"Saltarse la Regla": un llamamiento a la situación actual de las leyes de dependencia y discapacidad
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El pasado 11 de diciembre, el Congreso de los Diputados dio el primer paso para aprobar la reforma de las leyes de dependencia y discapacidad, recogiendo la incorporación de más servicios y prestaciones, así como la eliminación de cargas administrativas. Esto afecta de forma directa a las personas con discapacidad que siguen teniendo que afrontar problemas tan básicos como los vinculados con la regla
La menstruación forma parte de la vida de las personas con aparato reproductor femenino. Es algo intrínseco y esencial para la reproducción humana. No obstante, sigue siendo un tema tabú que se agrava por la falta de medios y apoyo institucional, e incluso se multiplica cuando hablamos de personas con discapacidad.
Ana María Valle (Espera, Cádiz) tiene 23 años y se ve obligada a paralizar su vida de forma recurrente cuando le llega el periodo. Esta situación no es una exageración, sino que se trata de una escena real que comparten muchas personas. La gaditana tiene una discapacidad física, y comenta que los impedimentos son mayores a la hora de tratar la menstruación en sitios públicos y de forma autónoma. En su época como estudiante de Derecho en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) inventaba excusas para no ir a clase, ya que para ella era mucho más cómodo cambiarse tumbada que sentada y allí no era posible. Además, necesitaba la ayuda de su asistente personal, pero declara que “al principio no tenía tanta confianza con ella”.
La asistencia personal
En España, una de cada cuatro personas carece de autonomía en su vida diaria, y menos de un 1% de las prestaciones para aquellas en situación de dependencia son para la asistencia personal, según datos de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE). Organizaciones como la anterior o CODISA (Confederación de Entidades de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Andalucía) reivindican una mayor implicación de las instituciones y reclaman como principales medidas “la asistencia personal como derecho y modelo de vida independiente”.
Esta figura facilitaría la vida de las personas con discapacidad durante el ciclo menstrual. Pero, ¿está la sociedad realmente concienciada con la regla? El testimonio de Ana refleja con contundencia que no. Esta realidad podría revertirse si existiera una red de apoyos que permitiera a cada una vivir el ciclo de la regla como un día más en su vida.
Emilio Tortosa (Sevilla) es Técnico de Ocio, Cultura y Deporte en COCEMFE Sevilla. Su trabajo como asistente personal comenzó muy joven por vocación. No obstante, la formación la adquirió con la experiencia, sobre todo en lo relativo a la higiene personal y, más concretamente, la regla. Aún recuerda su primer contacto con esta realidad: tenía 18 años y fue como voluntario a un campamento. La chica que también iba de voluntaria tuvo que irse al hospital y se quedó solo con todo el grupo. Era la hora de despertarse y llegó a la habitación de Rosario, una mujer con discapacidad física. Cuando fue a levantarla, se dio cuenta de que había sangre. Ella le dijo con total naturalidad que le había bajado la regla: “pónme un tampón”. Emilio nunca había hecho eso. Sin embargo, tras una conversación con ella, lo naturalizó: “Al final es algo que necesitas y yo estoy aquí para ayudarte”.
El asistente personal es una figura que ayuda a las personas con discapacidad a desarrollar tareas básicas en su vida diaria. A la hora de conocer una cifra exacta, no se transmite con claridad. Desde CODISA explican que la Junta de Andalucía otorga una subvención a quienes solicitan la asistencia. Por ello, según los datos del organismo público, constan un total de doce profesionales subvencionados. Por otro lado, también existen contrataciones directas entre la persona y el asistente.
Según la investigación de Alejandro Rodríguez-Picavea y Javier Romañach, “Consideraciones sobre la figura del Asistente Personal en el Proyecto de Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia” (Foro de vida independiente, 2006), los asistentes personales están formados para lavar, duchar o depilar, pero no se menciona nada sobre la higiene menstrual. Esto, que es una necesidad básica, se cubre de forma improvisada por los profesionales que no reciben ningún tipo de formación previa.
Marina (25 años, Valencina de la Concepción, Sevilla) sufrió un accidente hace cinco años que le hizo perder la movilidad en las piernas. Explica que hay mucho desconocimiento y miedo al asistente personal. Y es más complicado aún en el caso de la higiene. La joven considera que esta figura es una ayuda fundamental.
