Cuando se vuelven locos por ellas
La berrea de los ciervos en el parque natural de Los Alcornocales marca la antesala de la temporada de caza que esperan más de 120.000 escopetas en Andalucía · Crónica de una noche de celo en el monte
"¡¡¡¡¡Quieeeero una hembra!!!". se es el grito que se escucha por todo el monte andaluz con la llegada del otoño. No suena así, naturalmente, no suena como el viejo de Amarcord que se encarama a un tejado demandando lo que la naturaleza le prometió. Suena más o menos así: "Muuuuuuc". El latido del instinto se multiplica. Los ciervos están de berrea. Los ciervos quieren hembras. Esto es una historia de sexo, poder y muerte.
"Mi gran combate, mi particular Frazier-Clay, fue en esta finca. Dos ejemplares hermosos, con cuernas parejas, se citaron para la pelea. El joven pensaba que era el momento del relevo y no hizo caso a la mirada del viejo, que le sugería que se alejara de su harén. Estuvieron estudiándose hasta que se decidieron a enlazarse. Los ciervos no son como las cabras, no es una pelea de golpes; es una pelea de fuerza. Se engancharon y empezaron la danza. Fue una lucha igualada, empujándose, desenganchándose, enganchándose de nuevo ante un auditorio de hembras expectantes. Ganó el viejo, pudo con el joven, lo agotó y, cuando lo vio derrotado, lo embistió con la cabeza, sin intención de herirle, humillándole. Vete de aquí. Posiblemente sería su última victoria. Al año siguiente, ya no estaba". Andrés, propietario de la finca de Los Alcornocales en la que nos encontramos, refiere aquella lucha épica entre animales mitológicos con la emoción de un hecho único. Sabe que no lo es, sabe que la leyenda nos habla de dos ciervos de cuernas de veinte puntas que se engancharon y se desengancharon hasta que en un lance, después de una interminable pelea por el poder, sus cuernas no pudieron separarse más. Durante dos días estuvieron unidos, ya sin pelear, sólo intentando desatar el nudo. No hubo campeón, unidos por el símbolo de su virilidad. Desconoce la leyenda si las hembras que asistieron al combate rindieron homenaje.
Andrés y Francisco son los propietarios de esta finca de Los Alcornocales, los que nos han invitado a este espectáculo asombroso. La única condición es que no localicemos el lugar. Hay un caballero de dieciséis puntas y otro de catorce, el aspirante a ser el rey del mambo. "En la finca donde caza el Rey un dieciséis puntas es normal, los hay de veinte puntas a puñados, pero esos están amansados, están criados para adornar los grandes salones. Pero en una finca mediana como ésta un dieciséis puntas es una pieza suculenta y, por estos andurriales, hay más furtivos que cazadores". Respetamos el anonimato en estas 550 hectáreas que todavía tienen el rostro pardo del verano. Miguel, el guarda, chasquea la lengua. "Este año la berrea anda floja. Muchas ciervas, ciervas para todos".
Nos apostamos en un escondrijo ideal desde donde se contempla el comedero. Por ahí merodea el jefe, el dieciséis puntas. Se hace esperar. Esta tarde noche del primer otoño sopla el levante y el levante vuelve a los animales cautos. Cuando el sol empieza a hacerse rojo en las lomas, salen las primeras ciervas como bailarinas. Es como si estuvieran en un escenario, sólo para nosotros, espectadores ocultos, en el que estuvieran diciendo "y ahora, con ustedes...". Y así es. Sale él, el dieciséis puntas, majestuoso, de gran cuello, de gruesa cuerna, paseándose entre ellas, que le admiran.
Esta finca, perfectamente cuidada, es rentable dentro de lo que podemos considerar rentable en el sector cinegético. Deja unos 35.000 euros limpios al año y el principal negocio se concentra en un solo día. Es el día de la montería, que este año tienen asignada en diciembre. Venderán 35 puestos a 700 euros cada uno. Sonarán las escopetas. Quizá abatirán al dieciséis puntas y eso será un golpe. "Es un animal tan bello -explica Francisco-... Pero quizá caiga. Una vez, en una montería, tuve un ejemplar como éste ante mi mira. Se me fue por un segundo y, al instante, escuché un disparo y la pieza cayó fulminada. Tuve una punzada, no sé si porque yo no había disparado o porque había disfrutado de su belleza durante la berrea, porque ya no le vería más en su reinado. Luego quitas el sentimentalismo. Esta finca se dedica a eso y un cliente se ha llevado una buena pieza. Esto nos dará buena publicidad, nos dará prestigio. Colgará al semental en su salón y dirá que a éste le cacé allí y habrá más demandas para los puestos".
Hay 120.000 escopetas en Andalucía, pero no todas pueden permitirse tres monterías. Ahora eligen una y que sea buena, que tenga nombre. Muchas fincas han bajado precios , lo que se paga por la carne de venado, que en su gran mayoría irá a parar a Alemania, es cada vez menos. El año pasado acabó pagándose un kilo de venado a 1,50.
Tu carne vale 1,50 el kilo, amigo dieciséis puntas. Si caes, pese a tener ahora a todas las chicas adorándote, tu carne seguirá valiendo 1,50, exactamente lo mismo que ese vareto que ahora se cruza. Un vareto es un macho joven que disfruta por primera vez de cuerna. Bueno, cuerna... Dos varas, que por eso se llaman varetos. Todavía les queda un calvario. Llegará el invierno y perderán los cuernos. Se sentirán avergonzados, se ocultarán, pero renacerán el siguiente otoño y su cuerna será más aparente y empezarán a sopesar con quién se pueden medir. No con el rey, naturalmente, pero sí con algún compañero de juegos infantiles. De alguno de ellos saldrá el próximo aspirante. El rey fulmina al vareto con la mirada y el vareto se aleja. Algún día seré como tú, dieciséis puntas.
"¿Hay aspirante para dieciséis puntas?", preguntamos a Miguel, que es el que se conoce por su nombre a las cerca de 300 cabezas de la finca. "Hay uno que le anda rondando, pero yo creo que no se medirá este año. El próximo, si siguen aquí, le retará". Tenemos la suerte de ver al aspirante, catorce puntas, en la zona baja de la finca, acompañado de otra corte de ciervas. Cae la noche y lanza su poderoso berrido. Lo escuchan las ciervas y lo escucha dieciséis puntas. El reto está tendido. Te espero el próximo año.
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