Canción | Crítica

El hilo cárdeno

  • Libros del Asteroide publica 'Canción', ultima novela del escritor guatemalteco Eduardo Halfon, en cuyo escueto memorialismo se dan cita la memoria familiar y una dispersa geografía del infortunio

El escritor guatemalteco Eduardo Halfon El escritor guatemalteco Eduardo Halfon

El escritor guatemalteco Eduardo Halfon

Holmes, en Estudio en escarlata, hace una definición del crimen que es también una estética y morfología. Basta seguir “el hilo rojo del asesinato”, basta pulsar esa secreta cordelería, para que se revele, de algún modo, la urdimbre del mundo. Esto es lo que parece perseguir el escritor guatemalteco Eduardo Halfon, sólo que aplicado a otro estrato del infortunio humano. Halfon, siguiendo el hilo cárdeno del dolor, ha trazado un breve atlas histórico donde concurren la infelicidad, el linaje, la dicha y el oprobio.

Canción es una novela escueta, elusiva, concisa, al modo de Pierre Michon y Éric Vuillard

Esta amalgama de Halfon, obrada sobre la memoria (una memoria que abarca varios continentes, una religión y la clase social, privilegiada y errante, que aquí se glosa), lo es a la manera tenue del acuarelista. O dicho de otro modo, al modo escueto, elusivo, de extremada concisión, que practicó Borges, pero que en el caso de Halfon cabe vincular, con mayor evidencia, a la novelística de Pierre Michon y Éric Vuillard. De forma paradójica, pues, lo que se extrae de esta literatura es un espejismo de profundidad, cuyo origen debe buscarse en cuanto el novelista hurta al lector. De ahí nacerán tanto una geografía como una historia, que cobran cuerpo en el abuelo del narrador, del que se narra su secuestro por la guerrilla guatemalteca en 1967, y a través del cual Halfon ofrecerá una escueta sociología de la Guatemala de entonces, fuertemente influida por la administración estadounidense. Más allá, sin embargo, de este episodio concreto de desdicha, Canción es una vaporosa indagatoria sobre la formación del individuo. Y en mayor modo, sobre los mecanismos en que se sustenta.

El paso de Ruskin a Proust es el que va de la pretensión de revivir un mundo a revivir a un hombre en su memoria. Es muy probable que ambos proyectos adolecieran de igual irrealidad. Y sin embargo, es todavía este espesor inasible de la cultura, de la fe, de la memoria, el voluble y turbulento espesor de los afectos, lo que de algún modo se desprende de esta novela. A ello se le añadirá el dolor, como cordelería común de nuestra especie.

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