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Nueva presidenta de la junta

Susana Díaz se remanga

  • Juan Ignacio Zoido hace de 'sparring' en la sesión en la que la socialista se proclama presidenta. Obtiene 58 síes y 48 noes, con la ausencia de Sánchez Gordillo. Griñán siguió el debate desde su despacho.

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Y Susana se remangó. Vamos, que se subió las mangas de la chaqueta negra que llevó en el día de ayer y casi machaca, dialécticamente, a un Juan Ignacio Zoido, el presidente del PP, que comenzó su intervención en el Parlamento andaluz con una dura acusación: "Los ciudadanos desprecian a los políticos por el espectáculo que ustedes están dando hoy y ayer". Y es que para Zoido, la elección de Díaz como presidenta de la Junta por la mayoría absoluta del Parlamento andaluz es una "farsa", y lo que es más grave: "el mayor fraude" de la historia autonómica andaluza, si bien después, en una matización contradictoria, aseguró que la era legal, pero de "dudosa ética política".

Y Susana se remangó. "No sé si iba a encontrarme al hombre de leyes o al faltón, y me he encontrado al faltón. Una lástima", se refirió a Juan Ignacio Zoido, magistrado de profesión, al que le afeó que obviase la Constitución, el Estatuto de Autonomía y el reglamento del Parlamento, textos que establecen una democracia representativa, en la que es una mayoría de parlamentarios la que legitima la elección de un presidente, o presidenta, con independencia de si los votos provienen de un único partido, de dos o de cuatro si fuera el caso. Que contempla la dimisión de un presidente y la sustitución, mediante este procedimiento, por otro, tal como ha ocurrido, por ejemplo, en la comunidad autónoma de Madrid o de Valencia después de los ceses de Esperanza Aguirre y de Francisco Camps.

 Pero Zoido, cuya palabra más repetida durante su discurso fue Griñán, erró al dejar en evidencia que el PP carece de liderazgo y casi de estrategia. "Todo el mundo sabe lo que quiero", le dijo a Susana Díaz en referencia a que su querencia está en el Ayuntamiento de Sevilla, de la que es alcalde, y no la de ser candidato del PP a la Junta. Según varias fuentes, el PP elegirá en octubre al sustituto de Zoido, el hombre que hizo de sparring para que la presidenta se luciese en el día de su elección. Tal es así que un destacado parlamentario del PP juzgó, irónicamente, la intervención del alcalde de Sevilla de "aurora boreal". "Podemos escribir el libro del buen gobierno, sabiendo que hay que hacer justo lo contrario" de lo que Zoido hizo ayer. En definitiva, que la presidenta de la Junta, para ser valorada, necesita medirse con alguien que demuestre mayor interés por constituirse en una alternativa al PSOE.

Zoido, ¿y por qué tanto Zoido en esta crónica? Por sus errores, y porque las intervenciones de los portavoces de IU y del PSOE, José Antonio Castro y Mario Jiménez, fueron previsibles, una complaciente y, en el caso del socialista, agresiva cuando no un tanto faltona, un adelanto de la atonía en la que puede caer la Cámara andaluza.

Susana Díaz ya es la presidenta de la Junta, la quinta persona en ocupar este puesto y la primera mujer. Salió elegida con los 58 votos de los parlamentarios del PSOE y de IU, a excepción de Juan Manuel Sánchez Gordillo, el alcalde de Marinaleda, que no asistió a la sesión, frente a los 48 noes del PP, al que le faltaron los alcaldes de Córdoba y de Fuengirola, José Antonio Nieto y Esperanza Oña. El primero se encuentra en Buenos Aires, donde Madrid compite por los Juegos Olímpicos del año 2020 y cuya propuesta incluye a Córdoba como subsede. También faltó durante las intervenciones el presidente saliente, José Antonio Griñán, que siguió el debate desde el despacho del Parlamento. Sólo bajó a votar a Susana Díaz. Griñán es el primer presidente que vota a otro presidente, ya que en las anteriores ocasiones, la de la sucesión de Rafael Escuredo por José Rodríguez de la Borbolla y la de Manuel Chaves por Griñán, los dimisionarios no ocupaban un escaño en el momento de la elección.

Griñán evitó, así, permanecer en el salón de Plenos durante la intervención de Juan Ignacio Zoido, dedicada a él en su mayor parte y al que acusó de marcharse sin haber explicado cuándo tomó la decisión. ¿Había decidido Griñán dimitir cuando se presentó a las elecciones hace sólo un año, lo que agravaría el fraude que el PP denuncia, o fue hace unas semanas, cuando el caso de los ERE y la reflexión personal le hizo imposible seguir en el cargo? Para Zoido, Díaz no supone ninguna renovación, ya que es el PSOE, el partido que gobierna la comunidad desde 1982. "Griñán se ha ido sin pedir perdón". "Con Griñán sólo se ha ido Griñán, no el sistema viciado". "La huida de Griñán dará la oportunidad al PP para poder gobernar las próximas elecciones". Griñán, Griñán y Griñán, el presidente del PP sólo parecía mirar al pasado, tan atrás, que sin alternativa a Susana Díaz, leyó los diez puntos del programa electoral con el que Javier Arenas se presentó a las últimas elecciones, las de 2012.

Algunas veces pareció tan atribulado que pronunció frases ininteligibles como ésta: "¿Sin elecciones no hay candidato? ¿Van a ir a las elecciones sin él?".

La tesis del PP, explicada por Juan Ignacio Zoido, es que Susana Díaz no representa ningún cambio político y, mucho menos, un freno a la corrupción, el tema sobre el que ha pivotado el discurso de investidura. "Rechazo la corrupción, se llame ERE o Gürtel", indicó la socialista, que citó por vez primera el caso de los expedientes de regulación de empleo. Una de sus propuestas, la de que los cargos públicos entreguen las declaraciones del IRPF de sus cónyuges, se repitió varias veces en la sesión de ayer, al retar la nueva presidenta a Zoido a que entregue el próximo lunes estos documentos. "Yo y usted, después, -siguió- José Antonio Griñán y Javier Arenas". La invitación, sin embargo, no iba dirigida a Zoido, sino a Javier Arenas, ya que la del ex presidente de la Junta y su esposa se conoce porque son conjuntas, así como la del presidente del PP, publicada y también compartida con su cónyuge.

No sólo la elección de Díaz, sino su actuación en esta última sesión de investidura quedó retratada en las sonrisas socialistas y en el desconcierto de los populares al comprobar que esto de la Junta, en efecto, no va con Zoido.

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