La Ventana
Luis Carlos Peris
Debut rico en dudas
MARQUÉS PERALES
SÓLO fue el anticipo de lo que sucederá durante la campaña electoral. Susana Díaz se ha empeñado en dejar claro que el PSOE no formará un Gobierno de coalición con Podemos después de las elecciones del 26 de junio. "¿No somos el cortijo, los que no respetamos la transparencia, la casta? ¿Por qué quieren venir con nosotros ahora? Dejen de intrigar con sus jueguecitos de cara a las elecciones". Así le respondió a la líder andaluza de Podemos, Teresa Rodríguez, después de que su partido hubiera enviado a las sedes socialistas la propuesta para formar listas conjuntas en el Senado.
Fue Pablo Iglesias quien publicitó esta oferta que perseguía el objetivo de impedir que la mayoría del PP bloquee en la Cámara Alta la reforma de la Constitución. Y es en este sentido donde las palabras de Díaz entrañan mayor interés: "No compartimos el mismo modelo de país". Ése es el núcleo de la discordia entre ambas formaciones, el que difícilmente se podrá saltar el candidato Pedro Sánchez en caso de querer formar Gobierno: Podemos defiende una España donde cada autonomía tendría un derecho a la autodeterminación siempre que lo solicitase con intensidad. Así se recoge en el acuerdo de 50 puntos que los morados han firmado con IU, donde también se cita el referéndum en concreto que ya se habría ganado Cataluña.
Díaz y Sánchez escenificaron ayer en Móstoles la tregua que el PSOE vivirá hasta el 26-J. Fue Sánchez quien pidió a la presidenta andaluza que le presentase en la población madrileña, y ella correspondió sin pensárselo. Esta vez, aún más que el 20-D, el PSOE andaluz necesita un buen resultado electoral, y la maquinaria del partido se ha puesto a funcionar. El lunes pasado, la dirección reunió a alcaldes y dirigentes en las provincias para darles un mensaje claro: hay que dejarse la piel para mejorar los resultados. En eso, Díaz y Sánchez van juntos, pero les separa el criterio respecto a Podemos. La presidenta andaluza no quiere ninguna alianza con "los jóvenes comunistas" ni "con quienes nos manchan con la cal", lo dijo en Móstoles y lo va a repetir durante toda la campaña. Su opinión es que para gobernar es necesario la medalla de oro, no valen las platas.
Díaz no sólo se opone a un acuerdo de Gobierno con Podemos, sino que cree que el Comité Federal de su partido no permitiría un Ejecutivo con Iglesias. Sin embargo, casi todos los barones regionales gobiernan gracias al apoyo de Podemos, y esta misma semana el presidente valenciano, Ximo Puig, desafió a Ferraz con la elaboración de listas conjuntas. Díaz, muy cercana a Puig, se abstuvo de censurarlo de modo directo, pero desaconsejó un acuerdo que, finalmente, Sánchez ha conseguido evitar. Sin embargo, la cúpula andaluza teme que detrás del "no gracias" de Sánchez a Iglesias se puede esconder una respuesta diplomática para después decirle que sí, si hiciese falta. Según esta versión, el candidato socialista estaría entonando un "¿Podemos? De entrada, no", recordatorio de aquello rectificación del Gobierno de Felipe González sobre la permanencia de España en la OTAN.
La captación de IU por parte de Podemos se puede traducir en un aumento del número de escaños de la coalición de izquierdas a costa, básicamente, del PP, que obtuvo 19 escaños en el reparto de los restos (los últimos diputados en las provincias). Si Podemos y PSOE suman más de 160 escaños, y no ya si se alcanzan los 170, Sánchez volverá a intentar un acuerdo con los morados con alguna fórmula intermedia entre la abstención pasiva y el Gobierno paritario que ofreció Iglesias. De hecho, el candidato no lo niega y, cada vez que se le pregunta responde que él no frenará las fuerzas del cambio. Sánchez corre un doble riesgo: de un lado, si esta coalición es creíble, el PSOE perderá al electorado de centro y de centro izquierda, muy receloso de las actitudes de Podemos; de otro, fija el voto útil morado en este partido, porque deja claro que este sufragio servirá para gobernar.
Las razones de Díaz para oponerse al acuerdo son conocidas: ni comparte la idea de país ni los cree fiables para formar un Gobierno, pero los pedristas partidarios de la coalición se preguntan que si el PSOE es de izquierdas, ¿por qué no es capaz de formar un Gobierno de izquierdas? Es decir, y siguiendo este argumento: ¿está condenado el PSOE a entenderse con el PP, aunque sea dejándole pasar, con tal de impedir que Podemos llegue al Ejecutivo? Algunos notables socialistas, que dieron su opinión en privado, sostienen que en caso de una nueva victoria del PP, el PSOE debería pasar a la oposición a recomponerse. Ésta es la columna vertebral de la ingobernabilidad por la que atraviesa España: el PSOE, mientras no gane, no puede vetar a la vez al PP y a Podemos. Éste es el asunto que tendrá que resolver el comité federal tras el 26-J.
En el acto de Móstoles para presentar su candidatura, el secretario general socialista evocó al ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez para prometer a los españoles "decencia, diálogo y dedicación" si su partido gana las elecciones. "Puedo prometer y prometo decencia. Puedo prometer y prometo diálogo. Puedo prometer y prometo dedicación", proclamó Sánchez.
Con el objetivo de recuperar el centro político y atraer el voto útil, además de reproducir el célebre "puedo prometer y prometo" que Suárez pronunció en 1977, Sánchez emplazó a los ciudadanos a que apuesten por un "sí por el cambio" frente a la campaña de las "siglas y las sillas" de Podemos e IU. Sánchez se mostró convencido de que es posible el vuelco para evitar que España sea gobernada "por la pereza", en alusión a Rajoy, y bloqueada "por la intransigencia de otros", dirigiéndose a Podemos.
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