cinco llagas

Susana Díaz vuelve a las trincheras

  • El presidente gana el debate a una Díaz sulfurada.

  • El PSOE se dio ayer por perdedor de la batalla presupuestaria y cargó con rabia contra un Moreno superior a su antecesora

Juanma Moreno gesticula desde su escaño. Juanma Moreno gesticula desde su escaño.

Juanma Moreno gesticula desde su escaño. / EFE

Estas sesiones de control al presidente de la Junta no son duelos a primera sangre. Son ejercicios de esgrima en el que puntúa tanto un buen ataque como una inteligente respuesta. Este jueves el mejor parlamentario de la Cámara, Antonio Maíllo, considerado suplente en su grupo, dio una lección de ambas cosas. No le fue a la zaga Moreno Bonilla, que sigue ganando enteros en sus hechuras estilo Rajoy, a las que ha sumado el sarcasmo. Ajena a estos modos está la ex presidenta.

La toma de posesión de Susana Díaz como jefa de la oposición hace dos semanas, en la pasada sesión de control, ha sido efímera. La jefa socialista decidió este jueves volver a las trincheras, al asedio del Palacio de San Telmo, del que se considera legítima soberana, como si ella fuese descendiente directa de los Orleans y los Montpensier, y Moreno un usurpador. Al grupo socialista le ha sentado como un tiro que el Gobierno de coalición PP-Cs haya cerrado el presupuesto de la comunidad autónoma para los próximos dos años y este jueves anduvo descompuesto y faltón. Su fuerza de intervención rápida, comandada por un diputado Jiménez fuera de sí, intentó reventar la sesión durante la respuesta del presidente a su antecesora.

Díaz manifestó que nadie duda ya de que el Gobierno andaluz está en manos de la ultraderecha. Una preocupación fingida, obviamente, porque el miércoles Vox estaba en la misma posición teórica que el grupo socialista: amenazaban ambos con tumbar los presupuestos andaluces para 2019. También aludió Susana a que así lo refleja la prensa internacional. Su trabajo le ha costado a ella, al insistir una y otra vez en la idea del trifachito, que este jueves no mencionó, para que medios como CNN o Financial Times hayan publicado que Vox forma parte del Gobierno andaluz. Para destacar más si cabía su frustración, Díaz dijo que los partidos del Gobierno han fracasado rotundamente en las urnas en las tres últimas citas, y que este es un gobierno inestable y débil, al que la extrema derecha mantiene en jaque. El asunto genera malestar en su grupo pero agregó que también en personas cercanas a Cs como el catalán Valls. Aludió a Vox como un peligro; un partido que quiere quebrar la convivencia, la Constitución y las autonomías.

Los diputados de Vox, que empezaron muy tímidos cuando se estrenaron en la Cámara, se van soltando. Y este jueves le cogieron el punto a la enfadada ex presidenta hasta irritarla en grado sumo. Dijo Díaz que el PSOE andaluz (el andaluz) ha sido un ejemplo en la defensa de España y la Constitución. (Aplausos cerrados de Vox). Añadió que su partido está dispuesto a llegar a acuerdos. (Aplausos atronadores de Vox y subida de la indignación de la ex presidenta). Y siguió afirmando que ella sabe escuchar y entender al otro. (Los de Vox, a quienes acababa de condenar a los infiernos, la aplaudían ya con incontinencia). En su intervención el portavoz ultranacionalista, Alejandro Hernández, ya se permitió un sarcasmo: afirmó que los presupuestos desbloqueados del miércoles serán "muy provechosos para el futuro Andalucía", y añadió con socarronería que lo mantenía porque le había llamado expresamente Santiago Abascal para autorizarle a decirlo. Díaz cambió de lance para terminar su intervención. Anotó como un signo de buena voluntad que el PSOE andaluz había entrado en el consenso de renovación de los entes estatutarios, pero se le olvidó que también Vox había participado en esos acuerdos.

Los aplausos de Vox habían calentado a la clac socialista, que esperó la intervención de Moreno para vengarse. Y lo hicieron con disciplina militar. El presidente, que este jueves le ganó de calle el debate a Díaz, empezó por establecer que a ella no le importaban los presupuestos de Andalucía; lo demostraba su actitud. Según Moreno, Díaz no se ha molestado en leer los presupuestos, ni ha hecho una llamada para conciliar cosa alguna, ni estuvo presente durante al debate. Moreno contrapuso su propio papel en el pasado: "cuando la señora Montero traía los presupuestos a esta Cámara, yo era quien subía a la tribuna a defender la enmienda a la totalidad de mi grupo". (La clac socialista reaccionó primero con rabia y después con una cólera dominada por la presidenta Bosquet utilizando un estilo estoico, en el que impone disciplina sin levantar la voz).

Moreno volvió del revés los argumentos de su enojada adversaria, sosteniendo que la estabilidad de su gobierno es directamente proporcional a la debilidad de Díaz. Y reprochó a la jefa socialista que no considere ni legal ni legítimo a un partido como Vox al que votan 600.000 andaluces. La acusó de perseguir al fantasma de Vox y ella a él de que estaba atrapado en el despacho de Abascal. Y en un último lamento proclamó que Andalucía no es de derechas. Tanta animadversión sólo se explica si además del desbloqueo de los presupuestos Díaz hubiese perdido algo más el miércoles. Como si en su asedio a San Telmo tuviese que preocuparse en su retaguardia por las fuerzas de Sánchez, como le pasó a César en Alesia en la Guerra de las Galias.

Aquí Juanma se vino arriba y puso como ejemplo de debilidad los 90 días que tardó Díaz en formar gobierno en 2015. O que nunca pudo pactar el presupuesto de dos años seguidos. O que las cuentas públicas se negocian en despachos y no en las cárceles con presos independentistas. (Golpe que tuvo el aplauso de los tres grupos, PP, Cs y Vox, al unísono).

Maíllo no fue menos duro con el actual Gobierno andaluz, pero fue mucho más hábil que Díaz. Se mostró preocupado por el doble fenómeno migratorio del interior a la costa y de los pueblos a las ciudades. Conminó al Gobierno a no reducir servicios educativos o sanitarios y preguntó al presidente cuál era su plan para combatir la despoblación. Había empezado Maíllo elogiando el cambio de registro de Moreno desde la oposición al poder. Dijo que le gustaba el debate de altura y su visión estratégica, que antes era incendiaria. El presidente le devolvió las alabanzas y ponderó la altura intelectual y parlamentaria de su adversario, su elegancia y solvencia. Le dijo que no se cerraría ninguna unidad educativa en las zonas rurales, cosa que preguntó sin éxito Susana Díaz hace dos semanas. Tampoco ningún servicio sanitario. Maíllo más tarde le reprochó su conchabeo con Vox, herederos del absolutismo, del carlismo y del franquismo. Y Moreno sacó su bis de Rajoy a pasear: "Con lo bien que íbamos"...

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