Antonio Franco | Obituario

Antonio Franco, la silenciosa eficacia del director de un museo

  • Al frente del Meiac, el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, encarnó los mejores valores del funcionario público y deja a su muerte una densa y admirable ejecutoria

Antonio Franco, en el centro, presentando una donación de obras de Juan Barjola al Meiac. Antonio Franco, en el centro, presentando una donación de obras de Juan Barjola al Meiac.

Antonio Franco, en el centro, presentando una donación de obras de Juan Barjola al Meiac. / Junta de Extremadura

Una rápida enfermedad nos ha dejado este domingo sin Antonio Franco, comprometido y clarividente director del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (Meiac). No uso esos adjetivos de modo gratuito. Antonio Franco se comprometió con el Meiac de muchas formas: desde el impulso de artistas extremeños de ayer y de hoy, hasta la creación de un fondo antropológico que recuperara modos de vida de Extremadura. Clarividente porque apostó por el arte digital y en la red, con más reconocimiento, justo es decirlo, fuera que dentro de España.

Antonio Franco, nacido en Torre de Miguel Sesmero, Badajoz, en 1955, cursó la licenciatura en Historia del Arte en Sevilla. Simultaneó las prácticas de la carrera (en el Museo de Bellas Artes) con la catalogación de la colección del Ayuntamiento de Sevilla que hizo con Paco del Río y María José Pérez Jiménez, catalogación que se hacía por primera vez y culminó en una muestra celebrada en el Alcázar. Aún tuvo tiempo para dar otros rasgos a la Alameda de Hércules, esfuerzo compartido con Manolo Caballero, pintor, y el escritor Juan Luis Romero Peche.

Pasó a dirigir, en 1995, el Meiac, edificio circular, antigua cárcel, y lo hizo con cuatro líneas de actuación. Una, la recuperación y valoración de artistas extremeños. A destacar la exposición de Godofredo Ortega Muñoz, pintor referencia para jóvenes artistas de los años cincuenta. No olvidó a jóvenes autores extremeños: llevó al Meiac a Emilio Gañán o Ruth Morán, entre otros. Otra dirección fue la estrecha colaboración con Portugal. Potenció desde el Meiac el paso de la colección Antonio Cachola al Museu de Arte Contemporânea de Elvas y celebró muestras como Madre Agua, tejida con obras de Ignacio Tovar y Pedro Calapez.

Pero sin duda la línea de trabajo más audaz fue su apuesta por el arte digital y tecnológico. Esfuerzo que fraguó, el año 2008, en la gran exposición El discreto encanto de la tecnología, dirigida por Claudia Giannetti y coproducida por el ZKM (Zentrum für Kunst und Medietechnologie) de Karlsruhe. No se quedó ahí: continuó el trabajo con una amplia colección de arte en la red que se consolidó en el llamado NET-escopio, que pone numerosas obras a disposición del usuario de la red. Tal empeño fue reconocido con la cesión al Meiac del célebre archivo Turbulence.org.

Hay que añadir algo más: el afán de Antonio Franco por incorporar al Meiac imágenes de la dura vida rural en Extremadura. Un esfuerzo realizado casi a sus expensas. Le dedicó tiempo (casi un trabajo de campo) y los gastos, dadas las restricciones de la financiación pública durante la crisis, corrieron muchas veces a su cuenta. Dejo cosas atrás, como la exposición Secuencias, 1976-2006, que recogió obras de arte público en Extremadura, entre otras las del Museo Vostell. Una densa ejecutoria que Antonio Franco llevó adelante sin lamentar los pocos medios y con una gran delicadeza por el dinero público.

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