Las escrituras del yo | Crítica Una polifonía contra el olvido

  • Coordinado por Francisca Montiel Rayo, un nuevo volumen de la Biblioteca del Exilio aborda las formas que adoptaron las 'escrituras del yo' entre los integrantes de la España peregrina

Concha Méndez (Madrid, 1898-Ciudad de México, 1986), autora de 'Memorias habladas, memorias armadas' (Madrid, 1990). Concha Méndez (Madrid, 1898-Ciudad de México, 1986), autora de 'Memorias habladas, memorias armadas' (Madrid, 1990).

Concha Méndez (Madrid, 1898-Ciudad de México, 1986), autora de 'Memorias habladas, memorias armadas' (Madrid, 1990).

Parte de la serie dedicada a reescribir la "Historia de la literatura del exilio republicano de 1939" en obras colectivas ordenadas por géneros, el volumen consagrado a los textos autobiográficos resulta de la confluencia entre la tarea de recuperación emprendida por el Grupo de Estudios del Exilio Literario dirigido por Manuel Aznar Soler, en un sentido también político que no resta rigor a sus aportaciones, y la escuela crítica que ha liderado entre otros Anna Caballé, difusora desde la Unidad de Estudios Biográficos del concepto escrituras del yo como casa común –pero bien compartimentada– en la que conviven diarios, autobiografías, memorias y epistolarios. A esta segunda línea, muy fecunda en los últimos años, puede reprochársele un excesivo celo taxonómico, pero no hay duda de que ha abierto nuevos horizontes que no se refieren sólo a la teoría y cuyos frutos son visibles en la reconsideración del canon desde otros puntos de vista o en el acercamiento a obras desatendidas y a veces invisibles, como ha sido el caso de buena parte de la producción literaria de los exiliados.

Los autores exploran el uso del "yo y el nosotros" en la diáspora republicana

Coordinado por Francisca Montiel Rayo, autora de las ediciones de dos novelas fundamentales de la memoria republicana, ambas debidas a Esteban Salazar Chapela: En aquella Valencia, obra ineludible a la hora de reconstruir el tiempo en el que la ciudad levantina fue efímera capital de la República en guerra, y la también autobiográfica Perico en Londres, donde el autor dejó un fiel retrato colectivo de la primera época de la comunidad desterrada en la capital inglesa, este nuevo volumen de la Biblioteca del Exilio traza las coordenadas de una topografía que tiene especial interés por su significación no sólo literaria, dado que explora –como señala la coordinadora en una introducción titulada con palabras del poeta Salinas, Vivir en los pronombres– el uso del "yo y el nosotros" entre los integrantes de la España peregrina. Hablamos de un vasto territorio al que se acogen títulos muy citados, verdaderos clásicos del género, junto a otros apenas conocidos o ni siquiera reeditados, y es la mirada panorámica que proponen los autores, su novedoso examen de conjunto en el que los aportes individuales se enmarcan en un contexto mayor, lo que hace del volumen una obra de avanzadilla.

José Moreno Villa (Málaga, 1887-Ciudad de México, 1955), autor de la autobiografía 'Vida en claro' (México, 1944). José Moreno Villa (Málaga, 1887-Ciudad de México, 1955), autor de la autobiografía 'Vida en claro' (México, 1944).

José Moreno Villa (Málaga, 1887-Ciudad de México, 1955), autor de la autobiografía 'Vida en claro' (México, 1944).

El novedoso examen de conjunto hace del volumen una obra de avanzadilla

De los diarios, "quintaesencia de la literatura íntima" en palabras de Romera Castillo, se ocupa Juana María González García, que en Testimonio, literatura e intimidad aborda los de Max Aub, Ramón Gaya, Juan Gil-Albert, Juan Larrea, Zenobia Camprubí, Victoria Kent, Rosa Chacel o María Zambrano, dos autoras estas últimas que dedicaron valiosos ensayos a la confesión como género literario. En Laberintos de almas, María Teresa González de Garay lo hace de las autobiografías, definidas por su cualidad introspectiva, entre las que destacan las de Moreno Villa, la propia Chacel, María de la O Lejárraga o Antoniorrobles. De las memorias, que conforme a la caracterización habitual están más orientadas –pero las fronteras son a menudo muy difusas– al relato de los acontecimientos colectivos, escribe Javier Sánchez Zapatero en Una polifonía contra el olvido, donde se recogen las de María Teresa León, Rafael Alberti, Constancia de la Mora o Concha Méndez, entre muchas otras. Y Montiel Rayo trata de los epistolarios en Crónica de una paradójica insatisfacción, esbozando una compleja red de relaciones que ilumina las etapas del exilio y su intrahistoria, los debates que ocupaban a los españoles del destierro y sus intercambios con otros emigrados o los cómplices del interior.

"Extramuros de la España territorial", según la acuñación de Manuel Andújar, muchos exiliados dejaron constancia de una trayectoria que abarca no sólo el destierro sino también la guerra y el tiempo anterior a la misma, así como el regreso de los que regresaron y a veces escribieron desde aquí sus evocaciones del tiempo ido. La polifonía resultante forma parte de un legado que en este recorrido, a veces innecesariamente puntilloso por su insistencia clasificatoria, da fe de la variedad y de la riqueza de los enfoques que adoptaron los protagonistas o después sus hijos, la llamada segunda generación que no vivió en carne propia la experiencia del desarraigo. Unos y otros merecen ser restituidos en la gran cultura española del siglo.

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