A la hora de tratar el periodo cree que la varilla es la mejor opción para las personas con discapacidad: “En mi caso yo la uso porque es lo más cómodo”. Este implante es un método anticonceptivo formado por un pequeño tubo flexible que se inserta bajo la piel del brazo, libera hormonas (progestágenos) e impide la ovulación, lo que anula la regla por unos tres años.
Por la falta de movilidad en sus piernas, no tiene control de los esfínteres, y orina más de lo habitual. Esto se produce debido a que la vejiga se comprime durante el periodo. Además, se tiene que sondar y lo hace por medio de la percepción sensitiva. Aclara que si se llena la sonda de sangre, no puede introducirla luego por la uretra porque, de esa forma, se infecta un canal que no puede tener sangre. Otros métodos anticonceptivos provocan una mayor coagulación de la sangre, y debido a la falta de movilidad, son personas con mayor riesgo de sufrir un trombo.
Amparo Cruz (60 años, Sevilla) es la vicepresidenta de la Asociación de Usuarios de Perros Guía de Andalucía de la ONCE. Cuenta su relación con la menstruación como persona invidente: “Puedes manchar una silla y no darte cuenta, pero las personas de tu familia o del trabajo, pues sí te lo dicen”. Apoya la necesidad de la figura del asistente personal aunque entiende que “tener que depender de una persona significa ceder parte de tu intimidad”.
La vicepresidenta explica que la principal dificultad para las personas invidentes es la adquisición de los productos de higiene menstrual: “Nosotros necesitamos localizar las cosas y no todas vienen marcadas”. Cree que la solución podría ser “un mercado en braille o con un código QR”. Además, un asistente personal podría servir de gran ayuda a estas personas a la hora de seleccionar los productos. Sobre este tema, comenta de forma positiva: “En mi época había dos tipos de compresas y dos tipos de tampones. Ahora hay una variedad tremenda”.
Manoli Murillo (60 años, Hinojosa del Duque, Córdoba) tiene discapacidad desde muy pequeña y la regla ha sido algo que ha vivido de manera natural. Es la presidenta de DAFHI (Asociación de Discapacitados y Familiares Hinojoseños) y es una luchadora acérrima de los derechos de las personas con discapacidad. Denuncia que los problemas se acrecientan en la zona rural. “Parece que la discapacidad solo está en las ciudades. Uno de los principales problemas es la comunicación de carreteras”, expone.
Baños adaptados
Todas las entrevistadas coinciden en que la clave para una buena higiene sería instalar en cada baño una camilla. Según Marina, el lugar más adaptado donde ha estado es el baño del aeropuerto de Adolfo Suárez-Madrid Barajas. El resto, o no constan de instalaciones adecuadas, tales como un grifo acorde y la altura del lavabo correspondiente, o son utilizadas con otros fines, e incluso a veces no presentan una correcta limpieza debido al uso de aquellas personas que no deberían entrar.
Son varios los inconvenientes que sufren las mujeres con discapacidad en cuanto a la regla: la ayuda de un asistente personal, que según los datos mencionados, es escasa; la necesidad de otro tipo de productos, porque los que hay pueden no ser cómodos o compatibles para ellas; o una medicación distinta, porque el dolor puede ser muy fuerte, sufriendo pinchazos, calambres y espasmos que, dependiendo de la discapacidad, en ocasiones no pueden manifestar.
Hay mucho trabajo por hacer. La figura del asistente personal es primordial. No solo para la higiene y la menstruación sino para la vida en general. Las instituciones públicas son las responsables de que las personas con discapacidad estén en equidad de condiciones, así como promulgar un trabajo digno del asistente personal. Los profesionales necesitan recursos y una formación acorde con las necesidades de los usuarios. Además, se debe concienciar a la sociedad de que esto es cosa de todos y que cualquier persona puede encontrarse en la misma situación. La clave es la visibilidad, porque lo que no se nombra parece que no existe.
Si hay algo claro, es que el problema no es la discapacidad sino la ausencia de sensibilidad y conocimiento. Así lo refleja Manoli, que tiene un lema de vida: “donde no puede entrar una persona con discapacidad, no debería entrar nadie”. Lo que falta es empatía, entender al otro. Un mundo sin barreras. Un mundo donde nadie debería saltarse las reglas.
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