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Un poeta nada común

Desde la otra sentimentalidad Una vida coherente al servicio de la poesía y el compromiso

El escritor y catedrático Luis García Montero , que ha anunciado que deja la docencia tras ser condenado por injurias a un colega, ha levantado una ola de solidaridad

El poeta y profesor Luis García Montero.
Alejandro V. García

16 de noviembre 2008 - 05:04

No es un poeta ni un profesor común. La obra y el magisterio de Luis García Montero concitan el fervor de miles de lectores y discípulos y, al mismo tiempo, el vehemente desdén de quienes militan en otras cuadras literarias o en escuadras ideológicas contrarias. ¡Cuadras y escuadras!

¿Por qué ocurre eso? Quizá porque García Montero es más que un simple escritor y catedrático: es el poeta de su generación que más libros vende; ha sido un activo organizador de actividades culturales; forma parte de los jurados de los premios literarios; es amigo de editores y de críticos; escribe letras de canciones y firma manifiestos; no oculta su militancia en Izquierda Unida y colabora activamente con su causa electoral; es requerido por universidades españolas e hispanoamericanas; encabeza el movimiento La otra sentimentalidad y se presta, en fin, a apoyar cualquier proyecto que considere justo o adecuado. Una suma de inquietudes posiblemente excesiva para aspirar al reconocimiento unánime y a la tranquilidad. Y todas ellas vertebradas por una vocación principal: la literatura.

Cuando el lunes pasado anunció su intención de pedir una excedencia y abandonar la Universidad de Granada -tras ser condenado por injuriar a su colega de departamento, José Antonio Fortes- se produjo, y no es exagerado, una conmoción fenomenal. Tres días después el manifiesto de apoyo al intelectual granadino había recibido más de dos mil firmas, entre ellas las de Miguel Ríos, Joaquín Sabina, Juan Gelman, Francisco Brines, Ernesto Cardenal, Antonio Muñoz Molina, Laura García-Lorca, Elvira Lindo, Iñaki Gabilondo, Enrique Morente y José Manuel Caballero Bonald, etcétera.

¿Qué ocurrió para que los dos profesores llegaran a los juzgados? García Montero le dedicó a Fortes un duro artículo en respuesta a las descalificaciones personales que éste le había brindado en clase (las literarias, que también las hay, constan en libros y artículos) y, sobre todo, por aleccionar a sus alumnos con la peregrina y machacona teoría de que García Lorca o Francisco Ayala fueron cómplices del fascismo.

Con este agrio incidente García Montero puso voluntariamente fin a una larga y fructífera carrera como docente que comenzó muy temprano, en 1981, recién obtenida la licenciatura. Entonces, a los 23 años, Luis ya había publicado un libro, Y ahora eres dueño del Puente de Brooklyn, que obtuvo el premio García Lorca de poesía convocado por la Universidad granadina en 1979 entre los estudiantes, y proyectaba los dos próximos, Tristia y, sobre todo, El jardín extranjero, que obtuvo el Adonais de 1983 y que supuso su reconocimiento nacional. Era el comienzo de una carrera vertiginosa de la que había dado muestras en la época de estudios universitarios y antes, según quienes compartieron con él sus años escolares, en el colegio de los Escolapios de Granada.

García Montero pertenece a una familia de siete hermanos, todos varones, educados bajo la disciplina del padre, un militar que alcanzó el grado de coronel. Sus amigos lo recuerdan como un chaval travieso pero, al mismo tiempo, estudioso. La familia vivía en el Paseo de la Bomba, en la frontera imaginaria que en los años sesenta dividía la ciudad con el campo. En el colegio los alumnos, aunque tenían que pagar el tributo inevitable de misas y catequesis, quedaron a salvo de las efusiones políticas del último franquismo que eran habituales en los centros públicos.

Su aparición en la Universidad no pasó desapercibida. Luis obtuvo una inmediata popularidad y comenzó a participar, a través del PCE, en el movimiento político universitario. El catedrático Juan Carlos Rodríguez se convirtió en su maestro. En los años de estudiante Luis comenzó a trabajar por horas en la librería Teoría, aunque su vocación le empujaba más a ser autor que vendedor de libros. En aquella época fructificó su amistad (una amistad cómplice en convicciones personales, artísticas y políticas) con el poeta Javier Egea, el pintor Juan Vida y el profesor de Derecho y animador cultural Mariano Maresca. El primero, Javier Egea, murió trágicamente unos años más tarde (Fortes, según Luis, le acusó en clase de contribuir a su muerte). Vida y Maresca fueron algunos de los amigos que el pasado martes se presentaron en el aula de la facultad de Letras para repudiar la sentencia condenatoria y apoyar al catedrático frente a su colega Fortes.

En los años en que fundamentó sus relaciones personales, hacia 1983, García Montero inició una relación sentimental de la que nació su primera hija, Irene. Es difícil relacionar con exactitud su carrera literaria y docente y todas las actividades culturales de las que formó parte. Los libros de poemas Diario cómplice (1987) y Las flores del frío (1991) aparecieron en aquella etapa de consolidación y, antes, en 1982, el ensayo La otra sentimentalidad (con Javier Egea y Álvaro Salvador) que fundó un modo de abordar la literatura y el compromiso social, y Poesía cuartel de invierno (1988 y 2002). En ellos Luis fija la definición de la poesía como "un género de ficción donde la creación de efectos es inseparable de la creación de sentido".

En los comienzos de los ochenta García Montero entabló una estrecha amistad con Rafael Alberti (uno de sus maestros indiscutibles, junto a Jaime Gil de Biedma) que duró hasta la boda del gaditano con Asunción Mateos. De entonces es la edición suya de la obra completa de Alberti. A lo largo de los años García Montero ha preparado ediciones críticas de García Lorca, Carlos Barral, Luis Rosales y Francisco Ayala.

En 1994, el año en que publica Habitaciones separadas, inicia su relación con la novelista Almudena Grandes, con la que tiene otra hija, Elisa. La nueva situación familiar le obligó a vivir entre Granada y Madrid, un régimen al que aun está comprometido. Luis es un viajero implacable, y va y viene de un continente a otro a participar en un congreso o dar una conferencia con la naturalidad con que otros van del trabajo a su casa. Eso sí, ha preservado siempre sus viejas amistades y su compromiso con la militancia política; defienden los postulados de Izquierda Unida, asiste a las reuniones internas y se ha prestado a ocupar puestos simbólicos en las listas electorales.

El matrimonio con Almudena Grandes dio nuevos (y definitivos) argumentos a todos los adversarios que lo acusan de acumular un poder descomunal en el orbe literario y de mover los hilos de cuadernos literarios, premios, ascensos, editoriales o invitaciones a congresos. En 2006 Tusquets publicó su obra completa y hace unos meses apareció su último libro de poemas hasta le fecha, Vista cansada, una especie de biografía lírica que contiene muchas de las claves de vida y obra. En él está incluido un breve poema que sintetiza una de las cualidades que más ha cultivado, la fidelidad: "Lo peor / no es perder la memoria / sino que mi pasado / no se acuerde de mí".

La determinación que hizo pública el martes de abandonar el curso que viene la docencia supone la renuncia a una de sus grandes vocaciones, una especie de punto y aparte que continuará en un capítulo aún por escribir.

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