podemos, pero los catalanes de Ada Colau no van a darle el pase si no se compromete a celebrar un referéndum de independencia. Y aun así todavía necesitaría la abstención de ERC o de Artur Mas. Improbable por tanto, por no decir imposible. Los barones han asumido que habrá elecciones otra vez, aunque el desafío catalán, que esta noche se aclarará, puede aumentar la presión de modo considerable para que España se dote de un Gobierno estable y amplio con el apoyo del PSOE y PP. Los socialistas no quieren referirse a esta posibilidad, saben que las presiones se agravarán, pero confían en poder evitarlas. Sin embargo, todo dependerá de si Mas sale investido presidente esta semana. Es difícil que España permanezca con un Gobierno en funciones mientras un Parlamento autonómico aprueba leyes de desconexión con el Estado; si es así, la repetición de las elecciones constituiría una irresponsabilidad que el propio país podría pagar muy caro.

La investidura de un presidente socialista es demasiado complicada, pero cada paso que Sánchez dé servirá para afianzarse. Se ha dicho: no tiene nada que perder. Por eso necesita el hueco antes de que llegue el congreso del partido. Si hay nuevas elecciones, los socialistas elegirán, de un modo u otro, cuál es su candidato: si es Sánchez o si hay que elegir entre él y Susana Díaz. Y al día de hoy no hay ganador. Ferraz desea que el congreso se celebre lo más tarde posible, Susana Díaz y sus barones, a mediados de marzo, pero para ello la presidenta andaluza tendrá que dar el paso. Al final, sea cual sea la fórmula institucional que adopten, será la militancia la que se expresará ante las urnas.

La crisis interna del PSOE amenaza, como el propio resultado electoral, a su propia existencia. Todo el mundo lo ve, menos los propios implicados, que parecen blindados ante la realidad por el torbellino que ellos mismos han ido creyendo. Hay quien recuerda en estos momentos en el PSOE la parábola de Salomón del Libro de los Reyes. Ya saben, las dos mujeres que se peleaban ante el soberano juez por la maternidad de un niño. Harto de sus peleas, Salomón pidió una espada y propuso que partieran al hijo por la mitad, así cada una de las mujeres se podría llevar al medioniño, solución que, evidentemente, fue rechazada por la madre verdadera. Los partidarios de Susana Díaz sostienen que la presidenta siempre acaba soltando la mano de un niño llamado PSOE, pero los de Sánchez no comparten ni de lejos una visión tan personalista sobre su partido.

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