El ángel triste | Crítica Negro, muy negro

  • La editorial Vernacci recupera 'El ángel triste' de Carlos Pérez Merinero, una novela con los ingredientes habituales de este autor malogrado y de culto: crítica social hiriente, aires 'pulp', sexo y violencia

Carlos Pérez Merinero, en 1996 durante el rodaje de la película 'Rincones del paraíso'. Carlos Pérez Merinero, en 1996 durante el rodaje de la película 'Rincones del paraíso'.

Carlos Pérez Merinero, en 1996 durante el rodaje de la película 'Rincones del paraíso'. / D. S.

Puede que Carlos Pérez Merinero (Écija, 1950-Madrid, 2012) no haya pasado a engrosar la lista de los autores españoles más reconocidos del siglo XX pese a haber escrito 18 novelas, dos poemarios e innumerables relatos, además de guiones para cine y series de televisión. Lo que sí es seguro es que cuenta con un nutrido, aunque poco ruidoso, grupo de lectores incondicionales, que alguno ha dado en llamar merineristas, seducidos por su irreverente forma de enfrentarse a la literatura. David Pérez Merinero, hermano del autor, se encarga de alimentarlos, como si de plantas carnívoras se tratase, con periódicas ediciones de su obra inédita. Contribuye ahora al festín la editorial sevillana Vernacci con la reedición de una de las novelas más interesantes de Carlos Pérez Merinero: El ángel triste.

Los merineristas son discretos, apenas destacan en público, pero a ciertas horas de la tarde se ponen a leer alguno de los títulos de Carlos y pronto pierden la compostura. Pérez Merinero les ha enseñado a disfrutar con el policiaco más feroz y desinhibido que han dado las letras españolas y los ha acostumbrado a pasarlo bien con asesinos sin escrúpulos que pierden la cabeza con el sexo. Son historias sazonadas con una crítica social sin ambages, tan directa e hiriente que es probable que hoy en día no hubiese sido posible.

En esta misma línea se desenvuelve El ángel triste, que fue publicada por primera vez en 1983 y tuvo dos erradas versiones cinematográficas: Bajo en nicotina (1984), una comedia negra a la madrileña, y Bueno y tierno como un ángel (1989), cuyo eslogan promocional rezaba "era vago, asesino y sinvergüenza... y se enamoró como un cándido imbécil". Como explica Mariano Sánchez Soler en el prólogo de esta cuidada y hermosa edición, citando al crítico Francisco Marinero, "la novela fue la principal víctima de estos dos intentos cinematográficos fallidos, que, sin embargo, eran comentados con sorna por Pérez Merinero cada vez que se refería a los pagos recibidos por las dos adaptaciones incompetentes". Imaginamos que para el autor y también cineasta –dirigió, por ejemplo, la película Rincones del paraíso en 1997– debió de ser difícil de asimilar, pese a la sorna, estas poco atinadas adaptaciones de su novela.

El ángel triste está protagonizada por un treintañero, anodino en apariencia, que decide huir del mundo y pertrecharse en su sencillo apartamento para ver pasar los días, sin responsabilidad alguna, sin más contacto con el mundo que los tórridos contactos carnales que mantiene con la dueña de la droguería del barrio, ávida siempre de sexo y de ginebra. Es cinéfilo empedernido. Prefiere el western por las mañanas y el melodrama o el musical por las noches. ¿Cómo un ser con tan pocas agallas puede convertirse en atracador y asesino? La respuesta es tan sencilla como espeluznante: por culpa de una vecina que grita demasiado durante sus diarias discusiones con un marido al que humilla. La razón es tan peregrina, y a la vez tan compresible –quién no ha querido matar alguna vez a un vecino machaconamente ruidoso–, que resulta altamente inquietante.

Portada de la reedición del libro. Portada de la reedición del libro.

Portada de la reedición del libro. / D. S.

En la novela los acontecimientos se precipitan lentamente al principio y con vertiginosa velocidad según avanza la trama. Nos encontramos con el retrato certero de un psicópata redomado, pero, como ocurre con otros personajes de Pérez Merinero de estas mismas características, nos resulta relativamente sencillo ponernos de su parte, aunque sea momentáneamente. Estamos ante un personaje encerrado en sus propias obsesiones, escasamente empático, cruel y terriblemente solo. El amor por una joven enfermera le permite una breve redención: lo hace salir de casa, viajar con ella y plantease otra forma de vida posible, aunque el espejismo dura poco y el tremendo final se precipita sin remisión.

Tiene esta novela, además, el valor añadido de ser reflejo fiel de una época. El protagonista va al videoclub a comprar y alquilar película, sueña con comprarse un reproductor Sony, graba las peleas de sus vecinos en cintas de casete y vive con un marajá durante meses con los dos millones y medio de pesetas del botín que consigue en su primer atraco.

Como ocurre en otras obras de Pérez Merinero, El ángel triste es una novela negra sin policías, la autoridad está ausente, aunque su presencia se intuya. La historia está contada desde el punto de vista del delincuente, un tipo raro como hay tantos, pero capaz de saltar sin dificultad la delgada línea que nos separa del horror. El autor tira de ironía, también de humor. No le importa ponerse desagradable si hace falta. No trata de complacer a nadie. Se reafirma en su estilo propio, que resulta inconfundible, que puede gustar o no pero que es único.

Conviene advertir que deben abstenerse de la lectura de El ángel triste los biempensantes y sobre todo los que sienten devoción por la corrección política. Nos enfrentamos a una historia brutal como la vida misma. Una novela negra con mucha cafeína y sin ningún edulcorante. El disfrute está asegurado si se está dispuesto a leerla sin prejuicios.

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