Obra de Lita Cabellut para la Bienal de Flamenco Rocío Molina, el baile que rasga la pintura

  • La bailaora deconstruye un lienzo de Lita Cabellut para generar el cartel de la XXI Bienal de Sevilla durante una 'performance' en Artillería

La bailora Rocío Molina, en una sesión preparatoria de la obra gráfica de la Bienal. / Antonio Pizarro

Una paloma vuela hacia las bóvedas de la fundición mayor de la Fábrica de Artillería. La artista Lita Cabellut (Sariñena, 1961) cree que en ella viaja el alma de Camarón de la Isla, "mi cantaor favorito y quien me enseñó a pintar con pasión". En estas naves de proporciones catedralicias también ha encontrado rotulado en color púrpura sobre una columna su número favorito, el 4. "Un feliz presagio", como advierte a la bailaora Rocío Molina mientras ambas preparan la performance con la que encararán poco después el reto de la Bienal de Flamenco, que eligió a Lita Cabellut para ser la primera mujer en crear la imagen promocional del festival jondo.

Ella, célebre por sus expresivos retratos y por las astronómicas cifras que alcanza su obra en el mercado del arte, eligió a la malagueña para que se convirtiera en sus manos y en sus pinceles en una propuesta estética "de rompe y rasga". La Premio Nacional de Danza se encargó este mediodía, durante 45 minutos, de deconstruir, armada con unas poderosas botas de tacón y su sensual energía, las 12 capas de pintura de un lienzo de Cabellut que rasgó, craqueló y estremeció. Su baile se abrió con silencios y encadenó soleá por bulerías, tangos, seguiriyas y hasta tonás.

Rocío Molina gira sobre el lienzo al inicio de su intervención. Rocío Molina gira sobre el lienzo al inicio de su intervención.

Rocío Molina gira sobre el lienzo al inicio de su intervención. / Antonio Pizarro

Esta performance comenzó cuando Cabellut y Molina, vestidas de negro riguroso, descolgaron del bastidor el lienzo que representaba a una artista flamenca cuyo rostro es el de la modelo que ya aparecía en una serie de la pintora sobre Frida Kahlo. Ante la pared desnuda la madera formando una cruz deja el recuerdo de una instalación de Joseph Beuys porque el espacio fabril de Artillería es una pieza más de esta intervención.

La voz de Juana la del Pipa cerró el ritual, que dejó un amasijo de colores empastados

Rocío tira el lienzo al suelo y, siempre atenta a Cabellut, cuya silueta se adueña del bosque de columnas, comienza a bailar el silencio. Primero de un modo respetuoso y reverencial. Poco a poco toma contacto con la tela y empieza a buscarla, arañarla y rajarla con su zapateado en un singular paso a dos. El lienzo y la bailaora se encuentran, se repelen y se acercan.

Juana la del Pipa y su cante añejo junto a Rocío Molina. Juana la del Pipa y su cante añejo junto a Rocío Molina.

Juana la del Pipa y su cante añejo junto a Rocío Molina. / Antonio Pizarro

La tensión va subiendo hasta que la pintura comienza a saltar por los aires: esquirlas de acrílico rojo, blanco y negro se prenden a los brazos y al rostro de Molina, que no duda en tirarse al suelo evocando algunas figuras horizontales de su célebre coreografía Caída del cielo. Todo su talento escénico, y hablamos de la bailaora mejor dotada de su generación, se pone al servicio de una obra nueva y performática. Cuando parece que ha roto el lienzo hasta volverlo irreconocible y que va a despedirse, Cabellut le dice en un aparte que siga, que aún puede rasgarlo más. Y entonces Molina regresa frenética para arrasar la tela, ebria de creatividad, como si la poseyese el alma de Lita -que en esta fase de su carrera rompe sus obras, como mostró en el Museo del Prado- y el lienzo fuera un espejo cuyo cristal azogado se hace añicos.

La fundición mayor de Artillería fue un elemento más de la 'performance'. La fundición mayor de Artillería fue un elemento más de la 'performance'.

La fundición mayor de Artillería fue un elemento más de la 'performance'. / Antonio Pizarro

Como colofón al ritual irrumpe desde el fondo la figura matriarcal de Juana la del Pipa, leyenda viva del flamenco de Jerez, que avanza hasta Molina y se sube con ella al lienzo. Al calor de su cante añejo la bailaora traza sus últimas filigranas y figuras, dejando un amasijo de colores empastados que sugiere, como Lita quería, el grito y el quejío de Camarón. Ahora este lienzo será consolidado y fijado en el estudio de la artista en La Haya y formará el díptico del cartel de la Bienal junto a la obra original (o convencional) que sirvió de punto de partida. Ambas anunciarán la principal cita flamenca de Sevilla, que se desarrollará del 4 de septiembre al 4 de octubre de 2020 bajo la dirección de Antonio Zoido.

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