Calixto Sánchez, José de la Tomasa, Pepa Montes | Crítica

La última de Calixto

El arte genuino de José de la Tomasa volvió a las tablas del Maestranza. El arte genuino de José de la Tomasa volvió a las tablas del Maestranza.

El arte genuino de José de la Tomasa volvió a las tablas del Maestranza. / Juan Carlos Vázquez.

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La última copla fue por martinetes. Fueron los Golpes de fragua y de amigo con letra de Aurelio Verde que incluía su primer disco registrado con ventitantos años. Fue el inicio de una carrera meteórica que pasa por el primer Giraldillo del cante que lo consagró como un héroe de los festivales andaluces de los que fue primera figura hasta que decidió retirarse, en plena forma, hace unos años. Anoche volvió a la Bienal en un brillante epílogo en el que demostró que se halla en plenitud de facultades vocales. Pero su cante, después de los mencionados martinetes, queda en exclusiva para familiares y amigos. También estuvo muy emotivo por seguiriyas, muy sentimentales.

Porque ayer el Teatro de la Maestranza se convirtió en un festival de verano bajo las estrellas. José de la Tomasa ofreció la dulzura de sus fandangos de posguerra, de herencia paterna, sus tarantos singulares y su portentosa seguiriya, de herencia materna, uno de los momentos más emocionantes de la noche. Sobre todo cuando el cantaor se puso en pie en la última copla y evocó las maneras crudas, viscerales de su tío abuelo Manuel Torre.

Pepa Montes dio la sorpresa cuando en su grupo vislumbramos el perfil de Arcángel. Hacía muchos años que el de Huelva no le cantaba al baile pero la ocasión lo merecía. Sentimental y entregado, como el resto de los cantaores, para el baile seguro, portentoso de Montes que dio una lección de cómo se bailaba hace 30 años en los festivales andaluces. Porque eso es lo que vimos anoche: un recital de flamenco clásico entendiendo este concepto en el sentido que se le dio en los años 60 y 70 del siglo XX, que fue cuando se acuñó dicha fórmula. Montes dio una lección de cómo pasearse con la bata de cola y mover el mantón. De cómo mover las muñecas y de que el zapateado, más que un instrumento de percusión, es un instrumento de emoción. Y todo lentamente, sin prisas, gustándose y dejándose gustar. Austera, esencial en el garrotín y derrochando sabor en las alegrías. Segundo Falcón también se fue adelante, espoleado por lo que había hecho Arcángel, y le cantó con todas las ganas a la bailaora haciéndonos recordar esas Bienales en las que los dos cantaores eran parte del grupo de Montes.

Pues de eso se trataba, de evocar la historia de este festival con figuras que fueron decisivas para el mismo, escribiendo de esta manera la historia contemporánea de este arte. Porque si Calixto Sánchez fue el primer Giraldillo de la Bienal, Pepa Montes es sin duda la bailaora que en más ocasiones ha comparecido en este festival. Y ahí están los tres, en la plenitud de sus facultades. Sánchez se va porque quiere.

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