Tu familia no te olvida

Los supuestos casos de bebés robados no paran de crecer · Hay en Andalucía más de un centenar de madres que buscan a sus hijos y de hijos que buscan a sus madres

Afectados de la provincia de Cádiz, ante la Audiencia Provincial, son grabados por una televisión.
Afectados de la provincia de Cádiz, ante la Audiencia Provincial, son grabados por una televisión.
Pedro Ingelmo

30 de enero 2011 - 05:04

Un hijo único, con más de 30 años en la actualidad y unos padres que lo tuvieron mucho tiempo después de casarse. Esa persona puede no ser quien cree que es. Una madre que tuvo su hijo, que lo escuchó llorar al salir de su vientre y a la que, al poco tiempo, sin haberlo visto, una monja le dijo que su hijo había muerto y el feto había sido enterrado. Ese hijo, hoy, puede estar vivo. Éstos son los patrones con los que trabaja la asociación Adanir, que aglutina a familiares de bebés que, supuestamente, murieron a las pocas horas de ser paridos. Ellos sospechan que, en realidad, fueron entregados en adopción por una red compuesta por médicos, matronas, monjas, abogados y administrativos que cobraba de 50.000 a un millón de pesetas por bebé, dependiendo de la época, ya que las primeras denuncias se remontan a finales de los 50 y se extienden hasta los 80. En Cádiz, La Línea, Sevilla, Málaga, Córdoba, Madrid, Bilbao... en todas partes.

"Soy Antonio. En el año 2008, a mis 39 años, me entero de que mi partida de nacimiento fue falsificada, pues consta que soy hijo biológico y pude comprobar que eso no era cierto". Éste es el inicio, el descubrimiento de Antonio Barroso, fundador de Adanir, que supuso que se desencadenaran centenares de denuncias y que el pasado jueves fueron trasladadas (261, aunque Adanir tiene documentados más de 450 casos) al Fiscal General del Estado. Más de cien de estas denuncias señalan a hospitales municipales andaluces. Inés, miembro de esta asociación, se enteró a los 18 años de que sus padres no eran sus padres. "Investigué, pero lo dejé. Pensé que era un caso único, pero Antonio me abrió los ojos. No sólo no era un caso único, sino que había centenares como el mío".

Las denuncias presentadas son como la de Cristina Díaz, residente en Irún, a cuya madre, asegura, le cambiaron su bebé en el hospital de La Línea por un cadáver, el de un niño mucho más grande. Esa foto, la de la abuela sosteniendo un niño muerto que no puede ser el hermano de Cristina, es hoy un icono de esta cruzada. Éste es su relato: "Siempre hemos tenido constancia de que mi madre, Adela Carrasco, había tenido a nuestro hermano en el hospital de La Línea en 1967, que había sido un varón y que ése era el cuarto parto para ella, que nació mediante parto sin dolor, ya que su médico, Abelardo García, se lo había aconsejado. El niño nació vivo, incluso ella lo vio, pero al día siguiente una monja le comunicó su fallecimiento. A mi abuela Joaquina le mostraron un bebé en la morgue. Algo tuvo que sospechar para pedir que le hicieran una foto con el bebé en brazos. Puso la excusa de que era para enseñárselo a mi padre, que estaba haciendo un trabajo en Turquía, pero yo sé que lo hizo para tener una prueba visual de su sospecha. El hospital se hizo cargo del entierro en el cementerio de San José y las monjas le pusieron el nombre de Jesús . Mi madre volvió a Donostia, donde tardó en recuperarse de una depresión. En 1970 nací yo. Cada año por vacaciones bajábamos a La Línea y visitábamos la tumba de mi hermano, que estaba al lado del patio del pozo. En una losa de mármol ponía su nombre, Jesús Díaz Carrasco. En 1980 fuimos por última vez, pero nos encontramos con que la zona estaba rodeada de excavadoras, ya no había nada. Recuerdo que mi padre extendió por el suelo las flores azules que había comprado a la entrada del cementerio. En 2006 falleció mi madre, llevamos sus cenizas allí y quisimos hacer mención de mi hermano en la lápida, pero no recordábamos la fecha exacta, por lo que preguntamos en las oficinas del cementerio. La respuesta fue: su hermano no consta en el libro de entrada. Nunca fue enterrado aquí. Al sacarlo a la luz, apareció más gente de La Línea en la misma situación, y en casi todos se repetía el mismo nombre: parto atendido por Abelardo García".

Abelardo García, en una conversación del pasado mes de junio con este medio, negó que en aquella época trabajara en el hospital, lo que Cristina Díaz rebate con papeles. El ginecólogo no quiso hablar más del asunto. Y así ha sido. Pocos días después, el fiscal algecireño Juan Cisneros abrió las primeras diligencias en España por estos hechos. Prosigue Cristina: "Llevo casi tres años esperando la documentación del registro civil en la que demostraríamos quién atendió el parto, la licencia de inhumación... El detective que contratamos, Rafael Carrasco, descubrió que la hija de Abelardo García es la encargada de esos documentos en el registro civil... ¿Qué debo hacer? Solo busco la verdad. Se lo debo a mi madre".

María José tiene 43 años y reside en un pueblo de Almería. Se encuentra en el lado opuesto. Ella fue un bebé robado. Identificada plenamente ante este periodista y colaboradora con los grupos asociados que están investigando adopciones irregulares, pide anonimato "porque mi madre aún está viva y muy delicada". Su historia empieza con un incidente menor, a los 14 años, cuando, por una casualidad, descubre que no tiene el mismo grupo sanguíneo que sus padres. "Me extrañó, pero le voy a decir una cosa: los niños adoptados siempre tenemos la mosca tras la oreja. No podría decir por qué, pero recuerdo desde muy chiquita tener en la cabeza que mis padres no eran mis padres. Quizá es que nunca fueron demasiado cariñosos, ni un roce, ni un abrazo... y es verdad que mi madre no es muy besucona ni nada de eso, pero... esos análisis. Un hijo debe tener la misma sangre que sus padres, ¿no? Pero no tuve la confirmación hasta que alguien me lo soltó en la calle, alguien me llamó bastarda y yo me fui hecha una furia a casa y le dije a mi madre: cuéntame la verdad. Y me la contó, me contó cómo le indicaron que tenía que fingir el embarazo con cojines, vómitos y mareos durante un tiempo y que un día le llamaron y dijeron que tenían una niña para ella. Lo cierto es que en aquella época, en los 60, no estaba bien visto en un pueblo que una pareja no tuviera hijos, el qué dirán. Fue un shock para mí y muchas veces he pensado cómo sería para mis padres vivir con esa constante mentira. Ahora lo tengo asumido, vivo feliz con mi pareja y me he resignado a que nunca encontraré a mi familia biológica. Me he convencido de que es buscar una aguja en un pajar. No voy a encontrar nunca a nadie", afirma mientras se le quiebra la voz a través del teléfono.

Antonio Jiménez, que durante años trabajó de conductor en una funeraria de Granada, es uno de los pocos testigos que avalan las denuncias de los afectados. Éste es su relato: "Hacíamos los servicios de la compañía en el Hospital Materno Infantil. Me mandaban allí a recoger el supuesto niño y yo notaba que todo era blando, todo era algodón. Los trapos estaban muy llenos de sangre y lo lógico sería que se hubiesen secado. Estaban pillados con esparadrapo y no se veía nada, ni la cara ni la cabeza. Eltrámite era ir al médico del Registro Civil. Me extrañaba que en el certificado de defunción la huella del pie del niño fuese tan grande. Si se suponía que era un feto, y por eso no era enterrado en un nicho sino en una fosa común, ¿por qué tenía un tamaño de meses? Me extrañaba que no hubiese nunca ningún familiar, pero, como siempre iba con prisas, no abrí ninguno para ver si había cadáver. Tenía que haberlos abierto".

José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz, ha decidido abrir una queja del oficio sobre unos hechos que reconoce que le parecen "tan verosímiles como extraños. Cuando empezaron a aparecer las noticias, sentí un enorme estupor. Jamás había escuchado nada por el estilo, ni siquiera de que hubiera sospechas. Ahora hemos llegado a un momento, ante tal cantidad de denuncias, que creo que lo adecuado sería que el fiscal general del Estado nombrara un fiscal especial para el caso que recogiera todas las denuncias de España, ya que es lo mismo lo que se denuncia en La Línea que en Bilbao y no tiene sentido que cada fiscal, aisladamente, haga la investigación por su cuenta".

Uno de los fiscales que recibió la petición de investigar estos casos parecía dar la razón a Chamizo hace unas semanas cuando afirmaba, escéptico: "Entiendo a las familias y entiendo que quieran que se persiga ese delito. Porque, si ocurrió, fue un delito, pero no está tan claro que no haya prescrito. La documentación de esos nacimientos ha sido destruida en muchos casos y el SAS no se siente heredero del anterior sistema de salud. Buena parte de esos testigos ya no vive. Y, la verdad, esta investigación requiere unos medios humanos y materiales que los fiscales, que estamos desbordados de trabajo, no tenemos".

Francisco Lobatón, el periodista que durante los 90 condujo el programa de mayor audiencia de la televisión, ¿Quién sabe dónde?, dedicado a buscar a personas desaparecidas, recuerda algunos casos aparecidos en su programa que podrían hacer intuir la marea de incógnitas que se ha desencadenado ahora. "En nuestro programa salió la punta del iceberg... y el iceberg era éste". Entre las investigaciones realizadas por su equipo, recuerda el programa dedicado al orfanato de Pamplona. "Aquellos niños, ya adultos, tomaron el archivo de la maternidad para descubrir quiénes eran sus familias biológicas". Pero esos niños navarros no pertenecían a la categoría de las 261 denuncias presentadas el jueves. En ese centro las monjas entregaban niños que no querían sus padres a familias que no podían tener hijos. "¿A cambio de dinero?". "Hombre, no sería correcto hablar de una transacción comercial, de un negocio, pero a nadie se le escapa que la Iglesia suele recibir donativos".

Lobatón está convencido de que tienen razón las familias, que se produjeron robos de niños, que se seleccionaban muy bien las víctimas para que no hicieran demasiadas preguntas cuando se les comunicara la noticia, muertes inverosímiles por otitis -caso de la clínica O'Donnell, de Madrid- o por fallos respiratorios, pero tiene más dudas acerca de que se tratara de "una mafia organizada. Me inclino a pensar más en tramas locales, sin conexión las unas con las otras. Durante los primeros años del franquismo, como parte de la represión, se robaron niños sistemáticamente con el beneplácito del régimen. Cuando esa actividad terminó, siguió otra parecida pero constituida como negocio de pequeñas mafias en determinadas maternidades".

El abogado especializado en adopciones Enrique Vila colabora con Adanir y defiende que no existe prescripción del delito, ya que en ningún momento ha empezado a contar el tiempo para esa prescripción. El delito es la compra-venta y su posterior mentira. Para él, "robar un niño y ponerle el nombre de otra familia, limpiar todo el historial, necesita una colaboración de todos los que intervienen en el proceso". Además, desde Adanir se insiste en que tenía que existir una bolsa de demandantes a los que, en numerosas ocasiones, se les recomendaba que fingieran el embarazo, con lo que tenía que ser una actividad planificada y estructurada.

Miguel Ángel Rodríguez, profesor de Derecho Penal y autor del libro Los niños perdidos del franquismo, afirma en una entrevista al periódico Europa Sur que "el Estado no puede dejar en manos de estas familias estos hechos o inhibirse, como ha estado haciendo. No puede ser noticia que una fiscalía en Algeciras haya actuado de oficio cuando la noticia debería ser que no lo hiciera. Es su obligación como establece el Convenio Europeo de Derechos Humanos, que es vinculante para todos los países miembros".

Los afectados quieren contar con un banco de ADN. Es la única forma de salir de dudas y no buscar agujas en un pajar. María José, resignada, está convencida de que, de algún modo, esta práctica sigue existiendo, aunque sea de otro modo, y que siempre existirá: "¿De dónde provenían algunos de los niños rusos o chinos que vinieron a España en los 90?", se pregunta. Cristina no se resigna porque no tiene dudas de que su hermano Jesús vive en algún lugar, a saber cuál, sin conocer su origen. Que, de hecho, ni siquiera sabe, y posiblemente nunca lo sepa, que se llama Jesús.

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